Bp04004a
Fecha: 20060507
Título:
Original en audio: 39 min. 9 seg.
En proceso de transcripción
Amadisimos hermanos, durante todo el tiempo de la pascua y en realidad durante toda nuestra vida cristiana estamos celebrando una sola realidad, la gran noticia, Jesús está vivo, el Señor está vivo y está dando vida, no sólo está vivo sino que está vivificando no sólo ha recuperado la vida sino que es la fuente de la vida nueva, a través del derramamiento del Espíritu Santo a través del don de Pentecostés, los discípulos de Cristo quedaron impregnados con la vida misma del resucitado, por eso no es extraño que ellos ya desde los primeros tiempos empezaron a realizar prodigios admirables porque no eran ellos era el espíritu de Dios el espíritu de Cristo el Cristo vivo obrando en ellos, realizando maravillas, comunicando nueva vida, y la primera lectura de hoy nos recuerda uno de los milagros que fue decisivo en los comienzos de la predicación evangélica, el milagro mismo no está contado ahí, pero podemos recordarlo aquí fácilmente, entraban Pedro y Juan al templo y un mendigo paralítico de nacimiento pedía limosna Pedro se le quedó mirando fijamente y le dijo oro y plata no lo tengo pero lo que tengo y lo que tenía era la vida de Jesús el poder de Jesús el espíritu de Jesús Lo que tengo eso te doy en el nombre de Jesús levantate y anda y este hombre que nunca había caminado se pone en pie se pone en pie de un salto y empieza a brincar y empieza a caminar correr manifestando con su misma alegría y con esos saltos de gozo lo que significa la vida cristiana nosotros que estuvimos postrados por el pecado y condenados a una triste mendicidad suplicándole gozos al mundo, suplicándole un poquito de alegría a una botella, suplicándole un poquito de amor al dinero de la prostitución nosotros que estuvimos suplicándole un poquito de amistad construida a base de chismes mentiras y calumnias, nosotros que hemos pedido sentirnos un poquito importantes a base de soberbia, hemos sido mendigos de los ídolos y de las mentiras de este mundo postrados y condenados a la mendicidad hasta que llegó un apóstol hasta que llegó la predicación vigorosa de Jesucristo a través de algún ministro a través de algún Pedro a través de algún Juan a través de alguien esa buena noticia nos alcanzó como una oleada como una inundación de amor y entonces nosotros lo mismo que este mendigo hemos saltado de gozo y hemos entrado en la casa de Dios porque lo mas admirable de este milagro es que ese pobre mendigo estaba siempre a la puerta y nunca entraba y esos son muchos católicos que están siempre a la puerta, están siempre ahí en el borde, saben que algo extraño sucede en el altar saben que algo extraño sucede con el pan y el vino saben que se cuentan historias sobre el perdón y sobre la sanación; pero todo lo miran de lejos como extranjeros dice San Pablo la carta a los efesios todo lo miran de lejos pero nunca entran una vez que el espíritu de Dios se apodera de ti ya no eres extranjero ni forastero dice Pablo en la carta a los Efesios, cuando llega el espíritu de Dios hacia ti ya sientes que eres de la familia y eso fue lo que sintió el mendigo que no solo pudo caminar no sólo pudo saltar sino que por fin por fin pudo entrar en el misterio ese es el significado de la entrada al templo pudo entrar en la casa de Dios, pudo sentirse la familia de Dios. Eso es también lo que nos dice la segunda lectura miremos hermanos que amor tan grande nos ha tenido Dios para llamarnos sus hijos y es verdad porque lo somos el día que uno se convence que uno es hijo que es verdad que uno es hijo entonces uno salta de gozo y uno como este mendigo no puede parar de cantar y de celebrar el amor de Dios, porque soy de la casa de Dios, porque pertenezco a su familia ustedes han sentido esa alegría? Ustedes han sentido ese gozo? Levanten la mano el que haya sentido ese gozo de ser de la familia de Dios muchos han sentido ese gozo este hombre entró alabando a Dios no solo con los gritos de júbilo sino con su cuerpo curado, los cuerpos curados, los cuerpos sanados, las vidas reconstruidas son la gran alabanza, la alabanza no es en primer lugar asunto de palabras Jesús nos advirtió que la oración no era la multiplicación de palabras es tu vida sanada es tu familia reconstruida, es tu mirada que ya no tiene que bajarse avergonzada, ahora ya puedes mirar a los ojos, ahora ya no tienes que esconderte de Dios ya no eres Adán escondiéndose entre las hojas del paraíso, ahora eres de la familia ahora miras a los ojos, ahora sientes paz en tu corazón y ese corazón tuyo que palpita con ritmos de alabanza esa es la gratitud ese es el gozo que también experimentó ese mendigo, por supuesto un milagro de este tamaño no podía quedar inadvertido, la gente que tal vez entraba solo por costumbre, solo por rutina a aquel templo de Jerusalén, se encontró un día con algo absolutamente inusitado, un hombre que cantaba y gritaba y lloraba de alegría y no dejaba de dar saltos, y algunos pensarían este está loco y otros pensarían como pensaron de los Apóstoles en Pentecostés este debe de estar muy borracho y no estaban equivocados hay una ebriedad santa hay una santa ebriedad que trae el espíritu, un sentimiento de gozo desbordante que no cabe en palabras y por eso porque no cabe en palabras el cap 16 del evangelio de San Marcos dice “que los que crean en Jesucristo hablarán lenguas nuevas simplemente porque no existen los idiomas del mundo una palabra que pueda expresar lo que se siente cuando uno por fin, por fin puede abrazar el amor de Dios cuando uno por fin puede sentir el beso y la acaricia de Dios, cuando uno por fin puede decir entonces si soy de los tuyos entonces sí soy de tu familia la gente extrañada vo que este hombre