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Fecha: 20041220

Título: Acerca de las señales de Dios

Original en audio: 34 min. 10 seg.


De tantas cosas bellas, profundas, útiles, que podemos meditar ante los textos de hoy, yo quisiera detenerme en la palabra señal.

Dios, por boca del Profeta Isaías, le dice al rey Acaz: "Pide una señal" (véase Isaías 7,10-11). El Ángel Gabriel, hablando de parte de Dios, le da una señal a la Virgen María: "Ahí tienes a tu pariente Isabel. A pesar de su vejez, ha concebido un hijo" (véase San Lucas 1,36). ¡Señal! ¡Una señal en la primera lectura! ¡Una señal en el evangelio!

Yo creo, que si comprendemos bien lo que significan las señales que Dios da, podemos también apreciar mejor en qué consiste la fe.

La fe no es plena luz, pero la fe tampoco es oscuridad. Si la fe fuera completa oscuridad, entonces sería una pura apuesta: "Yo supongo que...; hago de cuenta que...". La fe no obra en la oscuridad, a pesar de que hay oscuridad y hay momentos oscuros de los que nos han hablado los Santos.

La fe no acontece en la pura oscuridad. Nos enseña el Apóstol San Pablo, que "cuando Dios habla, nos merece la obediencia de la fe" (véase Carta a los Romanos 16,26). Y con esto nos está indicando que la fe nuestra es fundamentalmente una respuesta.

Si la fe sucediera en la completa oscuridad, quiere decir que la fe tendría que salir de mí. Pero, la fe no sucede en la completa oscuridad, sino que en medio de la oscuridad de este mundo, hay algo que me llega y yo respondo con la fe.

La fe es una respuesta. ¿Respuesta a qué? A una señal. Lo que Dios me da es una señal. La respuesta a esa señal es la fe. La fe, entonces, no sucede en la oscuridad.

Sin embargo, la fe tampoco sucede en la plena luz. Observemos que la Santa Virgen hace una pregunta: "¿Cómo será eso?" (véase San Lucas 1,34). Además, notemos que "María se extraña del saludo que recibe del Ángel" (véase San Lucas 1,29).

¿Esto qué indica? Esto indica que hay una distancia infinita entre lo que Dios quiere proponer y lo que nosotros estaríamos dispuestos a comprender, a aceptar y a obedecer. Por este motivo descubrimos, que la fe tampoco sucede en la perfecta claridad. Si la fe sucediera en la perfecta y completa claridad, no tendría ningún mérito y uno nunca necesitaría explicaciones.

La fe no sucede, ni en la completa oscuridad ni en la completa claridad. La fe se mueve, acontece en el terreno de la penumbra, en el claroscuro. Y vivir en la fe, es vivir en una penumbra. Las cosas no son completamente claras, pero tampoco son completamente oscuras. Y por la misma razón, vivir en la fe, no es ni tan sencillo ni es imposible.

Si la fe fuera en la completa oscuridad, sería imposible. Si la fe fuera en la completa claridad, sería sencillísima. La vida en la fe no es ni sencilla ni imposible. No sucede en la claridad ni en la oscuridad, sino en la penumbra.

Este es el primer punto que deseo que nos quede claro. Caminar en la fe, peregrinar en la fe, es siempre estar en una especie de penumbra. Y mientras estamos en esta vida, -nos dice San Pablo-, "apenas vemos como en un espejo, vemos como borroso" (véase 1Corintios 13,12).

Así es en la vida de todos los cristianos. Pero, especialmente, así es cuando se quiere empezar una obra en la Iglesia. Todo cristiano que quiere tomar en serio su bautismo, tendrá que afrontar caminar en la penumbra. Mas, nunca es esto tan cierto, como cuando se quiere iniciar una nueva obra.

Si nosotros miramos un poco la vida de los Fundadores, descubrimos que tenían ciertas cosas claras, pero montañas de cosas que no entendían y que no eran en absoluto obvias.

Sólo en el desarrollo de los acontecimientos, y sólo mirando señales, leyendo señales, -Jesús las llamaba "signos de los tiempos" (véase San Mateo 16,3)-, leyendo los signos de los tiempos, guiándose por señales, avanzaron. Así pudieron hacer un camino que de alguna manera simplifica, -aunque nunca resuelve totalmente-, el camino de otros.

Entonces, fue más difícil para San Francisco de Asís que para los franciscanos, más difícil para Santo Domingo que para los dominicos, y más difícil para Jesús que para los jesuitas. Evidentemente, el camino del Fundador requiere más penumbra, porque hay más preguntas que están sin resolver. Esto indica, no que sea imposible, sino que cuando estamos abriendo camino, dependemos más del cada día, dependemos más de la Providencia.

Cuando se inició, por ejemplo, este camino, cuando empezó este peregrinar de lo que hoy se llama el Movimiento Sanctus, ustedes no podían saber con quién se iban a encontrar. ¿Quién les iba a ayudar? ¿Qué clase de retiros? ¿Qué clase de lecturas?