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Al César lo que es del César Tiempo: 12 min. 43 seg. Fecha: 19970603
Queridos Amigos:
La lectura que nos presenta la Iglesia en éste martes, va en continuidad con la discusión que escuchabamos el día de ayer. ¿Qué es lo que está sucediendo? Ubiquémonos en el Evangelio de Marcos: Jesús se ha resuelto a ir hacia Jerusalén, no en una peregrinación más sino en el descelance mismo de su vida profética, y emprende el camino.
Llega al Templo y se encuentra con el mercado de ofrendas, compra y venta de animales, y cambio de moneda, y entra en polémica con estos vendedores del Templo, ésa era la lectura que nos presentaba la Iglesia el sábado, (véase Marcos 11,27-33).
Siguiente lectura en ese orden, la de ayer lunes: Jesús sigue discutiendo, con los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores, ahí es donde el Señor les ha dicho sobre esa parábola de los viñadores asesinos, y estos los letrados los sumos sacerdotes, se han convencido de que toca eliminar a Cristo; pero sienten miedo de la gente, sienten miedo del pueblo, de manera que esta ha sido la segunda escena: Cristo, discutiendo ahora con los letrados, con los senadores, con los sumos sacerdotes.
Llega la lectura de hoy, del martes, (véase Marcos 12,13-17) los fariseos y los herodianos intentan agarrarlo con astusia con una pregunta sumamante difícil: si hay que pagar o no impuestos, - al Imperio Romano-; si decía que si, quedaba como un traidor, si decía que no, entonces era un enemigo de Heródes, que estaba alíado con los romanos.
De manera que cualquiera que hubiera sido su respuesta encontraban motivo, para prenderlo, para condenarlo físicamente. O sea que las lecturas de estos ultimos días nos presentan a un Cristo discutiendo, en controversia, en polémica; esto no va a terminar hoy, mañana miércoles vamos a escuchar otra lectura, en donde está Cristo discutiendo con saduceos, -que niegan la resurrección-, el jueves vamos a encontrar también una conversación que tiene tono polémico con un letrado, y el viernes otra discusión en torno a los letrados.
Es decir, esta es la semana de la polémica, de las discusiones, el Cristo que nos va a aparecer esta semana aquí en la Misa, es un Jesucristo que entra en discusión, que entra en controversia, es un Cristo que es signo de contradicción; quiza esa no es la imagen que más nos gusta de Jesucristo. Seguramente si nos preguntaran: ¿qué es lo que usted más admira de Jesús? Nosotros diríamos por ejemplo, su mancedumbre, su sencillez, su bondad, su divinidad.
Resulta que esas cualidades son muy de Jesucristo, pero también son de Él, todas estas discusiones, todos estos alegatos, todas estas controversias, y lo que digo de Cristo se aplica también a la Iglesia, si se le dice a las personas: ¿usted a quién admira?, ¿qué personaje de la Iglesia admira? Seguramente usted diría: después de Cristo y de la Virgen, admiro a San Francisco de Asís, por su hulidad, admiro a San Francisco de Asís por su sencillez a San Martín de Porres, y la gente más contemporánea admiro a Sor Teresa de Calcúta, una mujer, que gató su vida al servicio de los más pobres, una mujer que se preocupó de la gente que nadie se preocupa.
Y eso efectivamente, esa caridad heroíca, pertence al tesoro de la revelación y a la vida de la Iglesia; pero esa no es toda la Iglesia, cuando la Iglesia va a hablar de otros temas, entonces ya no nos gusta, ahí sí no nos gusta. Si, la Iglesia dice por ejemplo: “No se puede juzgar con justicia una ley de despenalización del aborto, es inicuo que se autorice matar inocentes”.
Ahí si, ¿pero la Iglesia por qué se meterá en esas cosas?, ¡cuánta falta hace que en esta semana viniera muchíisma gente a Misa¡, ojalá se llenaran las iglesias, y ojalá escucháramos cómo habla Cristo; porque el mismo Cristo que nos ha presentado Marcos: sanando leprosos, dando vista a los ciegos, abrazando y bendiciendo a los niños y perdonando a los pecadores.
Ése mismo Cristo que es todo bondad, en nombre de la misma bondad tiene que sanar las tiniebles del entendimiento; ¿Acaso Cristo esun brujo, para que se dedique sólo a sanar las enfermedades y a conseguirle empleo a la gente; sin meterse en las terribles tinieblas, confusiones y oscuridades que tiene nuestra mente hoy?, ¿sería acaso redendención de Dios, que Cristo se dedicara sólo a cuar la lepra de nuestro cuerpo, y que dejara intactas las constumbres podridas de la sociedad?, ¿podríamos considerlarlo el Salvador del mundo, sí, abriera los ojos de los ciegos, y dejara en la noche, en la tenebrosa noche de la ignorancia y de la confusión nuestra conciencia moral?
Tenemos que ponerle otros matices a Cristo, Él no es sólo un “pote” de ternura para que nos echemos por la mañana, como quién se echa maquillaje, Cristo no es un polvo rosado, perfumado para que le echemos a nuestra vida que a veces apesta. Es necesario rpimero curar la peste, es encesario primero que se curen primero las heridas y las enfermedades que hay en tantas almas y que hay en tantas costumbres.
Es necesario sanarse tambiémn de eso, hay enfermedades terribles cangrenas, por ejemplo, o tipos de cáncer que de tal manera se ensañan en la piel o la carne de la personas, que todavía están dolidas y las pudren y hedores terribles salen de esos cuerpos desventurados.
¿Usted cree que sería de gran caridad, entrar a la habitación de una persona enferma de cangrena, para echarle un poquito de talco perfumado? No es necesario que se sane la herida, es preciso que se cure la enfermedad. Y por eso Cristo, sin renunciar a su caridad, a su dulzura y a su mancedumbre, tiene que hablar recio, y tiene que hablar claro, tiene que hacer ver qué es lo bueno y qué es lo malo, y esto no lo hace porque esté de mal genio, ni el Papa está de mal genio cuando habla en contra del aborto voluntario, ni la Iglesia está de mal genio cuando dice que la eutanasia es un crimen, con guantes blancos, pero es un crimen.
El problema no es de la bilis, el problema no es del genio bueno o malo que tengamos, ese no es el problema, el problema es que el amor no puede ser una decoración, ni un perfume, ni un ambientador que se echa en la habitación del paciente gangrenado. ¡Cúantos quisiéramos que la Iglesia fuera así¡, yo aquí me permito decir una de las explicaciones de porque a tanto católico le parece fácil pasarse a esos grupos que se llaman “cristianos”, que usurpan el nombre ciertamente, autoridad no tienen para llamarse cristianos.
¿Acaso el nombre de “cristiano” es para que cualquiera se lo cuelgue al cuello? ¿Pueden ellos llamarse ellos “cristianos” -pregunto yo- cuando multilan la Sagradas Escritura, quitando por ejemplo, el Santo Sacrificio de la Eucaristía, el perdón de los pecados a través del Sacramento de la Confesión? ¿Pueden llamarse cristianos si hacen eso con la Palabra de Dios que predican?.
Pero esa es otra polémica, esa es otra discusión; yo estaba diciendo, que a muchos católicos les parece fasilícimo pasarse a esos grupos, porque llevan vida de amancebados, porque son unos adúltero, porque llevan una vida inicua; y por eso, simplemente buscan un grupo donde sólo se le cante al Señor y se le bendiga, ¡bendito sea Dios, alabado sea el Señor¡, ¿albado con que? Que bueno que levantes tus manos y tus costumbres...¿las has levantado?, que bueno que levantes tu voz y cantes, - ¡qué linda voz tienes¡- , ¿pero tus obras cantan las maravillas de Dios?
Entonces muy fácil ¿no?, llevar una vida con tres adulterios a cuestas, meterme a un garaje a meterme a cantar con unos que se llaman “cristianos”, y decir que ahora sí me encontré con el Señor, ¡bonita vida¡.
Debo yo, -pregunto - ¿Después de escuchar a este Cristo, y de creer en este Evangelio, debo yo, como Sacerdote quedarme callado y tranquilo, mientras tales cosas suceden?. Hermanos, no nos hagamos ilusiones, no nos digamos mentiras, la salvación de Dios es mucho más serio, Cristo no estba diciendo ningún chiste cuando estaba muriendo en la Cruz.
Nosotros valemos precio de la Sangre de Cristo, y eso no es ni amargado, ni tieso, pero sí es serio, y con esa seriedad, es la seriedad del amor; es preciso que nos resolvamos a acoger el Evangelio.
Salgamonos de que la Iglesia, tiene que darle gusto a las modas de cada época, y salgamos de la ilusión de que la conciencia moral de este país, la van a salvar los abogados o los señores de la Corte Constitucional, o los Senadores, o no sé quién.
La salvaran la Palabra de Dios, predicada vivamente, así nos lo conceda el Señor, allí donde se cree realmente en Él, allí donde se acoge por completo su mensaje; sin mutilarlo, sin maquillarlo, sin esconderlo.
Que Dios que ha mostrado tantísimo amor, y que renueva ése amor en el sacrificio del Altar, abra nuestros ojos, sane nuestra conciencia, cure nuestras costumbres y nos enseñe a ser verdaderamente suyos. Amén.