I214002a
Fecha: 20090827
Título:
Original en audio: 17 min. 34 seg.
Este evangelio de hoy nos invita a mirarnos, es decir, a que cada uno se mire a sí mismo, tanto en la situación de dueño de casa como en la situación de criado.
Cada uno de nosotros en cierto sentido es amo y señor, y en otro sentido es criado y administrador. Estas son dos miradas que podemos tener sobre nuestra propia vida. Uno se siente amo en el sentido de que tiene un margen de libertad, puede tomar algunas decisiones sobre sí mismo, sobre su tiempo, sobre sus amistades, sobre su salud, sobre su cuerpo, sobre algunos bienes materiales también.
En la medida en que podemos tomar decisiones y nuestra voluntad se cumple, en esa medida somos amos. Pero resulta que también somos criados, porque hay decisiones que no tomamos, empezando por la decisión de vivir: ninguno de nosotros empezó a vivir por una decisión propia. Tampoco decidimos la cultura o la familia, ni siquiera decidimos el lenguaje, ni tampoco decidimos el cociente intelectual o ciertas inclinaciones de temperamento.
Hay toda una serie de cosas que no hemos decidido: vivimos en un determinado país y eso tiene ya unas consecuencias; vivimos en un determinado tiempo y eso tiene unas consecuencias, todos esos factores que no dependen de nosotros, pero que influyen sobre nosotros son un recordatorio de que no tenemos el control completo de la situación, sobre todo no tenemos control del final de la historia. Nos dice Jesús: "No sabemos el día en que vendrá el Señor". Mateo 24,42
Y esa falta de control sobre nuestra propia existencia, pues nos está recordando que somos criados. Así que en cierta medida somos amos y en otra medida somos criados. Y como somos ambas cosas, entonces hay que aprender a ser un buen amo y hay que aprender a ser un buen criado.
¿Qué nos dice Cristo sobre ser un buen amo? Pues nos dice que estemos en vela, que estemos preparados, que sepamos que no somos dueños para siempre de las cosas de las cuales disponemos, que sepamos que nuestra cuota de energía, nuestra cuota de ideas, nuestra cuota de proyectos, nuestra cuota de días es limitada; saberlo, recordarlo, estar preparados para la llegada del Señor.
Puede resultar un poco inusual esa manera de robar, nos dice aquí: "Abrir un boquete en su casa". Resulta que muchas casas en el tiempo de Cristo estaban hechas de piedra sedimentosa, piedra que sirve para hacer construcciones de no muy alta estatura pero que es realmente blanda, se parece como a piedra caliza, y sabemos que esa clase de material si uno lo raspa con otro tipo de piedra, y a veces incluso casi solo con la mano, puede irle sacando material y se puede abrir un boquete, se puede abrir un hueco.
Y en esa imagen creo yo que también podemos aprender algo, porque la casa se supone que está hecha en piedra, y si uno ve de lejos una casa hecha en piedra, aunque sea de esta piedra sedimentosa, se ve sólida, pero es una piedra que no tiene la solidez que parece. Es decir, cuando uno está dentro de una de esas casas, uno se siente rodeado de una muralla, pero es una muralla que en el fondo es falsa, una muralla que no es tan fuerte, que no es tan sólida como parece.
Así que también en la medida en que somos amos, podemos y debemos preguntarnos qué tan sólidas son las cosas que nos defienden, en dónde creemos que están nuestras fortalezas, en dónde creemos que están nuestra defensas. Por eso está ese famoso chiste del Llanero solitario y de su compañero el indio Toro.
En muchos monasterios de clausura no conocen al Llanero Solitario. Bueno, este es un personaje que andaba por la pradera evitando los robos de criminales, y en un cierto momento de su vida se asoció con un indio, porque pertenecía a una tribu india quiero decir, de nombre Toro, pero resultó ser todo un indio efectivamente.
Porque en un momento dado se vieron encerrados por indígenas hostiles y entonces le pregunta el Llanero Solitario a Toro: "-¿Y ahora qué hacemos, amigo Toro?" Y responde Toro: "-¿Cuál amigo, cara pálida?2 Ahí se le acabó la certeza que él tenía; él sentía que ese amigo era una muralla, él sentía: "La situación es crítica, pero por lo menos tengo a mi amigo". Pues el tal amigo no resultó firme.
Lo mismo pasa con estas murallas, estas murallas de las que habla Cristo, estas paredes; son paredes que parecen firmes, parecen piedra, pero es una piedra caliza, sedimentosa, que si uno se pone en la tarea, en el transcurso de unas horas, pues abre un boquete.
Así que como amos tenemos que preguntarnos cuáles son nuestras fortalezas, cuáles son nuestras verdaderas murallas. Jesús nos dice en otro pasaje: "Acumulad tesoros en el cielo" Mateo 6,20
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