I156002a
Fecha: 20030719
Titulo: Nuestro camino hacia la pascua que no acaba.
Tiempo de audio: 12 min. 27 seg.
Queridos Hermanos:
La primera lectura de hoy, nos envía a uno de los momentos centrales, de todo el antiguo testamento. Es la primera pascua, es el paso fuerte de Dios, liberando a su pueblo. Sacando a los hebreos del poder de los egipcios.
Esa noche, es la noche más importante del antiguo testamento. Y para encontrar otra noche que le supere tenemos que llegar a la muerte de Jesucristo, y tenemos que llegar a la noche santísima de la resurrección del Señor.
Porque hermanos, si para los israelitas, esta noche que hemos oído en la primera lectura, es la gran noche. Para nosotros los cristianos ese titulo a quedado reservado, a la noche de la resurrección.
Es la noche que cantamos en el pregón de la pascua, allá en el tiempo de la semana santa. Y resulta muy útil comparar esas dos noches, para valorar lo que estaba sucediendo a los israelitas pero sobre todo para agradecer lo que nos ha sucedido a nosotros por virtud de la pascua de Jesús.
Miremos que en esa noche de los israelitas, se dio precisamente el Éxodo, la palabra éxodo quiere decir la salida. ósea que es muy importante esa lectura que hemos oído, porque es la que le da nombre a todo el libro del éxodo en la Biblia.
El libro se llama así por esa escena que hemos presentado. Una escena en la que los israelitas salen en que parten. ¿De donde salieron? Del poder del faraón, ¿De donde sale Jesucristo? Del poder de la muerte.
Los israelitas salen para celebrar alianza con Dios. Porque ese es el tema que una y otra vez repite Moisés al Faraón deja salir a mi pueblo para que me rinda culto. Porque en Egipto no se podía rendir verdadero culto a Dios. Egipto era la tierra de la idolatría, la tierra de la confusión. Hay que salir de Egipto para darle culto a Dios.
Así también según explica la carta de los hebreos, nuestro señor Jesucristo ofrece su sangre y ofrece su cuerpo y ofrece su oración por nosotros, no escondido en el sepulcro sino metido, entrado en el santuario del cielo. Es allá en el tiempo celestial donde Jesús ofrece su oración y es donde da el culto verdadero.
De manera que si los hebreos salieron de Egipto para darle culto a Dios. Jesucristo sale del sepulcro para ofrecer en el cielo el verdadero sacrificio del que nosotros también nos alimentamos, por virtud de la eucaristía que estamos celebrando.
De manera que hay un paralelo completo perfecto. Los israelitas salieron aprisa de Egipto y así obtuvieron la libertad, Jesucristo sale del sepulcro sin que nadie pueda advertirlo y así obtiene la libertad. No solo para si mismo, porque San Pablo dice que la muerte ya no tiene poder sobre él. Sino también para nosotros porque el mismo Pablo dice en la carta a los colosenses “que Jesús ha llevado en cortejo triunfal a todas las huestes, a todas las potestades del cielo, de la tierra, y de más debajo de la tierra.
Es bonito encontrar el sentido a esta pascua, y es bonito también pensar nuestra vida como una pascua.
Terminemos nuestras comparaciones mira en Egipto los israelitas vivían como esclavos pero era una esclavitud que les resolvía muchos problemas. Por eso cuando luego estaban en el desierto, mas bien sintieron nostalgia y ganas de regresarse a Egipto. Prueba de que en Egipto tenían también cosas favorables, o cosas amables para ellos.
Eso es interesante Egipto tenia su encanto, Egipto tenia su atractivo, aunque era esclavitud tenia encanto, y aunque era idolatría tenia atractivo. Esa es una enseñanza para nosotros, Cristo! Cristo resucitado el Cristo de la pascua que comulgamos en cada eucaristía, es el Cristo que nos esta invitando hacer también nosotros nuestro distintivo éxodo.
El camino por el que cristo sale a la Gloria del Padre, es el camino de la cruz la muerte y el sepulcro. Y es el mismo camino que el nos propone cuando nos dice, como nos ha dicho tantas veces en el evangelio, el que quiera servirme que tome su cruz y que me siga. Donde se demuestra que el camino para Jesús es el mismo camino que para nosotros.
Pero así como los israelitas encontraban cierto encanto, así como encontraban cierto gusto en Egipto, así también nosotros aunque sentimos la voz de Jesús que nos atrae, también nos podemos sentir y seguramente no hemos sentido seducidos, atraídos, atrapados, por muchas cosas de esta tierra, por muchos afectos, por muchas comodidades, por muchos placeres, por muchas preocupaciones.
Dice San agustín que clase de discípulos somos nosotros que pedimos al Señor que vuelva; Fíjate que eso decimos en todas las misas, casi siempre después de la consagración la palabra que se repite es “Ven Señor Jesús”
Es decir estamos reconociendo la muerte de Cristo, estamos proclamando su resurrección, y decimos ven Seor Jesús y dice San Agustín que clase de discípulos solos que le pedimos a Jesús que venga, pero tampoco tenemos prisa de que venga; es algo así como ven pero no tan rápido, pero no tan rápido, tengo que resolver otras cosas.
Los Santos , los grandes santos han sentido, en su corazón el atractivo de la pascua definitiva, el espíritu de Dios se a apoderado del corazón de estos Santos, y ha hecho que ellos se sientan tan enamorados de esa pascua, tan enamorados de ese culto que se celebra en el cielo, tan enamorados de ese resultado definitivo. Que frente a esa grandeza, incluso las cosas mas atractivas, mas deleitables o aparentemente mas necesarias de esta tierra las dejan de mano.
Hay tenemos a una Santa teresa de Jesús, fascinada pro la pascua de Cristo, que escribe su poesía y le dice a Dios; “Yo me muero porque no muero” estaba atraída, estaba fascinada, por el cielo. Y Santa Catalina de Ciena también le decía a Dios como quejándose, diciendo le bueno ¿pero que falta? ¿por que no me puedes llevar ahora?¿que es la demora?¿que pasa? ¿es un problema de mi? Soy yo la que esta retrasando esto? Es decir gente con afán.
Bueno uno podría decir que esto le sucede a gante que no tiene hijos, Pero santa Mónica cuando ya vio que sus hijos ya estaban orientados hacia Dios , entonces según cuenta el mismo Agustín, e las confesiones le dice, San Agustín yo ya no se que hago en esta tierra . Yo lo que quería era que tu te convirtieras. Y Dios me lo ha conseguido con creses, porque no solo te has convertido a Cristo sino que te veo, convertido en uno de sus ministros, en uno de sus siervos, ¿entonces que mas hago yo aquí? Y esa era una mujer que hacia esa reflexión. No por irresponsabilidad, no por comodidad, sino por ansia del cielo, ansia de la pascua eterna.
Los israelitas tuvieron que comer un pan sin cuerpo. Un pan ácimo. La iglesia católica en occidente, celebra por eso la eucaristía con hostias que no tienen levadura por eso comemos ese tipo de pan recordando lo que apareció en la primera lectura. Y ese pan, ese pan ácimo, pues una señal nos dice el apóstol San Pablo en algún lugar “Es una señal de la pureza y es una señal del desprendimiento, comiendo los asimos de la pascua apresuramos nuestra salida y no orientamos totalmente hacia donde nos esta llamando Jesucristo.
Bueno hay que decir una palabrita final sobre ese llamado. Hay gente que opone las dos cosas. Es decir opone la prisa por el cielo, y las obras de amor o misericordia, o de servicio a los hombres en esta tierra, es decir la caridad parece que se orienta a trabajar aquí en la tierra mientras que este afán místico contemplativo, como que nos lleva al cielo y parece ver una oposición entre las dos cosas.
La constitución pastoral del concilio vaticano segundo sale al paso de esa objeción y dice cosas muy hermosas sobre este tema, como en un cristiano el ansia de cielo, no es una huida de las responsabilidades de esta tierra, sino mas bien es trabajar por las cosas de esta tierra sin hacer de ellas dioses. Utilizándolas sin dejarnos utilizar por ellas, poseyéndolas, sin dejarnos poseer por ellas.
Evidentemente todos tenemos que hacer uso de las cosas de esta tierra, aunque solo fuera el vestido y el alimento. Pero lo importante es que aunque tengamos que hacer uso de esas cosas y aunque procuremos que lleguen de la mejor manera a todos los seres humanos. Nosotros lo hacemos no solamente por hacerles bien a los demás sino sobre todo para apresurar la presencia de Jesucristo en esas vidas. Esta es la verdadera obra de caridad.
Verdadera caridad no es simplemente repartir pan o repartir medicinas o repartir vestidos, nosotros repartimos pan, medicinas o vestidos, para facilitar el camino, para quitarle estorbos a la presencia del amor de Dios en una vida.
Es evidente que una persona carente de pan, va estar pensando mas en el pan y su hambre que en Cristo. Entonces nosotros tratamos de alguna manera de aliviar la necesidad corporal para que el corazón quede libre, y pueda percibir su hambre mas profunda que es simple hambre de Jesucristo.
De esa manera la iglesia tiene que ser al mismo tiempo servidora de la humanidad, y profeta para la humanidad.
La Iglesia es servidora de la humanidad dándole pan, pero es profeta para la humanidad, predicándole que más allá de este pan hay un hambre que hay que saber sentir. Y esa hambre nos invita a reconocer en Cristo el pan del cielo y a seguir con él. nuestro camino hacia la pascua que no acaba.