Sagt001a
Fecha: 19980828
Título: San Agustin de Hipona
Original en audio: 8 min. 38 seg.
Agustín de Hipona es llamado por la Iglesia Doctor o Maestro de la gracia, antes que por su palabra elocuentísima, porque él mismo es una obra de la gracia. Su corazón vivió hondamente aquella experiencia que describe el profeta: "Con correas de amor le atraía" (véase Oseas 2,4).
La fortaleza de Dios brilló en este caso haciendo lucir su misericordia y fue esta misericordia divina la que quebrantó una y mil veces el corazón de Agustín, y por esas grietas entró el agua de la gracia, entró la luz del Espíritu, y por esas mismas grietas salió el orgullo de Agustín, y con el orgullo, la confusión, la impureza, la envidia y cualquier otro mal.
Tiene Dios que romper el corazón, por lo visto; parece que es necesario que se quebrante el corazón para que se cumpla la palabra del salmista: Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias" (véase Salmo 50,19); o para que se cumpla aquella oración de Azarías en el horno: "No tenemos holocausto, ni profetas, ni jefes. Por eso, acepta nuestro corazón contrito como sacrificio en este día" (véase Daniel 3,38).
¿Por qué quiere Dios corazones rotos? Porque tiene urgencia de entrar en ellos; ¿por qué quiere Dios corazones rotos? Porque lo mismo que un médico sapientísimo sabe que hay ciertos géneros de infección, que si no salen ahí, se quedarán haciendo daño al enfermo, es necesario que se rompa el corazón para que salga la pus.
Y es necesario que se rompa el corazón para que entre ese alcohol que habrá de limpiar la herida, que luego sera bálsamo con que se sane; que luego será sangre con que se alimente; que luego será vida con que se restablezca; que luego será gracia con que se levante, y luego será gloria con que reciba premio.
Así Dios, para encontrar puertas a nuestra vida, necesita hacerlas; y así como para hacer una puerta en esta pared hay que romperla, así también para ciertos corazones, como el mío; sólo cuando la piedra del corazón se rompe, tenemos, en esa grieta, una puerta y en esa puerta, como enamorados, sabe Dios visitar el alma humana.
Agustín de Hipona recibió esta visita de la gracia divina y se convirtió también en testigo de la gracia divina. ¿Qué hace la gracia en una persona? No es qué hace la gracia en una persona, es que la gracia hace a la persona; sin la acción de esa gracia, pesan sobre nosotros las palabras de Cristo; aquellas en las que dice: "Sin mí nada podréis hacer" (véase San Juan 15,5).
Efectivamente, cuando falta la gracia de Dios, la vida de una persona no es más que una muerte prolongada que empeora; cuando falta la gracia de Dios, no es que falten los bienes, sino que esos bienes quedan al servicio de los males; cuando falta la gracia de Dios, no es que no haya cualidades, las hay, pero esas quedan como esclavas y súbditas de vicios y malas inclinaciones; cuando falta la gracia de Dios, no es que no se puedan hacer obras buenas, se pueden hacer, pero las obras buenas que se hacen sin esta gracia tiene como ostentación.