Pablo 20 siglos después - 08
Muy bien hermanos, empezamos recordando la frase que ya mencionamos una vez del filósofo español Javier Zubiri "Los griegos somos nosotros".
Estamos acostumbrados, es nuestro medio natural, constituye el ámbito de lo obvio para nosotros buscar la lógica, la estructura y el ideal cartesiano de las ideas claras y distintas es el nuestro.
Lo que nos gusta de un discurso, lo que suele gustarnos de un discurso es precisamente que haya claridad, es casi el requisito primero, fundamental.
Por eso necesitamos un poco un salto intelectual para asomarnos a otros mundos, como pudo haber sido el mundo de Jesús o incluso el mundo del mismo Pablo.
No se nos olvide que Pablo estaba en esa doble pertenencia, él era judío y habla de los de su raza, pero también estaba insertado y pertenencía plenamente al mundo greco-romano.
Por recordar algunas frases paradójicas de san Pablo, él dice "Cristo se hizo maldición por nosotros"(veáse). Es un lenguaje excesivamente duro y creo que ninguno de nosotros espontáneamente utilizaría en la predicación, ni yo estoy sugiriendo que se utilice.
Esa clase de lenguaje es un modo de argumentación judío. Es tomar aquella prescripción de la ley "Maldito todo aquel que cuelga de un palo o de un árbol" (veáse), y a partir de ahí elaborar una predicación.
Pero es algo rudo, es algo tosco, lo mismo cuando él dice también utilizando la palabra anatema o maldición, dice "Yo quisiera ser un maldito con tal de que se salvaran los de mi raza" (veáse).
Es un lenguaje excesivo, es una cosa llevada al extremo y nosotros no hablaríamos así, pero esas expresiones no son del todo ajenas al lenguaje semítico.
Los que conocen de hebreo y de griego, pueden explicarlo mejor, pero por ejemplo, las palabras para amor y para odio. En el Evangelio cuando Jesús dice "El que no odia a su padre y a su madre" (veáse), eso es lo que Él dice, el verbo que utiliza es odiar.
"El que no odia a su padre y a su madre no puede ser digno de mí" (veáse). Nosotros jamás hablaríamos en esos términos, para nosotros las palabras tienen ya un significado, odiar, significa lo que dice el diccionario que significa.
Entonces cada vez que yo utilice la palabra "odio", estoy utilizando lo que dice el diccionario, así funciona nuestro cerebro. Pues así no funciona el cerebro de ellos, muchas veces la palabra odio en el Evangelio lo que significa es no amar o no preferir.
Un ejemplo que me gusta poner con respecto a esa palabra. La palabra hebrea o aramea para amar u odiar es el caso, supongamos, una familia en la cual hay tres hijas que están en edad de merecer.
Y resulta que un amigo de la familia, un joven que parece un gran, un muy buen partido, empieza a volverse amigo de esta familia que tiene estas tres jovencitas.
Y resulta que a él la que le gustó fue la de la mitad, la segunda, no la primera ni la última. Nosotros planteamos eso en términos de la que le gustó, la que él prefirió.
Pero en el lenguaje semita, en arameo o en hebreo, no sería extraño oír una expresión como esta "Amó a la segunda y odió a las otras dos". No es que tenga odio ni hacia la primera ni hacia la tercera, sino que así se expresan.
Es decir, es un lenguaje que depende muchísimo más del contexto. Para nosotros las palabras existen como en la alacena, como en la nevera, y de ahí las sacamos con un significado estable y permanente y así las decimos a los demás.
Pero resulta que estas personas, esta gente, funciona mucho más con el contexto. Eso se ve bien en el hebreo, por ejemplo, con esa estructura temporal tan compleja que tiene. Para nosotros existe la línea del tiempo: pasado, presente y futuro, es una línea, "¿Lo que me estás diciendo fue que pasó o es que va a pasar?".
En cambio en el hebreo la cosa funciona de otro modo, entonces, hay un modo perfectivo y hay un modo imperfectivo. Entonces de acuerdo con el aspecto, llaman ellos, de acuerdo con el aspecto perfecto o imperfecto que tenga y de acuerdo con el contexto, entonces, tú sabes si se está hablando del pasado o del futuro.
Por eso curiosamente en las traducciones de los Salmos si uno ha tenido ocasión de verlas en distintos idiomas, ve que algunos Salmos que uno está acostumbrado a que se traduzca tal verso en pasado, después va a otro idioma y se lo encuentra, por ejemplo, en futuro.
A mí a cada rato me sucede porque después de muchos años de rezar en español, voy a Irlanda y encuentro todas las traducciones en inglés. Y resulta que hay Salmos que algunos versículos específicos, están dichos, allá se presentan en futuro y nosotros los teníamos en pasado.
O lo mismo si uno compara la Vulgata o la Neovulgata con la traducción española. Todo esto es para decir que no todo es griego, no todo es claridad y no todo es concepto.
Si nosotros funcionamos, si nuestro cerebro se ha acostumbrado a funcionar con las palabras alacena -esas son las palabras nuestras, palabras alacena- o palabras depósito, según la cual idea, uno saca las palabras y siempre significan lo mismo.
Esta gente no obra así, entonces, el lenguaje mismo de ellos es muy diverso. Y quiero destacar esto, el objetivo de esta enseñanza es un poco ayudarnos a despertar la mente a la novedad del Evangelio.
Decíamos en nuestra sesión anterior que fáscilmente estamos tentados de creer "Eso yo ya lo conozco", pero observa que ahí estamos cayendo en una trampa mental que es muy propia del estilo griego.
Si yo, por ejemplo, he hecho un curso en mecánica de fluidos y lo he aprobado y lo he entendido, pues, en buena lógica no tiene ningún sentido que yo vuelva a tomar el mismo curso, no tiene lógica porque ya lo conozco. "Hombre que ya sé las ecuaciones, ya sé los ejercicios, ya eso lo aprendí, ya no tengo que volver a estudiarlo".
Según la mente griega, lo que estamos haciendo aquí es una comparación entre la mente griega y la mente semita.
Según la mente griega, el universo es un cuadriculado y yo voy avanzando en ese cuadriculado, cada cuadrado corresponde a un concepto, un concepto para cada realidad, una realidad para cada concepto y yo voy avanzando en la realidad y voy encontrando estructuras y voy avanzando, voy tomando posesión del mundo a través de ese mecanismo.
Pero resulta que los sabios judíos, los sabios, los del Talmud, pero antes de eso, los sabios que meditaron en la Escritura y la Mishna y todas esas cosas, y los Midrash o midrashim. Ellos vuelven sobre el mismo texto, por ejemplo, el relato de Adán y Eva, cuántos Midrash o cuántos midrashim hay sobre el relato de Adán y Eva.
Y vuelven al relato de Adán y Eva, y otra vez el relato de Adán y Eva, para nosotros es una historia que "ya me la sé, ya me la aprendí, ya sé en qué termina". Es decir, nosotros obramos, bueno, quizás estoy siendo injusto al decir nosotros.
Pero la tendencia griega-racionalista-conceptual lo que hace es cuadricular el mundo y "Bueno, ya entendí la parte de Adán y Eva, ya entendí la parte de Cristo, ya entendí san Pablo, ya entendí el Cristianismo, ya se acabó la novedad del Cristianismo, ahora venga a ver qué es lo próximo".
Esa es la trampa en la que hemos caído o esa es la trampa a la que conduce la mentalidad griega. En cambio, al judío no le sucede eso, porque el judío no está acostumbrado a avanzar en una cuadrícula sobre el cósmos, sino avanzar como quien saca, como quien extrae de una mina o como quien saca agua de un pozo, es más o menos como esa imagen.
Entonces se vuelve al mismo relato y se le encuentra otra cosa y el relato crece con la persona y la persona crece con el relato. Es decir, se establece una relación orgánica entre la Palabra y el oyente. Entre el predicador, el oyente y la Palabra, y ese triangulo va creciendo.
De manera que el ideal de sabiduría para los semitas no es el que tiene una cuadrícula más amplia, el que puede hablar de muchos más temas.
Para nuestra mentalidad occidental un sabio es lo que eran los grandes sabios del Renacimiento. Ese es un sabio para nosotros, un Leonardo da Vinci, que sabía pintura, que sabía escultura, pero también sabía anatomía, y también sabía ingeniería, lo que era la ingeniería en esa época, y también sabía lo que era la química en esa época, ese es el ideal para nosotros.
Es decir, el ideal occidental heredado de los griegos es una cuadrícula muy muy extensa según la cual el mundo entero cabe ahí.
Ese ideal en la Edad Media se expresa por medio de la palabra "suma", una suma es eso, es una gigantesca cuadrícula que se supone que debe cubrir muchas cosas, debe recorrerlo todo.
El sabio por excelencia, el punto de referencia por excelencia es Aristóteles, que cubrió todo lo que se podía cubrir en aquella época.
Entonces habla de animales, habla de plantas, habla de fenómenos atmosféricos, habla de minerales, pero también habla de metafísica y de lógica y de razonamiento, ese es el ideal que ha quedado para nosotros.
Esta gente semita obra de otro modo, el ideal es la persona que ha crecido con la Palabra, es decir, la persona que puede escuchar más ecos en una palabra. No la persona que la conoce, conocerla como saber el significado del diccionario, sino la persona que puede escuchar más ecos.
El hebreo sabio, el verdadero rabino es el que oye "Adán, Adán, Adán", el hombre "Adán" y también el del Génesis, y ahí escucha ecos de millones de cosas. De lo que es la vida en la familia, de lo que es el rey para su pueblo, de lo que es Dios con el alma, de lo que es el señorío sobre la creación.
Cuantos más ecos, cuantas más conexiones, cuanto más orgánico y completo es el saber que se tiene sobre cada palabra, mayor es la sabiduria de esa persona.
Eso se ve muy bien en el caso de Salomón, Salomón es llamado en la Biblia "El más sabio", no hay otro que tenga la sabiduría de Salomón.
Pero uno nunca encuentra que Salomón tenía una teoría sobre los fenómenos atmosféricos o que Salomón tenía una teoría sobre las distintas clases de plantas.
El verdadero saber y profundo saber de Salomón es el conectar la verdad de la vida con la verdad de la Alianza. Es decir, el conectar al Dios que nos da vida, el Dios que nos ha hecho Alianza, con lo que vivimos aquí y ahora.
Si uno pudiera hacer ese salto cultural, y se puede, yo creo que se puede. Si uno pudiera hacer ese salto, inmediatamente el Evangelio recupera color, inmediatamente recupera color, recupera vida.
Porque nosotros occidentales nos hemos metido en una trampa, que es la trampa, yo la llamo la trampa de la cuadrícula. Y la trampa de la cuadrícula es que el día que yo termine de aprender todo, entonces ya tengo el cósmos metido en mi cabeza.
Esa es una trampa porque uno nunca repite el curso, entonces si ya aprendí qué es el Cristianismo, ya de ahí en adelante puedo pasar del Cristianismo. Como dicen en España "Ya eso no me dice nada, ya eso no me importa, ya ese experimento lo hicimos".
Entonces, lo que sigue ¿qué es?, pues, un poco lo que hacen en Dinamarca y en algunos países escandinavos y en la misma Irlanda. "Pues miremos al Cristianismo como un largo paréntesis, y qué era lo que había antes, volvamos a los cultos druidas, volvamos a los cultos celtas a ver si eso sí tiene sentido para nosotros".
Pero esa es una trampa y esa trampa surge de utilizar una cuadrícula. Y la solución para eso está en aquellos que durante siglos y siglos aprendieron a meditar sobre las mismas palabras.
Bueno, no todo en Occidente es tan trágico, porsupuesto, hay una tradición también dentro de Occidente que es, por ejemplo, expresada en la Lectio Divina.
La Lectio Divina es un tipo de conocimiento que no quiere cubrir, no es una red que se arroja sobre el mundo para yo poseer al mundo, al estilo de Aristóteles o de Leonardo Da Vinci. No es una red, no es una cuadrícula sobre el mundo, sino es el rumiar la Palabra, el permancer en ella.
Esto no es muy griego, recordemos que el movimiento monástico realmente florece es en Egipto básicamente. Es en los desiertos de Egipto, sobre todo en torno a la ciudad de Tebas, por eso aquello de la Tebaida.
En torno a la ciudad de Tebas donde empieza a florecer ese fenómeno de los monjes y el noviciado y la formación básica de los monjes, es alimentar ante todo la memoria, es llenar la memoria con los textos de la Escritura.
Y se habla con elogio, por ejemplo, en las Colaciones de Casiano, se habla con elogio de quellos que tenían el Salterio en su cabeza. Se lo sabían, se lo sabían ya de memoria y rezaban muchísimos Salmos todos los días hasta que quedaban en su cabeza.
Pero no se trataba únicamente de tenerlo como el disco duro, como quien llena un disco duro, sino se trataba de meditarlo, de encontrar las resonancias, de encontrar los ecos, ese es un punto que yo creo que nosotros necesitamos.
Recientemente nuestro Papa Benedicto ha vuelto a porponer con motivo de este Sínodo de la Palabra, ha vuelto a proponer como modelo para toda la Iglesia la Lectio Divina.
Hasta cierto punto, esto de la Lectio Divina es como un contrapeso al estilo griego. Si uno mira los griegos no tenían nada equivalente, y en particular, Aristóteles, no tiene nada que se prezca a eso.
Aristóteles es un genio, es un gigante, es un coloso de la historia de la humanidad, pero tiene su límite. Y el límite es que el método de conocimiento que propone Aristóteles es el método de la cuadrícula, que conduce fáscilmente a una trampa y la trampa es "ya eso ya lo sé, eso también lo sé, lo demás también lo sé, entonces ya no tengo más que aprender".
Aparte de esa sugerencia general sobre la Lectio Divina, otra aproximación para recuperar la novedad del Evangelio es detectar esto que aparece como título en los apuntes que teneis: ambigüedades, dialéctica, fecundidad.
El pensamiento semita, lo mismo que el pensamiento oriental, tiene un gran gusto por la paradoja. Y Jesús lo utilizaba mucho, es Jesús y no Aristóteles el que dice "Hay muchos primeros que serán últimos y muchos últimos que serán primeros" (veáse).
Esa clase de frases paradójicas cumplen una doble función. En primer lugar, la mente humana está hecha, -algún día los científicos sabrán por qué eso es así, pero yo no sé ninguna explicación de eso-. La mente humana está hecha para darle especial atención a eso que parece contradictorio.
Como decía el otro "bueno, si yo abro la mano ¿a dónde se fue el puño?", esa clase de frases así un poco tontas. La mente humana tiene una particular adicción o gusto por aquello que parece contradictorio, por lo que parece extraño, extravagente.
Quizás para los que creen en la evolución rigurosa desde otras especies, pues, precisamente porque la novedad es fuente de conocimiento.
El mismo Aristóteles decía que la curiosidad es la puerta del conocimiento, pero lo importante de eso, es que el cerebro humano está hecho así en todos los niveles. Es una cosa impresionante.
Por ejemplo esto, mire este experimento para que no todo sea religión y Biblia.
Si uno aquieta perfectamente los ojos, por ejemplo, mirando un determinado punto, uno dice que tiene quieto los ojos, pero no, resulta que los ojos humanos nunca se quedan quietos.
Hay una cantidad de lo que llaman micromovimientos, que es como una especie de temblor sutilísimo que se mide en términos de decimas de milímetros o menos en los ojos. Y resulta que por más serenos y quietos que uno quiera tener los ojos, uno mantiene esa especie de pequeño temblor.
Entonces los científicos se han puesto a averiguar por qué existe ese temblor, y la razón es esta: Si un ojo se deja absoluta y perfectamente quieto al cabo de unos pocos segundos deja de ver, porque si las mismas células están recibiendo exactamente el mismo estímulo lumioso, inmediatamente pierden la sensibilidad a ese estímulo.
Algo parecido a lo que acontece cuando uno tiene un ruido de fondo, cuando acabábamos de encender el abanico, pues oímos el abanico, pero ya después uno cancela un ruido que está en el fondo. El cerebro humano está hecho para eso, para cancelar lo que ya sabe que es.
"Bueno, este es un abanico", y yo ya no tengo que pensar durante una hora o dos horas "Ahora el abanico se fue para allá, ahora el abanico se devolvió para acá, ahora el abanico se fue para allá, ahora el abanico...".
El cerebro me economiza eso y lo que hace es ponerle una gran equis roja al abanico y ya no existe para mí. Ese mecanismo permite que uno vaya dándole la atención a lo que merece atención.
Lo mismo sucede cuando oímos a una persona o cuando miramos un paisaje, ninguno de nosotros es como una cámara fotográfica que recibe toda la imagen.
Dentro de una imagen, lo que uno ve -si se pudiera traducir lo que hay en el ojo-, lo que uno ve es un sector diminuto que está claramente delimitado y el resto es completamente borroso, sino que uno va recorriendo y va fijando su atención en distintas cosas.
Ese tema en sí es muy interesante pero aquí lo mencionamos solamente para decir que lo paradójico produce ese efecto despertador o ese efecto atractivo en el cerebro.
Entonces, por una parte, se despierta el entendimiento que tiene que hacer una pregunta "¿por qué los primeros van a ser últimos y por qué los últimos van a ser primeros? ¿Por qué es eso? si yo lo que veo es que el que va de primero termina de primero, llega de primero".
Entonces despierta la inteligencia y atrapa la memoria. Tenemos que contar a Jesús de Nazareth como uno de los maestros más eficientes de la historia, porque en las condiciones en las que Él enseñó, lograr que tantas de sus palabras quedaran grabadas en la gente es toda una proeza y en buena parte lo logró con esta clase de afirmaciones.
Entonces las paradojas, las ambigüedades, las contradicciones, son parte del tejido mismo del Evangelio. A ver, aquí tenemos algunos ejemplos en distintas areas: en la evangelización, en cuanto a la razón y la fe, en cuanto a la pastoral.
Por ejemplo esto: "¿Dios está muy lejos o es muy paciente?", esto ya aparece en la segunda Carta de Pedro, en el Nuevo Testamento. La realidad es ambigua, la realidad es compleja, porque uno puede decir: "Dios se olvidó".
Entonces responde Pedro o su secretario o quien escribiera a nombre de él si ese fue el caso, responde Pedro en la segunda Carta: "No no no, Dios no está lejos, lo que pasa es que Él da tiempo para que todos se conviertan" (veáse). Entonces Dios no es que esté lejos, sino que Dios es paciente.
Hay lecturas posibles, la realidad es ambigua, y parte de mi propósito en esta reflexión mis hermanos, es que descubramos que nadie tiene la receta para la evangelización.
Nadie tiene la receta que va a hacer que Taiwán sea cristiano en un siglo o en cincuenta años o en docientos años. Todo puede suceder, pero nadie tiene la receta, y algunas veces la receta o lo que mejor parece funcionar es más institucional.
Otras veces como en el norte de Rusia, tenemos ese Cristianismo tan extraño, tan extravagante, el Cristianismo de los startzi. Un staretz es un loco, son locos por Dios. No sé si ustedes conozcan alguno.
Los locos por Dios, entonces eran, startzi entiendo yo que es el plural de esa palabra, el singular es staretz. Entonces un staretz es una persona que se hace loca por Dios, no se hace el loco, sino que es como perder la razón.
Entonces se dedicaban a ser mendigos y perdían todo, perdían el nombre, y se iban a otra ciudad y empezaban a recorrer pueblos y pedían limosna como todo el mundo; con las únicas características, obviamente, de no ser violentos, ni ladrones, ni malvados, ni criminales en ningún aspecto.
Pero también que toda su humildad encontraba razón en Cristo -"Bueno, ¿Tú quién eres? ¿de dónde vienes?" -"No, yo soy un penitente de Cristo" -"Y ¿cómo te llamas?" -"Así", ósea "Yo voy a perder mi nombre, yo voy a perder mis riquezas, voy a perder hasta mi salud, voy a perder todo".
Bueno, y resuta que esa locura ha tenido una tremenda popularidad y un tremendo éxito, si ustedes leen a Anton Checkov o si leen a Tolstoi, él los menciona a este tipo de personajes, porque son muy conocidos en el medio popular ruso.
Pero creo que si uno hace lo mismo, o no sé, si uno hace lo mismo en Nueva York o lo hace en Bogotá o lo hace en Buenos Aires, tal vez no funciona, pero allá sí funcionó eso.
En Europa funcionó bien lo de los monasterios, en Colombia nunca ha funcionado bien la vida monástica. Ahí tenemos dos o tres monasterios masculinos, porque femeninos hay muchos desde el tiempo de la colonia, pero los monasterios de clausura masculinos, es impresionante, en Colombia no han funcionado.
Ahí no tenemos ni Cartujos, ni tenemos Trapenses, ni tenemos Cluniacenses, ninguna de esas razas. Hay por ahí unos Camaldulenses, de estos de Camaldoli y poco más.
Entonces fíjate, en algunos países como Irlanda el monasticismo ha sido columna vertebral por siglos y siglos. Prácticamente desde comienzos del primer milenio hasta san Patricio, e incluso después de san Patricio, el monasticismo ha sido la columna vertebral del Cristianismo en Irlanda.
Pero en Colombia no, en Colombia funcionarion, lo que llevasteis vosotros españoles. Funcionaron los autosacramentales y funcionaron las novenas y las fiestas de los santos y nuestra Señora del Rosario.
El Rosario funcionó en Colombia de un modo fantástico. De manera que tú vas a una cantidad de poblados diminutos y, de pronto, una estatua de santo Domingo y una estatua de la Virgen del Rosario, ahí están, ahí funcionó bien eso, pero fórmulas no tenemos.
Los startzi rusos, los monjes irlandeses, los colegios a veces funcionan bien, a veces no funcionan tan bien, o a veces funcionan un tiempo y después toca dejarlos. Lo mismo la salud y los hospitales, las hermanas de la misericordia allá en Irlanda hicieron maravillas, pero eso ya no se puede, ya no funciona.
El Evangelio está lleno de sorpresas, el Evangelio es plural, nadie tiene la receta, nadie la tiene; y la realidad a la que uno se enfrenta desde la fe es así compleja, no hay respuestas definitivas.
Alguien puede decir: "Dios se olvidó de nosotros" y otro puede decir "No, espérate lo que pasa es que Dios es muy paciente".
Lo mismo con el tema de la inculturación y de la diferencia, ¿tiene uno que inculturarse o tiene que tratar de ser distinto? ¿Tenemos que tratar de ser iguales o tenemos que tratar de ser distintos?
Entonces yo hablo un poco de lo que conozco, allá en mi país, en Colombia, el tema típico es con los jóvenes. Entonces tienes un tipo de sacerdote que dice "Nosotros tenemos que ser una alternativa para la juventud", sacerdotes tipo Opus Dei, tipo Legionarios de Cristo.
Sacerdotes jóvenes, disciplinados, si algo tienen disciplina, cuello romano, clergyman 24 horas al día. Y eso es el método de ellos.
En el otro extremo tienes al sacerdote hippie, que está con lo que nosotros llamamos una mochila, está con una guitarra, habla y lo primero que hace es hechar tres cuatro tacos, que llamais allá en España.
Y cada uno argumenta porque entonces el uno dice "Estos jóvenes están cansados de su mediocridad y lo que necesitan es un desafío", entonces este tipo, ¿cierto?, siempre debidamente afeitado, no como yo.
Este tipo, este cura legionario de Cristo u Opus Dei, o lo que sea, perfectamente pulcro, además muchos de ellos bien parecidos y de buena familia, pues se convierten en un tremendo signo de interrogación para los muchachos.
Porque te encuentras con un cura que es inteligentísimo, que es culto, que es de buena familia, que evidentemente hubiera podido conseguir la novia que se le hubiera dado la gana, y te lo encuentras ahí parado predicando horas y horas, "y tal y el Evangelio y no sé cuanto..."
Como estos retiros del Lumen Dei, yo hice uno de esos por allá hace los años, eso fue el siglo pasado. Hice un retiro con los del Lumen Dei tiempo antes de entrar con los dominicos, y ese cura era impresionante, no exagero, eran seis o siete sermones al día, entre eso y el lavado de cerebro créeme que no hay demasiada diferencia.
Y bueno hay gente que dice "Nosotros tenemos que ser alternativa", y resulta que hay jóvenes a los que eso les atrae efectivamente.
¿Por qué? Porque efectivamene su vida no tiene una sola referencia sólida, no tiene nada claro en su existencia, no saben cómo batallar con su propia pereza, con su propia mediocridad.
Y de pronto, aparece un hombre de estos que les dice "Es que lo que te hace falta es una disciplina, ven que en mi casa nos levantamos a las cinco y cuarto de la madrugada, y a las cuarto para las seis estamos en la capilla en meditación personal hasta las seis y media y a las seis y media...".
Y cualquiera diría "Pues vas a aburrir a esos muchachos", pues no, muchos no se aburren, porque muchos lo que sienten es "Por fin encontré una estructura, por fin encontré una referencia".
Entonces yo miro, ahí por ejemplo, yo estoy dándo unas clases en Irlanda a estudiantes dominicos que vienen de distintas naciones. Y es curioso, algunos de ellos están en esa tónica "es que tenemos que infundir seguridad, tenemos que infundir certeza".
Claro, los otros dirán "Pues eso es ser fachista, tú lo que eres es un facho y tú vete con tu derechona a donde quieras, de eso nada", expresión que me fascina "De eso nada".
Pero sucede que esos le llegan a algunas personas, y luego, va uno a ver a los otros de izquierda o liberales o progresistas o como se quiera, y esos parece que también tienen lo suyo.
Me imagino que hay límites, me imagino, me imagino que hay límites, tú puedes tener todas las mochilas que quieras, pero si además de mochila tienes tu novia, y tienes tu no sé cuanto y quieres seguir siendo cura, llega un momento en el que.
Y vas a fumar lo que ellos fuman y vas a ir a las fiestas donde ellos van y si ellos se drogan tú también porque hay que inculturarse, en algún momento perdiste el camino, hasta allá tampoco. Ósea hay un límite.
Pero la cosa es bastante ambigua, y a veces uno no sabe por dónde va a salir la sorpresa. A veces uno no sabe por dónde la gente va a resultar cautivada.
Me llamó la atención lo que tú nos decías ahí en la meditación del Santo Rosario, sobre cómo a veces uno escoge textos del Evangelio, los textos que a uno más le gustan y mencionaste aquello de que Dios es amor.
Bueno cuando yo estaba en mis años mozos, por allá en mi adolescencia, realmente la predicación cambió en esa dirección, es decir, todo el mundo empezó a hablar de Dios misericordia, Dios amor, etc. y eso está bien.
Pero hay un problema y es que después de años y años de estar predicando sólo Dios es amor, Dios es ternura, Dios es misericordia, entonces, también parece Dios es un complaciente y Dios es un alcahueta. Y a DIos se le puede comprar y se le puede convencer con cualquier cosa, y Dios no pita nada, Dios no importa.
Entonces una vez más es complejo, no hay una fórmula definitiva para eso. ¿Tenemos que volver al terror y a la predicación del infierno?
Mira el padre mayor de mi comunidad, de mi provincia de Colombia, cuyo nombre no diré aquí porque se está grabando, pero con esa referencia. Bueno él tenía fama de eso, no había homilía donde no mandara a dos terceras partes de la audiencia al infierno.
Buen sermón es aquel en el que la gente quedaba convencida "Mi único destino posible es el infierno". Claro, puesto así, uno dice "eso es casi patológico".
Pero luego si uno lee a santa Catalina de Siena, resulta que el punto de partida para ella es "yo no merezco otra cosa que el infierno, de ahí cualquier vuelta de sus ojos hacia mí que me dé el Señor a mí, es regalo, es gracia".
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