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Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o sobre naturales que garanticen ese mismo bienestar.
 
Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o sobre naturales que garanticen ese mismo bienestar.
  
Es verdad que todos los bienes provienen de Dios
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Es verdad que todos los bienes provienen de Dios, pero también es verdad que no todos los bienes nos llevan a Dios. Así traduciría yo esta enseñanza de Oseas. Sí, todos los bienes provienen de Dios, pero no todos los biens nos llevan a Dios.
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San Pablo lo dice de otra manera: "Todo es lícito, no todo conviene". Descubrir cuáles son los bienes que convienen, esa sí es sabiduría espiritual. Y ahora aplíquele eso a todos los aspectos de su vida.
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¿Cuál es la comodidad que conviene? Pues uno necesita un cierto grado de comodidad en todo sentido. de comodidad física, necesita una cierta estabilidad, sosiego, espacio libre y tiempo disponible para poder estudiar; necesita un cierto espacio afectivo de cierta amistad, uno no puede vivir indefinidamente de pelea, agarrado con todo el mundo, uno necesita una cierta comodidad, una cierta estabilidad, ¿Pero cuál es la que a mí me sirve? ¿Cuál es la que me conviene?

Revisión del 01:21 29 jun 2010

Fecha:20000712

Título:

Original en audio: 14 min. 9 seg.


                                EN TRANSCRIPCIÓN

El profeta Oseas castiga con sus palabras el corazón dividido de los israelitas, que aprovecharon un cierto desorden que se presentó en una de esas transiciones complicadas de la política del reino del Norte, del reino de Israel, y sentían que, no habiendo gobierno visible, cesaba también el señorío de Dios.

Realmente esa historia de ese reino del Norte es más bien triste, porque no llegó a consolidar ninguna dinastía, y porque todas estas voces de los profetas, podemos decir que quedaron casi en el vacío. Sirven ahora para nosotros, pero ese pueblo como tal desapareció, y esas diez tribus de Israel se disolvieron en la nada y el vacío.

Por eso tomemos nosotros este mensaje, que si no aprovechó a ellos, pero sí permanece, seguramente es porque permanece para nosotros.

Dos son las cosas que critica Oseas en esta lectura, y nosotros las podemos tomar, más que como un catigo,como una advertencia, como una exortación, porque ya vemos que la desobediencia a estas palabras acarrea la ruina.

Las dos cosas que toma Oseas en este pasaje son: el corazón dividido y la multiplicación de altares, de acuerdo con la prosperidad. Es tan diciente esa frase que dice el profeta que a medida que iban mejorando los frutos, iban mejorando los altares idolátricos: "Cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares" Oseas 10,1.

Las dos criticas son ese corazón que cree en Dios cuando le conviene, y luego esta multiplicación de ídolos, a medida que se multiplican los bienes. Ahí podemos encontrar una raíz profunda que llevará a superar esa idea que estaba en el Antiguo Testamento.

Fíjate que en el Antiguo Testamento, la riqueza, la prosperidad, eran siempre señal de bendición de Dios. El que es bendecido por Dios, le tiene que ir bien; el que se aparta de Dios, le tiene que ir mal.

Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o sobre naturales que garanticen ese mismo bienestar.

Es verdad que todos los bienes provienen de Dios, pero también es verdad que no todos los bienes nos llevan a Dios. Así traduciría yo esta enseñanza de Oseas. Sí, todos los bienes provienen de Dios, pero no todos los biens nos llevan a Dios.

San Pablo lo dice de otra manera: "Todo es lícito, no todo conviene". Descubrir cuáles son los bienes que convienen, esa sí es sabiduría espiritual. Y ahora aplíquele eso a todos los aspectos de su vida.

¿Cuál es la comodidad que conviene? Pues uno necesita un cierto grado de comodidad en todo sentido. de comodidad física, necesita una cierta estabilidad, sosiego, espacio libre y tiempo disponible para poder estudiar; necesita un cierto espacio afectivo de cierta amistad, uno no puede vivir indefinidamente de pelea, agarrado con todo el mundo, uno necesita una cierta comodidad, una cierta estabilidad, ¿Pero cuál es la que a mí me sirve? ¿Cuál es la que me conviene?