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Lo primero que uno tiene que saber con respecto a la Cuaresma, además de entender que son cuarenta días, es que se trata de un camino, es un recorrido, si quieres llámalo una peregrinación.
Tiene un punto de partida, que se llama el Miércoles de Ceniza, que celebrábamos ayer, y tiene un punto de llegada, y ese punto de llegada es el Triduo Pascual. La palabra triduo quiere decir tres días, y esos tres días van desde la Cena del Señor que recordamos y celebramos el Jueves Santo, hasta el triunfo de la Resurrección que celebramos en la Vigilia Pascual.
Así que la Cauresma hay que vivirla como quien asciende una montaña, sabiendo que la luz nos aguarda allá en la cima, y esa luz es la luz de la Pascua. Por eso nosotros hacemos este recorrido.
Después hay que tener en cuenta que se trata de un esfuerzo; es decir, ahora que están tan de moda los gimnasios, este es el gimnasio del alma, la Cuaresma tiene unos ejercicios. Por ejemplo, tomamos con más frecuencia, con más atención la Palabra de Dios.
Es un ejercicio que hay que hacer: leer la Palabra, preguntarnos, cuestionarnos, dejarnos enseñar por la Palabra, es un ejercicio. Hay otro ejercicio que hacemos con alguna frecuencia, especialmente los días viernes en la Cuaresma, hacemos el ejercicio de ayunar.
Nos privamos de algunos alimentos por varias razones, por ejemplo, para hacernos solidarios de tantos que sufren y poder también compartir algo de nuestros bienes con ellos. Hacemos ayuno para experimentar, para reconocer nuestra propia debilidad y en ella nuestra necesidad de Dios.