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Título

Fecha: 2003/05/29

Duración 7 min. 41. Seg.


Hermanos

La enseñanza más obvia de las lecturas de hoy es que la tristeza es no ver a Jesús y la alegría es volver a verlo.

Podríamos definir así lo que es un discípulo. ¿Que es un discípulo de Jesús? Es aquel que esta triste cuando no lo ve y es aquel que se alegre cuando le vuelve a ver . Esta es una señal del amor. Cuando amamos, echamos de menos, extrañamos, la presencia de aquellos a quienes queremos. Nos duele que se aparten de nosotros, y nos sentimos tristes cuando se van. Pero cuando vuelven a aparecer, cuando podemos nuevamente encontrarlos, entonces renace la alegría.

De manera que, un discípulo de Jesús es alguien que tiene esa relación con Jesús. Y de aquí podemos sacar una primera pregunta para nosotros.

¿Nos da tristeza dejar de ver a Jesús? ¿Nos da alegría volver encontrarnos?. 

Una vez un señor se estaba confesando, creo que es las confesiones más bellas que he tenido ocasión de escuchar. Y decía este caballero: “Bueno no he cometido muchas faltas”, y en efecto hablaba de las faltas de su vida pasada. Cuando yo creí que el ya había dicho todos sus pecados, entonces dijo una cosa que me pareció tan profunda y que yo creo que venía del Espíritu Santo. Dijo “Y lo que más me duele es que durante todo ese tiempo, yo no extrañaba a Dios”.

Es la misma idea que estamos comentado aquí. “Yo no echaba de menos a Dios, no me hacía falta, lo que mas me duele es que me sentía tan bien, estaba tan amañado en mi vida de pecado, en las amistades que me conseguía, en las ganancias que lograba, en las alegrías que tenia, estaba tan amañado, que no me hacia falta Dios”.

Esto también se parece a lo que dicen los médicos con respecto a la salud. Se sabe que un enfermos ha entrado en un estado realmente crítico, cuando pierde el apetito. La falta de apetito es no echar de menos la comida. Ya no le hace falta la comida, ya no la echa de menos, ya no tiene hambre.

Nuestro mundo, queridos amigos, esta muy gravemente enfermo, en muchísimas personas. No le tengamos miedo a una persona que esta búsqueda. No tengamos temor, ni tengamos repulsión de una persona que tiene sed. Esa persona encontrará porque el que busca encuentra. Lo grave es la persona que esta en la condición en que estaba el señor de la confesión. Decía el: “Estaba tan tranquilo, estaba tan acostumbrado a mi vida de pecado, que ya no echaba de menos a Dios, que ya no lo extrañaba”. Un discípulo es el que extraña a Jesús cuando se le pierde.

Esto vale también para la misión. Vamos a dale ahora otra interpretación al texto. Vamos a mirarlo ahora, desde el punto de vista de un misionero. ¿ Quien es un misionero? Un misionero es un hombre, o bueno, una mujer, es un hombre o mujer que esta lleno del amor de Dios, y que por amor a Dios quiere transmitir las riquezas , las alegrías, el amor el mensaje que Dios le ha dado . Quiere compartir lo que ha encontrado.

Ya decían los antiguos filósofos: El amor es Difusivo de si mismo. Amor difusivus unt??? El amor se difunde, el amor tiende a expandirse. El amor es como un perfume que no se puede esconder tendría uno que taparlo. El amor se difunde.

Un misionero es alguien que esta poseído de amor y que por eso quiere difundir la buena noticia. ¿Que es lo que hace un misionero? Un misionero cuando se acerca a una persona, lo que hace es buscar al Jesús que esta perdido. En algún lugar del la vida se nos perdió Jesús. Y un misionero es alguien que con su palabra, con su testimonio, con sus obras de misericordia, con mucha paciencia, con oración de intercesión y con penitencias, intenta que aquel que le escucha pueda redescubrir a Jesús. Pueda darse cuanta de que le hace falta Jesús

Lo mas duro de una misión, eso lo saben los que son misioneros, que hay varios aquí, lo mas duro de una misión es eso, lograr que la persona se de cuenta de que si le hace falta Jesús . Cuando la persona ya se da cuenta de eso, ya , ya esta hecho todo. El día que la persona que nos escucha se da cuenta que le hace falta Jesús, ese día esta hecha la obra.

Porque ese día, ya la persona hace la pregunta, que si fuera licito, le diríamos la pregunta mágica, aunque uno no debe hablar de magia. Pero vamos a permitirnos darle ese nombre, la pregunta mágica es la que esta en Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, cuando predicó Pedro y le dijeron: ¿Que tenemos que hacer? ¿Que tenemos que hacer?

Un misionero es alguien que está poseído del amor de Dios y que quiere a toda costa que la persona que le escucha, pueda decir esa pregunta ¡Y ahora yo que tengo que hacer? Es decir, que la persona, se desacostumbre, se desinstale, salga de ese lugar donde está tan cómodo, de ese lugar de pecado dónde esta tan cómodo. Que salga de ahí, que se pregunte ¿Que tengo que hacer? En ese momento, se pone en marcha hacia Jesús, porque le hace falta Jesús.

Bueno, terminemos esta reflexión, solamente pidiéndole a Dios que siempre nos haga falta Jesús, siempre. Yo no me acuerdo cual de las santas amigas, ahora no se si era Santa Catalina o Santa Teresa, escribía en alguna parte que siempre le hacia falta Jesús, siempre, siempre. “Siempre me hace falta Siempre. Yo leo su palabra, pero ahí todavía no esta, no esta todo El, todavía no lo puedo abrazar todavía no me puede besar, todavía falta, todavía falta. Yo comulgo y digo ¡Si, si, es tan cerca, tan cerca como un leve velo, pero todavía no es!”.

Que linda es esa hambre insaciable, que siempre nos haga falta Jesús, que siempre estemos buscando a Jesús, que siempre estemos necesitando de Jesús. “Señor que nunca deje de necesitarse” O para decirlo con un frase tan linda de Santa Rosa de lima. Le decía Santa Rosa, a Cristo, porque ella estaba enamorada de Cristo, le decía:

“Me has herido de amor, pero no cures esta herida, solo tu presencia la sana. No me cures esta herida, prefiero seguir herida, prefiero que siempre me hagas falta, prefiero siempre extrañarte, porque extrañarte es el motor que me mueve una y otra vez hacia ti”. 

Que Dios nos regle esta amor inconmensurable , que siempre nos haga falta Jesucristo. Que siempre estemos en movimiento hacia El. Hasta finalmente encontrado primero en la Eucaristía y la Palabra, y luego en la Gloria del Cielo.

Amen.