Pasion de Cristo 21

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Jesús y su Santa Madre

Tiempo real en audio:

Fecha: 20070204

Juan 19,25-27

Bienvenidos todos, está con ustedes Fray Nelson Medina, de la Orden de Predicadores.

Les invito a que escuchemos un versículo del Evangelio de San Juan: “Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre María la mujer de Cleofás y María Magdalena”.

Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

Hermanos en otro momento vamos a hacer una reflexión sobre esas palabras que dijo Jesús estando en la cruz:”Ahí tienes a tu hijo ahí tienes a tu madre”.

En este momento tomamos este único versículo (véase Juan 19, 25), solamente para reflexionar en lo que significa la presencia de María, en la Pasión de Cristo, lo que significa que ella esté ahí; muchos de nosotros tuvimos oportunidad de ver aquella magnífica producción cinematográfica “La Pasión de Cristo” dirigida por Mel Gibson. Y estaremos de acuerdo en que es una impresionante puesta en escena de lo que tuvo que haber sucedido especialmente la relación entre la Virgen y su hijo.

¡Qué hermoso, sublime, noble y al mismo tiempo doloroso¡. Pensemos hermanos, que esta mujer es la persona que mejor conoce a Jesucristo. El Evangelio de Lucas en el capitulo 2 nos dice que María guardaba en su corazón, estas cosas y meditaba en ellas y estas cosas son la infancia de Cristo y estas cosas son las primeras palabras, los pasos vacilantes, las primeras lagrimas; Ella mejor que nadie conoce al Hijo de Dios, Ella conoce el palpitar de ese corazón al que nosotros llamamos - porque así es- Sagrado Corazón.

Ella ha mirado más que nadie y mejor que nadie, esos ojos que un día en la asamblea del cielo juzgaran a todas las naciones, Ella, María entiende mejor que nadie las leves pero elocuentes variaciones del tono e voz de Jesús; Ella mejor que nadie comprende las imágenes que Jesús utiliza, Ella puede sumergirse más que nadie en el océano de la sabiduría que brota de los labios de Cristo.

Ella sabe qué le duele más a ése niño, que es su niño, Él es de todos nosotros porque ha venido por nuestra salvación, porque Él es de nuestra raza y de nuestra carne, pero nadie puede conocer mejor que Ella, ¿Qué siente este niño, qué siente éste Jesús? Eso lo conoce Ella mejor que nadie. Esta es María, y Ella que recibió el tesoro más grande de todos los siglos, en su corazón bendecido por la fe, en su vientre bendecido por el Espíritu, y en sus brazos santificados por la carne del Hijo de Dios.

Ella que recibió ese tesoro de un modo particularísimo tiene ahora que entregarlo por la salvación de todos nosotros, ya una vez tuvo que entregarlo cuando Jesús partió de la casa de Ella, no sé si es por mi misión de predicador, hermanos, que me conmueve tanto esa escena, talvez porque yo recuerdo el momento mismo en que tuve que dejar la casa de mis padres, camino del convento de los Dominicos.

Ése momento ese día esta profundamente grabado en el corazón de mi madre y en mi propio corazón, y esa mezcla de sentimientos de gratitud de alegría, de dolor de lagrimas, de sonrisa de abrazo, toda esa mezcla inexplicable, inexpresable, está ahí como una joya en mi alma, esa joya está también en el alma de mi madre.

Y yo pienso: si eso podemos decir nosotros para una misión comparativamente tan pequeña, tan transitoria, diminuta, al lado de todo lo que Jesús ha hecho y hace por nosotros, cómo sería ese momento, cómo seria en el corazón de la Virgen, cuando Ella despide a Jesús, cuando ése Jesús sale de la casa de Ella, para dedicarse ya para siempre lo que quiso desde niño.

Indudablemente esta santísima madre, tuvo que haberse acordado en ése día de aquella perdida del niño en el Templo ¿Recuerdan la respuesta que dio Jesús en esa ocasión? “Tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre”. Y se va Jesús, sale de la casa de María y queda un vacío, no puede quedar ese vació, esa es una ofrenda que Ella hace. Perdónenme que lo compare con la misma ofrenda que mi madre hizo con mi propia vida, ése es un vacío que queda en el corazón de una madre, es una entrega, y Ella entrega a su niño para que vaya y sea profeta y sea predicador, para que haga milagros asombrosos, Para que expulse a los demonios, para que derrame su sabiduría.

Ya no únicamente en el corazón de Ella, si no que deje, esa estela de sabiduría en tantos corazones como el tuyo y como el mío; María lo entrega ahí cuando Jesús sale de casa ¿Y luego que empieza a escuchar Ella, incluso de los propios parientes? Empieza a escuchar que ese Jesús está loco, empieza a escuchar que ese Jesús, escuchar que sí algunos le aclaman como rey, pero ya se dice que otros lo quieren matar...¡ No, no, la predicación de Cristo no sienta muy bien en los oídos de los poderosos, causa recelo , causa desconfianza, hay criticas.

¡Oh que duro para Ella¡ Ella que sí podía entender mejor que todos, que había un misterio de amor inefable, en ese niño, su niño y que tiene que empezar a oír esas cosas, quién podría disfrutar más del avance del ministerio de Cristo que la Santísima Virgen, y quién podría sufrir más que Ella cuando él era rechazado y eso es lo que viene a suceder en el momento final, en el momento de la Pasión; Eso es lo que viene a suceder, es el rechazo y el mismo había dicho que el profeta tiene que ser rechazado.

Tal vez eso en parte lo podemos comprender en parte, pero siempre duele, siempre, y ahora Ella al final de las vida terrena de su hijo, ve el rechazo definitivo, Ella que lo entregó al mundo, lleno de salud y de belleza, Ella que nos lo entregó, lleno de fuerza y de juventud, ahora tiene que contemplarlo, vuelto un guiñapo, vuelto una sola llaga, ensangrentado del cual dijo el profeta Isaías: “Ni siquiera parecía humano”.

Eso es lo que Ella recibe, después de haber entregado a su niño, y Ella acompaña el camino de la cruz de su hijo, sufriendo cada caída (seguramente como muestra la película de Gibson) recordando en esas caídas cuando Ella podía aliviar el dolor de su niño y ahora no puede hacer nada; Ella recorre ese camino , Ella llora las lagrimas de su hijo y se cumple la terrible profecía de Simeón: una espada de dolor atraviesa su corazón virginal, su corazón de madre, pero Ella permanece, está y esta de pie, permanece

Porque así como Jesús en medio de su dolor puede ser el predicador, el profeta y el gran misionero por excelencia, así como Jesús sigue siendo fiel a su misión, Ella sigue siendo fiel a su misión, Ella sigue dando a luz a ese Jesús, porque ya no solo le interesa, ese que esta bañado en sangre, le interesa que ese Jesús crezca en todos, en ti y en mi también, y si es precio es esa sangre y si ese es el parto, el terrible y doloroso parto espiritual que Ella tiene que hacer, para que halla vida en el mundo, lo acepta.

Ahora María tiene que repetir el “Si” que dio, cuando el ángel Gabriel apareció “Que se haga en mí según tu palabra” dijo María en aquella oportunidad y ahora lo tiene que repetir, “Que se haga en mí, según tu palabra” y ése fiat, ése hágase, ese si, esa aceptación de María ; trae para nosotros el milagro de la salvación.

Por eso nos enseña el Concilio Vaticano II, hay razón para llamara a María “Corredentora”. Porque ése sí de Ella que hizo posible que Dios nos regalara su amén, su “si” que es Cristo, ese si de Ella, trajo, atrajo la salvación y la redención a nosotros.

¡Bendita seas tu María entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Amén.¡