Camino de Sanación Tema 4 de 5

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Mis Queridos Amigos:

El corazón humano, ese que palpita dentro de tu pecho en este mismo instante, es toda una maravilla. Un corazón humano normal palpita más de sesenta veces por minuto, y eso, todos los días del año. Fácilmente un corazón palpita unas cien mil veces durante un día, eso significa muchos millones de veces si pensamos en un año, estamos hablando de cerca de treinta y cinco millones de veces en un año, eso significa que un señor de unos treinta años, pues ya ha tenido miles de millones de palpitaciones. ¡Qué maravilla es el corazón! No se detiene, además es muy grave que se detenga, muy serio.

El corazón humano es una maravilla, tú eres una maravilla, hermano. El corazón es sólo una de las maravillas que tienes adentro. Tus células, las células de tu cuerpo se renuevan sin cesar a un ritmo impresionante. Son cientos de miles de células por segundo que se están renovando. Los glóbulos rojos de tu cuerpo recorren decenas de kilómetros todos los días, son los mensajeros que llevan el oxígeno a todos los rincones de tu cuerpo, a todos los músculos y tejidos. Tú eres un milagro permanente, eres algo impresionante.

Si miramos los órganos de nuestros sentidos, nuestros oídos, la vista, el olfato es una cosa maravillosa, es impresionante. El olfato tiene una serie de receptores químicos para cientos de miles de sustancias distintas, y eso que hay especies animales que tienen un olfato todavía más desarrollado. Se dice, por ejemplo, que un perro puede identificar de tal manera el aroma, el olor de una persona, que no lo confunde con ninguna otra. Y un perro puede conocer decenas de miles de personas, pero no las confunde.

Somos maravillas de Dios. Y nuestra inteligencia, nuestro cerebro, imagínate que estoy hablando, y la operación que está haciendo tu cerebro en este momento: recibes esos impulsos auditivos y vas armando un discurso, vas armando palabras y las vas conectando con tus recuerdos, con tus sueños, con tus dolores, con tu oración. Házme el favor de decirle a la persona que tienes a tu lado: "Eres una maravilla del Señor".

Somos maravillas de Dios. Pero además de nuestra naturaleza, músculos, tendones, huesos, nuestro sistema digestivo, circulatorio, reproductor, además de todo eso, hay otras maravillas aún mayores, porque nuestro cuerpo puede compararse al cuerpo de los animalitos, por ejemplo, y algunos nos ganan. Pero resulta que nosotros podemos pronunciar el nombre de nuestro Hacedor, y le podemos llamar, y podemos pronunciar ese Nombre, podemos experimentar su presencia.

Hace un momento cuando entraba, veo ese hermosos espectáculo: una asamblea en alabanza, cantando, bendiciendo, glorificando al Señor, eso no pueden hacer los perritos, el perrito no puede conocer a su Creador; dicen que los elefantes tienen buena memoria, pero ellos no pueden recordar los prodigios de Dios; dicen que las hormigas son muy laboriosas, pero ellas no saben lo que es trabajar para el Dueño del universo, dicen que las águilas tiene una mirada muy penetrante, pero ellas no pueden escrutar las Escrituras.

Muchos animales son ágiles, muy ágiles, como las ardillas, los conejos, o los ratones, pero solamente nosotros podemos llegar hasta los escondites de la sabiduría.

Hermano, yo quiero que te sientas feliz de existir, quiero que sientas que los arroyos de vida que corren por tu ser son ya un regalo de tu Padre del cielo; quiero que te sientas gozoso de poder pensar, poder amar a Dios; quiero que sientas que llevas escrito el amor de Dios en cada una de tus células. ¡Cuánta hermosura está escondida en esas maravillas! Y nosotros no tenemos que pensar en eso: sucede como un regalo permanente.

En silencio, como esclavos discretos llenos de amor, los distintos tejidos de nuestro cuerpo van haciendo su obra. Eso que tú desayunaste hoy, ahí se va digiriendo, se van rompiendo las moléculas, se va preparando la absorción exactamente de lo que necesita tu cuerpo. Y tú ya no tienes que pensar en eso, tú eres como el gran gerente, tú sigues con lo tuyo, pero hay alguien, hay algo dentro de ti que va haciendo la maravilla. Desde que te despertaste hasta esta hora, ya son varias horas del día, no has tenido seguramente que concentrarte en que "tengo que respirar, tengo que respirar, que no se me olvide respirar, a ver, acordarse , acordarse: no dejar de respirar".

Funciona como por sí solo. Litros y litros y litros de oxígeno han llegado a tus pulmones, recorren tu ser, y ese oxígeno hace posible el vigor de tus músculos, la lucidez de tus pensamientos la hermosura de tu sonrisa, ¡qué sonrisas tan bellas tenemos este domingo aquí! Esa persona que está sonriendo con alegría es una persona que se siente amada, yo quiero que te sientas amado, yo quiero que sientas que tienes escrito el amor de Dios en todo tu cuerpo, yo quiero que sientas que Dios te pensó con amor.

Las más grandes maravillas sin embargo escapan a nuestra vista. ¿Qué es un pensamiento? ¿Qué es un recuerdo? ¿Cuál es la casa de la memoria? ¿En dónde están los laboratorios de la imaginación? Las ideas, ¿qué son las ideas?

Los filósofos rompen su pequeña cabeza tratando de escrutar estas preguntas, los neurólogos, los neurocientíficos examinan el cerebro, utilizan todo tipo de recursos: resonancias magnéticas, isótopos radioactivos, rayos X, rayos gamma, miran el cerebro una y otra vez, buscan patrones de comportamiento, pero no logran precisar en dónde se esconde el recuerdo que tú tienes del primer abrazo que te dio tu madre, ¿dónde está ese abrazo?¿dónde habita? Y, sin embargo, te acompaña.

Veo con alegría que hay varias parejas que han venido aquí juntas. A ver, por ejemplo, parejas de novios, parejas de esposos, tómense un momento de las mano y levántelas para que se vea, mírenlos, son bellos. Y cada una de esas parejas tiene una historia, y esas parejas pueden recordar, y tienen esa dulce memoria de un primer beso, de una primera serenata, de una primera poesía. Y eso habita contigo, pero hasta ahora ningún científico puede decir: "El primer beso está metido aquí entre esta fisura y este lóbulo", nadie sabe dónde habita el primer beso, pero el primer beso te acompaña. Y la primera oración que hiciste está contigo y te acompaña