I225003a
Fecha: 20090904
Título:
Original en audio: 20 min. 48 seg.
Jesús es un gran conocedor de la naturaleza humana, Jesús es la persona más realista del universo, El sabe que nuestro corazón tiene grandes anhelos pero también grandes limitaciones.
Jesús, por decirlo de una manera simple y muy bíblica, Jesús sabe de qué barro estamos hechos, y por eso al final del evangelio de hoy aparece ese comentario en labios de Jesús: “nadie que cate vino añejo quiere del nuevo” pues dirá “está bueno el añejo”
Y mis hermanos, yo creo que aquí se retrata un aspecto muy real y muy común del corazón humano, podemos llamarlo inercia, podemos llamarlo resistencia al cambio, preferimos quedarnos con lo que ya conocemos.
Existe por eso aquel refrán en nuestra lengua castellana “mejor malo conocido que bueno por conocer”.
El corazón humano se aferra a lo que ya ha probado, a lo que ya es seguro y desde esa seguridad, en la cual nos encerramos, pues entra la desconfianza en aquello que significa cambio, transformación.
Aquí hay que ser cuidadosos, porque resulta que hay cosas que efectivamente hay que conservarlas, hay tradiciones que son muy valiosas y que no podamos dejar perderlas, por ejemplo en la familia es importante que los papás transmitan a sus hijos unos ejemplos sino también unas ideas o unas convicciones que tienen que quedar muy firmes.
Los papás han de transmitir a los hijos la importancia de poner a Dios en el centro de la vida, la necesidad de tener una escala de valores adecuada a los mandamientos de Dios, de tal manera que cuando los hijos crezcan no pongan en primer lugar el dinero, el prestigio o el placer sino que sepan buscar la virtud aunque haya que esforzarse y sepan buscar el bien, así no tenga siempre el mejor sabor.
Ahí se ve que los papás tengan que transmitir unas convicciones, unas ideas, unos valores, incluso unas palabras, en la confesión a uno le sucede, con alguna frecuencia, que las personas se han apartado de Dios mucho tiempo y después vuelven y muchas veces lo que les hace volver es el recuerdo “mi papá si me decía” “verdad que mi mamá me decía…” se van de la enseñanza se van de la casa paterna, le dan la espalda al papá o a la mamá.
Pero en la parábola del hijo prodigo también estos otros hijos e hijas que vienen a confesarse, vienen atraídos por un recuerdo, en la parábola del hijo prodigo, el muchacho, después de haberlo despilfarrado todo, después de haberlo gastado todo, después de haberlo consumido todo, aun le quedaba algo, lo que le quedaba era el recuerdo de la casa del papá, la figura del papá, la vida que quedaba allá.
Entonces es importante que los papás, especialmente los papás, y también los educadores y los predicadores y los catequistas y los misioneros, es importante que nosotros transmitamos de una manera profunda y convincente aquellas verdades, aquellos valores que tienen que permanecer.