Bp06005a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20060507

Título: La embriaguez que no destruye

Original en audio: 9 min. 25 seg.


Amigos Muy Queridos:

Se va acercando la fiesta de Pentecostés, que viene a cerrar con broche de oro este tiempo pascual. La fiesta de Pentecostés es la fiesta del don del amor, la fiesta del amor de Dios.

Pentecostés es la fiesta que nos invita a celebrar la manera como Dios nos ha amado, y a celebrarla con el amor que el mismo Dios nos otorga, nos concede.

Las lecturas de hoy tienen ya un poco de ese sabor de Pentecostés. La primera lectura, por ejemplo, nos recuerda una famosa predicación que tuvo el Apóstol San Pedro. Él estaba hablando sobre Jesús, hablando sobre la manera como Jesús amó.

Y esa predicación fue tan convincente, fue tan poderosa, que atrajo el don del amor de Dios sobre la gente que estaba oyendo. Quedaron tocados por ese amor.

Vino el Espíritu de Dios sobre ellos, y se presentaron unas cosas maravillosas, como las del día de Pentecostés. Empezaron a orar, empezaron a cantar, empezaron a proclamar la grandeza de Dios en diferentes lenguas, tal vez algunas de ellas lenguas nuevas. Porque, así obra el Espíritu Santo.

Estas lecturas nos están hablando de ese amor que es como una ebriedad, ese amor que es como una borrachera de gozo. En algunos lugares, el alcoholismo es un problema muy serio. Y uno se pregunta por qué la gente busca el alcohol, o busca también otras maneras de enajenarse.

¿Qué hay en el ser humano que le lleva a buscar esas sustancias como las drogas, o como el alcohol? Parece que en el ser humano hay una necesidad íntima de infinito.

Necesitamos rebasar, necesitamos superar el mundo, tal como lo alcanzan a percibir nuestro sentido y nuestra razón. Intuimos, presentimos, que estamos hechos para algo más grande, para algo infinito.