Bo15003a
Fecha: 20000716
Título: La palabra fundamental es la gracia
Original en audio: 10 min. 58 seg.
Queridos Hermanos:
En las lecturas del domingo, casi siempre hay una relación cercana entre la primera lectura y el evangelio. La segunda lectura, que suele ser tomada de una carta, por ejemplo, de San Pablo, lleva usualmente un tema complementario, un segundo tema.
De este modo, la Iglesia nos ofrece cada domingo una especie de banquete, para que aquí pueda alimentarse todo el que quiera. Esto, realmente, es suculento, jugoso, sabroso y nutritivo. ¡Dios nos ofrece su Palabra para que nos alimentemos!
La Iglesia, como si fuera la anfitriona, prepara estas viandas. Y nosotros llegamos a ella, tomamos esta Palabra, y así cobramos fuerza para seguir nuestro camino. Porque, ser cristiano, a veces no es fácil, y otras veces parece imposible.
Generalmente, uno toma, -uno, digo, el predicador, el sacerdote-, uno toma como tema el del evangelio. Por poner el caso, hoy nos ha hablado de la misión, que es un tema que también está presente en alguna medida en la primera lectura. Porque, también ahí hay un hombre que ha sido enviado, un Profeta, llamado Amós, que le hacían la vida imposible.
Había un sacerdote que le hacía la vida imposible. Ese sacerdote se llamaba Amasías. Él quiso desterrarlo y le dijo: "Mire, váyase para su tierra, devuélvase por donde vino, y coma ahí lo que pueda. ¡Déjenos en paz!" (véase Amós 7,12-13). Pero, Amós, como enviado de Dios, permanece firme.
Ese tema sería muy hermoso. Sin embargo, como casi siempre en la predicación sale perdiendo la segunda lectura, regálenme unos minutos para hacer una reflexión sobre ella, porque tal vez es de lo más sustancioso que usted vaya a escuchar en los próximos meses.
La segunda lectura fue tomada de la Carta de San Pablo a los Efesios. Esta es una de las cartas llamadas de la cautividad, porque Pablo las escribió estando preso. Llevaba ya tiempo como misionero, como apóstol, regando por todas partes la Palabra de Dios.
Mas, quisieron aquietarlo, lo mismo que a Amós y lo mismo que a todo el que se ponga de parte de Cristo. Quisieron aquietarlo y lo encarcelaron. Seguramente, de esa cautividad proviene esta carta que escribe Pablo.
Pablo había percibido el poder de Dios en su propia vida, pues él se había convertido a Jesucristo y había experimentado también que la Palabra tenía fuerza, tenía eficacia, debido a que ya Pablo había hecho todo un recorrido misionero.
De manera que estas cartas de Pablo, las cartas de la cautividad, las cartas a los efesios y a los colosenses, son dos cartas muy maduras, son las cartas de un hombre que en la madurez de su servicio a Cristo, hace como una reflexión sobre qué es lo que en realidad cree, y lo pone en palabras.
Por tanto, estas dos cartas son verdaderos tesoros. ¡Toda la Biblia es tesoro! Pero, es una maravilla que el mismo Apóstol Pablo se haya puesto en la tarea de darnos como una síntesis de su pensamiento en la madurez dorada de los años y de la experiencia misionera.
Aquí sucede como cuando uno de estos personajes, normalmente, políticos, artistas, científicos, o qué sé yo, se ponen a escribir sus memorias. Estas cartas son como la memoria teológica de San Pablo.