I082001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010227

Título: El lugar del culto a Dios es el mismo lugar del amor a nuestros hermanos

Original en audio. 7 min. 36 seg.


La lectura del libro del Eclesiástico sitúa las ofrendas como acto de culto, como acto de religión en su relación con la justicia, particularmente, con las relaciones que tiene con los prójimos, la relación que tiene con los hermanos.

Podemos decir que esta lectura nos enseña a evitar dos extremos: primero, el del culto vacío e hipócrita, cuando se nos dice: ("El que observa la ley, hace buena ofrenda" (véase Eclesiástico 35,1); "el que hace favores, ofrenda flor de harina, y el que da limosna, ofrece sacrificio de alabanza" (véase Eclesiástico 35,2).

Se nos está diciendo que el lugar del culto a Dios es el mismo lugar del amor al hermano,y que estos actos de justicia y de amor para con nuestros hermanos, son también obras de alabanza, obras de culto, obras de reconciliación con el Señor.

Es la misma idea que nos encontramos en otro lugar donde dice: "Rompe tus pecados con obras de justicia" (véase ), y también donde dice: "La limosna perdona muchos pecados" (véase ).

Es bien interesante pensar que el lugar de la absolución no siempre, no sólo está, para aplicarlo en nuestra Iglesia, en el confesionario, digamos que hay también un lugar de perdón allí donde se realizan obras de justicia y de amor por el hermano.

Ahora bien, desde luego que la enseñanza de la Iglesia es clara en el sentido de que para que esas obras de amor y de justicia tengan pleno valor ante Dios y sirvan realmente para reconciliación nuestra, pues eso no vale sin más para todos los pecados.

particularmente, si la vida de la gracia está muerta en el corazón, que es lo que sucede en el pecado mortal, pues la puerta a la que todos estamos llamados es indudablemente la confesión, el sacramento de la reconciliación, que aplica de nuevo en el corazón los frutos de la Pascua de Cristo.

Pero este hecho no puede hacernos olvidar que hay un lugar de perdón, que hay un lugar de reconciliación, sobre todo, porque para muchos de nosotros el pecado que mata a la vida de la gracia, y que por eso se llama mortal, no es el único pecado, y probablemente no es el pecado que está entorpeciendo fundamentalmente la obra de Dios en nuestros corazones.

De manera que si uno se va a quedar aplicando a su vida sólo lo que dice del pecado mortal, pues está muy descuidado, está miope con respecto a otras faltas que están haciendo mediocre la vida y que probablemente tendrán su mejor lugar de perdón ahí en la relación con los hermanos. Lo mismo sucede con respecto a la lectura de la Palabra de Dios. La lectura de la Biblia perdona pecados, lo mismo la oración, lo mismo el ayuno.

En fin, volviendo a nuestra lectura, aquí de lo que se trata es de contar que hay una relación estrechísima entre ese amor por el que abro el corazón a mi hermano y ese amor que abre el corazón para mí. Si abro el corazón a mi hermano, en ese mismo acto estoy abriendo el corazón de Dios para mí.