I093001a
Fecha: 19990620
Título:
Original en audio: 12 min. 9 seg.
Queridos Hermanos:
El episodio del Libro de Tobías, que acabamos de escuchar, nos invita a la oración. La oración no en primer lugar como un deber que nosotros nos imponemos, sino como una oportunidad que Dios regala a nuestra vida.
La oración no es en primer lugar un propósito nuestro, sino una ocasión, un regalo que Dios concede; no es porque seamos buenos, sino para que podamos mejorar.
A veces uno se pregunta cómo orar y a veces se pregunta qué hacer para mejorar la oración. Nuestro tiempo tiene dificultades para recogerse, para el silencio; las condiciones exteriores apropiadas para la oración no suelen darse, y las condiciones interiores de paz, de confianza tampoco se dan a veces.
Pero yo quiero destacar que nosotros no oramos porque seamos buenos; una oración bine hecha, no es una medalla que se le pone al que se ha portado bien, sino en primer lugar, es una medicina para el que ya no sabe cómo portarse, para el que ya no sabe qué hacer.
Hay un ejemplo de esa oración en este hombre que tenía un niño enfermo, fue donde los Apóstoles y no pudieron sanarlo, fue donde Jesús y Jesús le dice: "Si crees, es posible" (véase ), El Evangelista nos cuenta que aquel hombre gritó: "Yo sí creo, pero ayuda a mi poca fe" (véase ).
Esa oración de grito, esa oración de llanto, esa oración que nace de estrellarse uno con las dificultades, con los límites absolutos de uno mismo, esa oración que a veces ni palabras tiene, esa oración profunda, quemante, tiene un inmenso valor ante Dios.
Porque no está el valor de la oración en la elocuencia de las palabras, sino está, en primer lugar, en ese arrojar toda nuestra confianza en el Señor; una oración así logra grandes coas; una oración que se lanza completamente hacia el Señor. Por eso podemos esperar muchos bienes de esa oración