Pablo 20 siglos después - 07
Nuestro retiro espiritual según las Constituciones que nos orientan y gobiernan es una oportunidad para contrastar nuestra vida con la Palabra de Dios. Es también un tiempo de descanso por lo menos en el sentido de hacer una pausa en las actividades usuales.
Y sin embargo seguramente pasa a vosotros lo mismo que a mí, uno tiene reacciones emocionales diversas con respecto a un retiro, por una parte, entendemos que es algo importante, que es un elemento constitutivo de nuestra vida; pero por otra, cuesta un poco entrar en la dinámica del recogimiento, de la oración.
Hemos oído y hemos hecho tantas predicaciones a lo largo de la vida, que a veces cuesta trabajo abrirse a la novedad del Espíritu. Suelo decir que el peligro más grande de un sacerdote, sobre todo de un predicador es tomar la actitud de "eso ya lo conozco". Es una actitud que fáscilmente nos tienta.
Sin embargo, Dios suele arreglárselas para darnos sorpresas y aún de textos tan antiguos como son los de la Escritura, seguramente podemos encontrar siempre un mensaje que nos toca, que nos afecta.
Yo creo que la principal actitud espiritual al empezar un retiro es principalmente estar dispuestos a ser afectados por el Señor, a ser tocados por Él. Y con ese principio que es a la vez anímico y que es hermenéutico, deseo compartir algunos pensamientos.
Este retiro sucede en el contexto del año de san Pablo. El papa Benedicto nos ha invitado a reflexionar en la figura del apóstol a los 2000 años de su nacimiento, según las fechas probables de ese acontecimiento.
Y es una ocasión magnífica para volver con más entusiasmo a los escritos del apóstol, por si hiciera falta, porque para nosotros dominicos, san Pablo es una mina que nunca se agota. Sabemos todos que nuestro padre, en tiempos en que era difícil cargar esos materiales, llevaba consigo las Cartas del apóstol, y esto debía significar unos cuantos rollos o libros pesados, incómodos para hacer camino a pie.
No se había terminado de inventar el memory stick, el USB y todas esas cosas en ese tiempo. Entonces la figura de Pablo es la que nos va a acompañar durante estos días. No vamos a hacer un estudio histórico ni un estudio exegético, lo que queremos es eso, tener la referencia de él y con bastante frecuencia vamos a aludir a él.
Pablo es ejemplo para nosotros en muchos aspectos, es un teólogo, algunos lo llaman el primer teólogo del Cristianismo. Es un misionero, de algún modo es el paradigma del misionero. Es un hombre contemplativo, es un fundador de comunidad, es un maestro de vida pastoral y para coronar todo eso, también un martir, así que no le faltan títulos a Pablo para servirnos de referencia en estos días.
Por otro lado, el papa Benedicto que propuso este año de san Pablo, también ha hecho él mismo bastante esfuerzo para hacer conocer esa doctrina del apóstol, ha dedicado un buen número de catequesis, algunas una serie, hace como dos años, y ahora recientemente, vuelve sobre el apóstol, tocando distintos aspectos: la cristología de san pablo, la eclesiología de san Pablo.
Personalmente creo que la cualidad en la que, tal vez, sobresale más Benedicto XVI es precisamente el Magisterio. Fundamentalmente estamos ante un profesor, un buen profesor, y en ese sentido no está de más tomar esos materiales.
Para mi sorpresa creo que ha logrado una síntesis muy completa y al mismo tiempo muy accesible. Pensemos en un maestro, un maestro universitario que, sin embargo, tiene que dar estas audiencias a toda clase de personas en la Plaza de san Pedro. Y de algún modo eso es juntar lo más alto y lo más corriente, lo más común.
Creo que Benedicto lo ha logrado, tanto en sus catequesis sobre los padres de la Iglesia -que le han ocupado cerca de 40 o más sesiones-, como en estas catequesis últimas sobre san Pablo. Lo que yo veo es altísima calidad de contenido en un lenguaje que es tan simple como puede serlo. A mí personalmente me ha servido de alimento, me ha servido de referencia y por eso lo comparto.
¿Cuál va a ser la estructura de nuestras charlas o predicaciones durante estos días? Pues hay un material que no es poco, son algo más de 20 páginas, 24 en esta edición. Pues obviamente no se trata aquí de leer lo que ya está ahí impreso, más bien este es un material que puede ayudar, puede complementar, puede servir para algún tiempo de reflexión de esos que tenemos durante estos días.
Pero también nos da el esquema general, se trata esencialemente ¿Cuál es el punto de partida? El mundo en el que evangelizó Pablo es un mundo que vive una serie de dificultades en paralelo a lo que nosotros vivimos. ¿Como cuáles? Bueno, el ser minoría, obviamente, el Cristianismo era una predicación nueva.
Y luego un poco más de fondo, esa palabra que está siempre presente en la enseñanza del papa, la palabra "esperanza". Yo creo que necesitamos una especie de "salto mental" para ubicarnos en el siglo I en el Mediterráneo, ver lo que estaba sucediendo ahí.
Al mismo tiempo hay un hervidero de propuestas, filosofías, credos, religiones, maestros, grupos, cultos, pero también una sensación general, una sensación profunda de vacío.
Cuando hay demasiadas propuestas es que nadie está acertando. Si en ese tiempo hubiera habido una religión o un culto que fuera completamente dominante diríamos "Bueno, esto está satisfaciendo las necesidades de la gente", pero la pluralidad muchas veces no es signo de buena salud, sino lo contrario.
Esa sobreabundancia de religiones, que es una cosa impresionante, esa sobreabundancia de filosofías y religiones y cultos de todo tipo, en la cuenca del Mediterráneo del siglo I, pues está hablando de una falta de respuesta. La necesidad de encontrar una respuesta.
Entonces la hipótesis fundamental de estas predicaciones está en el tercer título de estas hojas "Tal vez el mundo es Corinto". De todas las comunidades que fundó o en las que evangelizó Pablo, yo tomo esa comunidad de Corinto como una referencia, porque creo que lo que se vivía ahí, sin violencia, puede ponerse en paralelo con lo que vivimos un poco, creo yo, que tanto en Occidente como en Oriente, aunque porsupuesto hay diferencias.
El mundo actual se parece a ese Corinto, en la abundancia, repito, de religiones, propuestas y cultos. Pero también en la actitud cínica, diríamos en Colombia "cortoplacista". Esa miopía que se queda en el hoy, disfrutar el hoy, pasar bien el hoy, ya mañana se verá que se hace, ese aferrarse al hoy, el carpe diem, en su sentido materialista, hedonista, "yo aquí la paso bien, aquí me sostengo en lo mio, por hoy pasé el día, ya mañana se verá qué sucede".
Esa actitud miope, utilitaria, un poco cínica que aparece reflejada en varios escritos del apóstol, cuando él se refiere al mundo pagano, por ejemplo, toma ese estribillo "Comámos y bebámos que mañana morirémos" (veáse Pablo,). "Pasar bien por esta tierra, la vida humana es como un paseo hay que tratar de disfrutar, hay que tratar de estar bien y cuando no se pueda estar bien, para qué se inventó la eutanasia, pues salir de esta tierra".
Y esa sensación que es como estar colgando sobre el abismo, eso era lo que vivía el mundo pagano de la época. La vida como aprovechar lo que se pueda aprovechar, lo que se pueda vivir, lo que se pueda degustar, y después, pues esto se acabó y no tiene mayor ssentido.
En palabras de alguno de los existencialistas del siglo XX, la vida es una pasión inútil, se vive, se juega, se disfruta, se emborracha, se tiene buen sexo, se gana algún dinero, se gasta bastante dinero y se acabó el espectáculo, gracias por los tragos, chao, se acabó la vida.
Y en ese cinismo, en ese desconsuelo vive mucha gente, pero sin hacerse mayor problema por ello. Algunos, unos pocos quizás, hacen preguntas de cierta profundidad, de vez en cuando asoma en la literatura, asoma en el teatro, asoma en algunos libros de filosofía como esa tragedia, como ese abismo sobre el cual estamos como suspendidos, el abismo del absurdo, el abismo del nada tiene una última explicación.
Pero la mayor parte de la gente en nuestra época, lo mismo que en el siglo I, no entra en esa clase de consideraciones. Simplemente va viviendo el día a día, va ganando su dinero, va gastando su dinero, va disfrutándola, tiene una pareja, se casa, se descasa, compra, disfruta, está más o menos bien, sobrevive, y cuando ya todo acaba, pues ya todo acabó y hasta luego.
En ese sentido la predicación de Pablo a mí me parece que puede enseñarnos más de una cosa. Yo mentalmente varias veces trato de ir a ese momento, ese primer momento en que Pablo como cristiano llega al puerto de Corinto. La ciudad del cinismo, la ciudad del comercio, la ciudad de la prostitución, en el ambiente griego de la época, decirle a una mujer "Pareces corintia", era decirle pareces baja, pareces prostituta.
Llega Pablo ahí y ¿qué se encuentra? Todo el mundo ocupado y todo el mundo vacío. Todos disfrutando y a la vez padeciendo, todos trabajando y todos sin saciedad. Y dice uno "Por Dios, ¿cómo se empieza ahí?".
¿Cómo se empieza ahí? Esa pregunta no está demasiado lejos de lo que vosotros mismos habeis conocido en tierras como estas. Se está celebrando el aniversario 150 de la evangelización aquí en Taiwan. Y aquí uno como que vuelve a pensar en lo que debieron ser esos pioneros.
¿Cómo se empieza? ¿Qué se hace ahí? ¿Qué se propone? ¿Para dónde va uno? Y esa pregunta, el ¿por dónde comenzar? ¿por dónde tirar? Es algo que a mí personalmente me produce una sensación como de vértigo. ¿Qué hizo el apóstol ahí? ¿Qué hizo en esas circunstancias?
Sin embargo, así como hay un cierto paralelo entre lo que vivió san Pablo en el siglo I y lo que podemos tener nosotros en el siglo XXI, 20 siglos después. También parece que hay una diferencia, yo creo que esta relfexión o este punto nos va a acompañar también en estas reuniones.
Así como hay un parecido, también hay una diferencia, y es que la sensación en el caso de Pablo podía ser como "Yo traigo un producto nuevo". En cambio cuando se habla de una nueva evangelización en Occidente o cuando se habla de prolongar la misión aquí en Oriente, seguramente las cosas no nos quedan así tan claras.
Me explico, las personas que rechazaban la predicación de Pablo tenían primero que oírla, no la conocían, algunos la rechazaron como aparece ahí en Atenas, cuando él hecha su discurso y dice que Dios a designado a Jesucristo para juzgar al mundo y para demostrarlo lo ha resucitado de entre los muertos.
Pero esa era la situación, ahí el Cristianismo era nuevo y el que trae algo nuevo, siempre tiene a su favor como la expectativa de que la gente no sabe qué es esa novedad. En cambio cuando uno intenta evangelizar con "renovado vigor", así como decía Juan Pablo II, con nuevos métodos.
Cuando uno intenta evangelizar en España, evangelizar en Irlanda, ahí la gente ya dice "Es que yo ya conozco tu propuesta". Entonces ahí la diferencia más significativa y no es pequeña, es esa.
Mientras que Pablo tenía hasta cierto punto a su favor "Traigo una cosa nueva", nosotros, en cambio, podemos tener el peso de que muchos creen que ya conocen el Cristianismo. Luego resulta que no conocen nada.
Luego resulta que lo que piensan y lo que afirman de la Iglesia es una montaña de prejuicios y medias verdades. Pero ese espesor de los prejuicios y de las malas experiencias y de la presión desinformante de los medios de comunicación, eso juega en contra nuestra.
Y aquí es donde viene lo de la palabra "esperanza", aquí es donde la palabra "esperanza" cobra su matíz más complejo, ¿cómo cultivar la esperanza cuando el número de los misioneros va bajando? Algo comentábamos esta mañana sobre eso. ¿Cómo puede uno sentir la novedad del Evangelio cuando, al mismo tiempo, tiene que sentirse en retirada, por lo menos si se piensa con realismo de aquí a unos pocos mucha gente ha sabido del Cristianismo y no les interesa? Y les parece que están muy bien así y les parece que con lo que tienen es suficiente.
Entonces, ahí hay una diferencia y eso no lo podemos negar. El mismo Pablo dice "He tenido como título de gloria predicar donde nadie más lo ha hecho" (veáse Pablo). Él evidentemente se sentía más cómodo dirigiéndose a lugares donde era el primero en llevar la Buena Noticia.
Nosotros no podemos darnos ese lujo. Si estamos en una parroquia en Dublin, el solo hecho de salir a decir la Misa significa que yo soy otro sacerdote como el sacerdot que violó a tu hermanito menor. Entonces a ver cómo voy a evangelizar ahí. Yo soy otro sacerdote como el sacerdote que te traumatizó, que te humilló cuando eras un adolescente.
Y eso para lo bueno y para lo malo, porque también pertenezco a la misma Iglesia que defendió tu identidad irlandesa, en los momentos en que toda la presión protestante y británica quería aplastar tu propia cultura. Entonces ese bagaje, ese peso cultural, eso que traemos y de lo cual no podemos sustraernos, eso también está como un reto para nuestra propia evangelización.
¿Cómo pronunciar la novedad del Evangelio cuando la gente ya cree que sabe el Evangelio? Sin dar una respuesta en el momento, yo sí quisiera que descubriéramos ese mismo problema en nosotros mismos. El problema no empieza en ¿cómo le voy a vender a los demás la novedad del Evangelio?
El problema empieza en ¿cómo puede ser el Evangelio nuevo para mí mismo? ¿Cómo puedo yo percibir hoy la lozanía, la frescura, la perpetua juventud del Evagelio? ¿Cómo se puede descubrir hoy? ¿Cómo se puede experimentar hoy? ¿Cómo la puedo experimentar yo? Porque muy mal voy a poder transmitirla a otras personas, si yo mismo siento que ese Evangelio carece de esa novedad.
Muy posiblemente estas dos preguntas están realcionadas la una con la otra. Es decir, sólo en la medida en que el Evangelio vuelva a ser noticia inesperada, gratuita, maravillosa para mí. Empezaré a ver que también Dios tiene noticias maravillosas, inesperadas, buenas noticias para la Iglesia, buenas noticias para la misión en Taiwan, buenas noticias para la propagación del Evangelio.
En ese sentido, el propósito de nuestro retiro es sobre todo ese, es entrar de nuevo, adquirir eso que Paul Rickert llamaba una "segunda inocencia", me parece una expresión muy feliz. Alcanzar una segunda inocencia, porque la vida tiene eso, la vida tiene que uno se enamora y luego se cansa. Y luego se desengaña y pasa la vida y a veces hay personas que nunca más vuelven a recuperar ese entusiasmo.
Entonces Rickert habla de esa "segunda inocencia", ¿cómo puede el mundo? -Ya no sólo pensemos en la Iglesia-, ¿cómo puedo un día volver a maravillarme del mundo? ¿Cómo puedo un día reencontrar el asombro? Esto tiene una dimensión antropológica también, esto no es sólo religión.
Esto es que las personas, nosotros, sentimos que nos pesan los siglos, de una cultura, de una tradición, hay un algo que hace que finalmente no logremos percibir la novedad. Entonces como que el sol que amanece ya amanece viejo. Y como que el aire que respiramos en la mañana ya se siente rancio y los colores ya no nos seducen con su destello.
¿Cómo se puede volver a encontrar el esplendor primero, el esplendor primigenio de la creación, de la naturaleza? Muchos, sobre todo en Occidente, buscan ese reencuentro en la naturaleza y creo que hay mucho de razonable en eso.
Una inmersión profunda en la naturaleza, "Cortar, cortar con tanta tecnología, tanto Internet, tanto ordenador, tanto celular, cortar, cortar con eso, y me voy a meter de cabeza cuatro días de excursión a Machu Pichu en el Perú". Eso les fascina a los irlandeses, para ellos unas vacaciones ideales, sobre todo para los jóvenes, es "Me voy a la jungla, para que me piquen los mosquitos, a ver si me sale una culebra, a ver si el mundo me da una sorpresa, a ver si puedo encontrar un aroma, un olor que nunca haya visto, a ver si puedo encontrar un tono de luz que otra vez me cautive".
a ver si puedo ver un rostro, o encontrar una filosofía o una narrativa que diga "Esto sí que es nuevo.
minuto 24.