Bp05001a
Fecha:19970427
Título:
Original en audio: 30 min. 10 seg.
En proceso de transcripcion
Queridos amigos:
La lectura del evangelio que se hace en la Eucaristía, casi siempre empieza con las palabras “en aquel tiempo”.
Esta es la traducción de una expresión en latín, que también se repitió muchas veces, desde luego esto no significa que en la Biblia, si la leemos directamente en los evangelios, cada párrafo o cada dos párrafos esté diciendo "en aquel tiempo" y en aquel tiempo, es como un estribillo que la Iglesia utiliza.
Ese estribillo ayuda a que el pasaje o la lectura que se va a hacer, entre de una manera como mas suave en nuestro entendimiento, en nuestra conciencia, pero a veces sería mejor que no se dijera así, “en aquel tiempo” y de echo ahí otras traducciones para la liturgia que no utiliza ese estribillo, porque no todo sucedió en aquel tiempo o mejor, todavía sucedió en tiempos y en momentos muy concretos.
Por ejemplo la lectura que acabamos de escuchar en el Santo Evangelio, no sucedió en algún tiempo o en aquel tiempo, sino en un momento muy especial, precisamente pertenece a los discursos de despedida del evangelio que Juan nos presenta como una especie de larga sobre mesa que tuvo Cristo con sus discípulos, después de haber lavado los pies a los discípulos, después de haber compartido con ellos la cena de Pascua. Después de que el traidor se ha ido a a cumplir su propio ciclo después de que ha contado su victoria sobre el mundo entonces llegado ya ese capitulo 15 de San Juan dice el Señor “yo soy la verdadera vid y ustedes los sarmientos” sería mejor en ese sentido que la introducción del evangelio dijera no en aquel tiempo sino algo así como en la última cena dijo Jesús a sus discípulos, y en ese momento Cristo podía hablarles de unidad y podía contarles que ellos estaban unidos a El y que el era la raíz de la unidad de todos ellos que lo podía decir ahí precisamente porque la cena fue la declaración de amor de Cristo a sus discípulos y a través de ellos al mundo entero, precisamente porque en el sacramento eucarístico memorial de su pasión y sello de su victoria está toda la unidad de nosotros precisamente porque acababa de celebrar esa unidad en esa cena les podía seguir hablando de unidad les podía hablar ahora de unidad de otro modo diciéndoles que el es la vid y que ellos son los sarmientos pero fijate que dice !yo soy la verdadera vid” no es la única vid hay otras vides y hay otros viñedos no todo lo que prospera en este mundo es Cristo mientras no llegue la cosecha final, mientras no llegue la ciega definitiva seguirá prosperando la vid verdadera pero seguirán prosperando otras vides otros cultivos.
Inspirados por ese comentario sigamos recorriendo lo que nos dice el Señor en el Evangelio y tratemos de aplicarlo a nuestra vida “yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador”. Cristo y la obra de Cristo es un cultivo del Padre celestial en esta tierra, el Padre que creó todas las cosas con su poder todas las quiso revivir con su sabiduría y con su amor pero mientras que la creación ya abarca todo lo que podemos ver la redención no abarca todo lo que podemos encontrar a donde quiera que se dirijan nuestros ojos aunque pudieran descender a lo profundo del infierno o a lo alto de los cielos, en todo encontraríamos la mano del creador, pero para encontrar la mano de este divino labrador para encontrar las manos de este padre que es el labrador hay que dirigirse a Cristo, para encontrar la creación basta abrir los ojos para encontrar la redención hay que tener abiertos esos ojos con una nueva luz que es la luz de la palabra de Cristo como dice este mismo evangelio el que pueda limpiar el corazón limpiar los ojos. Sin los ojos limpios uno ve que la obra es de Dios, uno ve que la creación es de Dios pero uno ve a un Dios derrotado, sin la palabra de Cristo uno sabe que el universo lo hizo Dios y uno siente que se le salió de las manos y uno siente que el pecado y el mal corren tanto que seguramente el corazón se le muere por dentro a uno y uno dice pero donde esta Dios que está prosperando tanto el mal es necesario para poder ver que la vid que Dios está cultivando es necesario limpio el corazón tener limpios los ojos y tener limpios los oídos