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Fecha: 20070223
Título: Hay que entristecerse de la ausencia de Cristo
Original en audio: 28 min. 14 seg.
Dios, cuando llega a nuestras vidas, tiene que enseñarnos todo. Encontrarse con Dios es empezar una nueva vida. Nueva vida significa una nueva manera de amar, una nueva manera de alegrarse, una nueva manera de llorar, una nueva manera de soñar.
"El que está en Cristo -nos dice la Escritura- es una creatura nueva" (véase 2 Corintios 5,17) ; y la novedad abarca todo; porque si somos creaturas nuevas, todo en nosotros tiene que empezar de nuevo. ¿Por qué digo esto? Porque Jesús en el evangelio breve que hemos oído nos enseña en dónde hay que empezar a entristecerse, de qué hay que aprender a entristecerse, nos educa en la tristeza.
Cualquiera diría que no se necesita esa doctrina, no hace falta esa clase que nos brinda este Maestro. Pero Jesús, que sí sabe lo que hay y lo que falta al corazón humano, sabe que es necesario brindarle esta lección.
Hay que aprender a alegrarse y hay que prender a entristecerse. La vida, ninguna vida es una perpetua fiesta; ninguna vida es un perpetuo hielo. Toda vida tiene sus momentos de tristeza y sus momentos de alegría.
La pregunta es: ¿Si nos alegramos por lo que debemos alegrarnos y si nos entristecemos por aquello que debe entristecernos, no es una cosa obvia? Y Cristo lo sabe y por eso en el evangelio de hoy nos da esa enseñanza.
Están criticando a los discípulos de Cristo porque les falta ayuno y de esa crítica Jesucristo toma ocasión para dar esa enseñanza que cabe en dos sencillas frases: "¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán" (véase San Mateo 9,15).
Se da a sí mismo el nombre de novio, y sus discípulos son los amigos del novio. Cuando se lleven al novio, cuando se acabe la promesa de amor, cuando se quite de nuestra vista la promesa de amor que es Jesucristo, entonces, sólo entonces, habrá que hacer ayuno y habrá que entristecerse.
Por eso, mis hermanos, Cristo es el que enseña de qué hay que entristecerse. Hay que entristecerse de la ausencia de Cristo. Hay que saber sentir tristeza de la ausencia de Cristo. Este diagnóstico es importantísimo, porque así como el hambre te pone en camino hacia el alimento, así también la tristeza te pone en camino hacia la alegría.
La tristeza te da una ruta, el hambre te da un camino. ¿Usted por qué tiene esa cara? Porque tengo hambre. El diagnóstico te pone en camino de una solución. Si el diagnóstico es correcto, estás en camino a la solución correcta. Si el diagnóstico está equivocado, estás en camino hacia una falsa solución. Vas a ser engañado, vas a ser estafado, no vas a quedar satisfecho, te van a hacer trampa.
Un buen diagnóstico es el camino necesario para llegar a una buena y verdadera y radical solución. El médico que se equivoque al hacer el diagnóstico de la enfermedad, pone al enfermo en camino de algo que no le va a curar y que seguramente le va a empeorar su condición.
Por ejemplo, nos cuenta el evangelio, el caso de aquella mujer que padecía flujos de sangre, y nos dice el evangelio, había perdido todo, todos sus bienes en los médicos, y no había curado sino que iba de mal en peor" (véase San Lucas 8,43).
Tener un diagnóstico equivocado es sufrir el destino de esa mujer, gastar lo que tiene se tiene ir de mal en peor; llegar al diagnóstico correcto es ponerse en el camino correcto, el camino de la solución.
El diagnóstico que orienta hacia la medicina, el hambre que orienta hacia el pan; la tristeza, el género de tristeza que tengas te orienta hacia la alegría. la persona que se entristece mal es como la persona que está mal diagnosticada; se pondrá en camino a buscar la alegría que cree que le va a arreglar el problema, pero que no se lo arregla, y sus tristeza será peor.
Es como el adicto: su organismo está débil y necesita alimento, pero su adicción le reclama más narcótico, más droga, y el hambre mentirosa, el hambre mentirosa de la droga, de su narcótico, de su estupefaciente le impide recibir el verdadero alimento que le va a devolver la salud al cuerpo.
Un hambre falsa: el hambre de ese placer, de esa droga, esa hambre falsa priva a esa persona de recibir el verdadero alimento. Hay que encontrar el hambre verdadera. Porque cuando una persona no ha encontrado el hambre verdadera, se fía del hambre falsa y busca donde no va a encontrar y gasta lo que tiene, y como aquella pobre mujer va a ir de mal en peor.
Ejemplos: la persona que está obsesionada con el dinero: "si yo tuviera más dinero, se acababan todos mis problemas", "yo lo que necesito es más plata".
Mira: el ser humano necesita muchas cosas: necesita salud, dinero, amor; pero también necesita perdón, paz, generosidad, y seguramente también necesita que le corrijan un poco de vicios que tiene; y también necesita luz para su entendimiento; y también necesita una esperanza para su alma. Uno necesita muchas cosas.
Equivocarse en el diagnóstico es obsesionarse en una falsa solución: "a mí todo se me arreglaría con un poco de dinero". Otra persona se obsesiona, por ejemplo, por el amor: "lo que yo necesito es una pareja" y "si llegara ese hombre de mis sueños", "si esa mujer de mis sueños llegara todo se me arreglaría".
Y uno conoce gente: a los veinte años no hacía nada por nadie, estaba ocupada envejeciéndose para la pareja que iba a llegar; a los treinta años no hacía nada por nadie, estaba ocupada mejorando las relaciones públicas para la pareja que iba a llegar; a los cuarenta años no hacía nada por nadie, estaba mirando si en el panorama asomaba la pareja que iba a llegar; a los cincuenta años no hacía nada por nadie, estaba demasiado amargada por la pareja que nunca llegó.
Treinta años de vida, treinta años que no hizo nada por nadie, porque tenía su obsesión, porque tenía su hambre, porque tenía su diagnóstico, y porque hasta el último momento pensó: "y si llegara esa paraja, yo sería feliz".
Su diagnóstico, su hambre, su género de tristeza le echó a perder la vida, su obsesión por lograr eso que consideraba que era lo único que le iba a hacer feliz, lo privó de la felicidad que seguramente Dios tenía para esa persona.
Por eso, al hambre también hay que ponerle orden. Yo necesito muchas cosas, pero hay que ponerle orden. Eso es lo que hace triste en nuestras vidas, eso es lo que hace triste en el Evangelio.
Cristo nos dice: "la primera hambre que hay que tener es hambre de Cristo", "la primera enfermedad es no tener a Cristo", "el diagnóstico de tu situación es haber perdido a Cristo". Empieza por ahí.