Diferencia entre revisiones de «Camino de Sanación Tema 2 de 5»

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¡Qué impresionante esa palabra del Señor! ¡Pero qué impresionante también oír que Él nos invita a renovarnos! "Mira que estoy a la puerta y llamo; si uno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo" [[:Categoría:Apocalipsis 003_020|Apocalipsis 3,20]].
 
¡Qué impresionante esa palabra del Señor! ¡Pero qué impresionante también oír que Él nos invita a renovarnos! "Mira que estoy a la puerta y llamo; si uno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo" [[:Categoría:Apocalipsis 003_020|Apocalipsis 3,20]].
  
El señor se da cuenta que nosotros experimentamos la muerte ya estando en la vida; y por eso, tenemos que hacernos esta pregunta: "¿Qué es lo primero que se muere en nosotros?" Y hay una respuesta: Lo primero que muere en nosotros es el amor, y cuando muere el amor, ese sabor de muerte, y ese aroma de muerte, y esa parálisis de muerte empieza a invadirlo todo. Y por eso lo primero que tiene que se sanado es el amor.
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El señor se da cuenta que nosotros experimentamos la muerte ya estando en la vida; y por eso, tenemos que hacernos esta pregunta: "¿Qué es lo primero que se muere en nosotros?" Y hay una respuesta: Lo primero que muere en nosotros es el amor, y cuando muere el amor, ese sabor de muerte, y ese aroma de muerte, y esa parálisis de muerte empieza a invadirlo todo. Y por eso lo primero que tiene que se sanado es el amor.
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De esto, mis hermanos, vamos a hablar en nuestra segunda reflexión. La sanación de la afectividad, la sanación del amor, porque uno empieza a morirse por ahí, y de ahí se muere todo lo demás. Le decía Dios a Santa Catalina de Siena: "El alma humana está hecha e amor". Por eso, experimentar la muerte, es experimentar que se muere el amor.
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Cuando el amor de Dios se muere en nosotros, cuando el amor humano se muere en nosotros, cuando el amor a la vida se muere en nosotros, cuando la capacidad también de amarse uno sanamente se muere, entonces la persona siente que es un zombie, que es un cadáver que camina, que ya no tiene sentido seguir adelante.
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¿Cómo sanar nuestros afectos? ¿Qué tiene Dios para proponernos en esta época de tantas decepciones, de tantos dolores, de tantas preguntas sin respuesta? Yo pienso en todos, pero especialmente pienso en los más jóvenes. Vamos a pensar en una jovencita que tenga diecisiete, diecinueve años, veintidós años. Su cuerpo está sano, ¿pero cómo está su corazón? ¿Cómo están sus ilusiones? ¿Cómo está su visión del futuro? Su cuerpo está sano, su inteligencia está sana, ¿pero cómo está su esperanza?
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¿A qué le puede apostar una joven que hoy tenga veintidós años, que hoy tenga veintiún años, ¿a qué le puede apostar? ¿Qué puede hacer que esta joven mire el futuro y lo mire con alegría, y ella diga: "Dentro de diez años voy a ser más feliz, voy a estar mejor, voy a alcanzar tales o cuales metas"?
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Un muchacho que tenga veinte, veintitrés años, sano en su cuerpo, inteligente, que vive en un país con pocas oportunidades de trabajo, y que siente que los grandes referentes mundiales se derrumban: la Iglesia le ha decepcionado, los políticos le han decepcionado, en la universidad le machacan la fe, se la trituran, se burlan de ella, ¿ese muchacho cómo va a encontrar una ruta? ¿qué lo va a sostener en los próximos diez, quince, veinte, treinta años?
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Nosotros, que somos creyentes, sabemos que la respuesta es: El Señor. ¿Pero cómo hace Dios su obra para que ese joven o esa joven pueda vivir con esperanza y con alegría? Esa es la sanación del corazón y de la afectividad. Y lo vamos a mirar, mis hermanos, este tema, lo vamos a mirar desde el ángulo de la esperanza, construir esperanza, ¿cómo se puede construir esperanza?
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Yo quiero apoyarme especialmente en la Carta a los Gálatas, en el capítulo quinto. Allí donde nos dice el Apóstol San Pablo: "Nuestra vocación, hermanos, es la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los desos de la carne, sino del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros. Pues la Ley entera se resume en una frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo"" [[:Categoría:Gálatass 005_013-014|Carta a los Gálatas 5,13,14]]. Esto es tomado de la Carta a los Gálatas, capítulo quinto, versículos trece y catorce.
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Revisión del 19:59 6 mar 2014


Queridos Amigos:

Hay grandes necesidades en nuestro tiempo. La palabra "crisis" se repite por todas partes. Los escándalos de corrupción en el gobierno, en las empresas, en las Fuerzas Militares, y también en la Iglesia, se repiten con demasiada frecuencia. Hay una sensación de decepción y de terrible inseguridad, que hace que muchos jóvenes se pregunten si vale la pena mirar a un futuro, si vale la pena comprometerse con un matrimonio, si vale la pena prepararse con largos años de estudio, si al final hay tantas mentiras, hay tantas trampas, hay tanta incoherencia, ¿para qué esforzarse?

Esta crisis de sentido afecta profundamente a todos, pero especialmente a los niños y, sobre todo, a los jóvenes. Tenemos un problema, una epidemia mundial de suicidios. Ese acto desesperado de quitarse la vida lo llega a cometer una persona cuando siente que antes ya le han quitado la vida. Es decir, muchos de los que llegan al extremo del suicidio murieron tiempo atrás.

Sus esperanzas murieron, sus fuerzas murieron, sus sueños murieron, y ellos mismos se sintieron como cadáveres que deambulaban por las calles, como zombies, sacados de una película de terror. Cansados de ser muertos vivos, escogieron ser muertos muertos, y por eso, llegaron al extremo del suicidio.

La muerte, mis hermanos, no es algo que sucede únicamente al final del camino; hay personas que se están muriendo por dentro, hay personas que se sienten muertas por dentro. Por eso también el libro del Apocalipsis nos cuenta, entre aquellas iglesias, aquellas comunidades cristianas, nos cuenta: "Tienes nombre de vivo, pero estás muerto" Apocalipsis 3,1. Porque así pasa, que hay algunos que tienen nombre de vivos, pero están muertos.

¡Qué impresionante esa palabra del Señor! ¡Pero qué impresionante también oír que Él nos invita a renovarnos! "Mira que estoy a la puerta y llamo; si uno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo" Apocalipsis 3,20.

El señor se da cuenta que nosotros experimentamos la muerte ya estando en la vida; y por eso, tenemos que hacernos esta pregunta: "¿Qué es lo primero que se muere en nosotros?" Y hay una respuesta: Lo primero que muere en nosotros es el amor, y cuando muere el amor, ese sabor de muerte, y ese aroma de muerte, y esa parálisis de muerte empieza a invadirlo todo. Y por eso lo primero que tiene que se sanado es el amor.

De esto, mis hermanos, vamos a hablar en nuestra segunda reflexión. La sanación de la afectividad, la sanación del amor, porque uno empieza a morirse por ahí, y de ahí se muere todo lo demás. Le decía Dios a Santa Catalina de Siena: "El alma humana está hecha e amor". Por eso, experimentar la muerte, es experimentar que se muere el amor.

Cuando el amor de Dios se muere en nosotros, cuando el amor humano se muere en nosotros, cuando el amor a la vida se muere en nosotros, cuando la capacidad también de amarse uno sanamente se muere, entonces la persona siente que es un zombie, que es un cadáver que camina, que ya no tiene sentido seguir adelante.

¿Cómo sanar nuestros afectos? ¿Qué tiene Dios para proponernos en esta época de tantas decepciones, de tantos dolores, de tantas preguntas sin respuesta? Yo pienso en todos, pero especialmente pienso en los más jóvenes. Vamos a pensar en una jovencita que tenga diecisiete, diecinueve años, veintidós años. Su cuerpo está sano, ¿pero cómo está su corazón? ¿Cómo están sus ilusiones? ¿Cómo está su visión del futuro? Su cuerpo está sano, su inteligencia está sana, ¿pero cómo está su esperanza?

¿A qué le puede apostar una joven que hoy tenga veintidós años, que hoy tenga veintiún años, ¿a qué le puede apostar? ¿Qué puede hacer que esta joven mire el futuro y lo mire con alegría, y ella diga: "Dentro de diez años voy a ser más feliz, voy a estar mejor, voy a alcanzar tales o cuales metas"?

Un muchacho que tenga veinte, veintitrés años, sano en su cuerpo, inteligente, que vive en un país con pocas oportunidades de trabajo, y que siente que los grandes referentes mundiales se derrumban: la Iglesia le ha decepcionado, los políticos le han decepcionado, en la universidad le machacan la fe, se la trituran, se burlan de ella, ¿ese muchacho cómo va a encontrar una ruta? ¿qué lo va a sostener en los próximos diez, quince, veinte, treinta años?

Nosotros, que somos creyentes, sabemos que la respuesta es: El Señor. ¿Pero cómo hace Dios su obra para que ese joven o esa joven pueda vivir con esperanza y con alegría? Esa es la sanación del corazón y de la afectividad. Y lo vamos a mirar, mis hermanos, este tema, lo vamos a mirar desde el ángulo de la esperanza, construir esperanza, ¿cómo se puede construir esperanza?

Yo quiero apoyarme especialmente en la Carta a los Gálatas, en el capítulo quinto. Allí donde nos dice el Apóstol San Pablo: "Nuestra vocación, hermanos, es la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los desos de la carne, sino del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros. Pues la Ley entera se resume en una frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo"" Carta a los Gálatas 5,13,14. Esto es tomado de la Carta a los Gálatas, capítulo quinto, versículos trece y catorce.

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