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De ese modo las lecturas no se repiten exactamente igual sino cada dos años. Porque, los años impares tienen sus lecturas, es decir, lo que va en la primera lectura, y los años pares tienen su primera lectura.
 
De ese modo las lecturas no se repiten exactamente igual sino cada dos años. Porque, los años impares tienen sus lecturas, es decir, lo que va en la primera lectura, y los años pares tienen su primera lectura.
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''Esto de la liturgia, yo considero que es muy importante, porque si uno no aprende a ubicarse en estas cosas, entonces uno asiste a la Misa como a lo que salga. Y una persona que llega a Misa a lo que salga, es poco lo que aprovecha.''
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¿Sabe por qué? Porque, cuando uno va a Misa con el criterio de, "a lo que salga", uno intenta ubicarse. Como no tiene un mapa en la cabeza, como no tiene una formación litúrgica, intenta ubicarse es a base de los recuerdos.
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Le pasa lo del borrachito aquel que fue a la iglesia, empezaron a leer el evangelio y él decía: "Lo mismo del año pasado". Y hablaba duro, como todo borracho, imprudente:  "¡Lo mismo del año pasado!"
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El padre seguía leyendo y el borracho allá a cada rato interrumpía:  "Lo mismo del año pasado". Hasta que el padre no se aguantó más y mandó que lo sacaran a escobazos o como fuera. Cuando iba en la puerta, ya lo estaban terminando de sacar, dijo:  "¡Lo mismo del año pasado!".
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La persona que no sabe nada de liturgia, cuando llega a una celebración, lo que está es oyendo lo mismo del año pasado. Y de ahí que nosotros le sacamos tan poquito provecho a la liturgia.
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Porque, como estamos con esa historia de,  "lo mismo del año pasado", cuando uno escucha, uno le pone cuidado es a lo que ya escuchó; no le pone cuidado a lo nuevo, al contenido nuevo, a la vitamina nueva que le trae la Palabra de Dios para que uno se forme.
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Por eso, aunque estos temas no son exactamente de homilía, teniendo un grupo tan selecto y tan hermoso, yo estimo que es mi deber como sacerdote compartirles esto, porque es parte de la celebración y porque ayuda a que ustedes se concienticen en la hermosura de la celebración de la Iglesia.
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Bueno, y ahora viene nuestra siguiente pregunta: ¿Y esas primeras lecturas de dónde salen? Pues, una parte sale del Antiguo Testamento y otra parte sale del Nuevo, en los años impares.
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En cambio, en los años pares, una parte sale del Nuevo Testamento, y otra parte sale del Antiguo. Entonces dice uno: "Bueno, ¿pero cual es la diferencia real?" No es tan fácil describirlo en unas pocas palabras.
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De manera que lo que yo voy a hacer en este momento, es contarles por qué resultamos aquí escuchando esta lectura de un Profeta Samuel, que no hallaba si nombrarle o no nombrarle rey a los israelitas.
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¿Y eso qué tiene que ver? ¿De dónde sale éso? ¿Qué hubiera pasado si nosotros estuviéramos en año impar? Si nosotros estuviéramos en la primera semana del año impar, ¿qué es lo primero que se empieza a leer? Pues, para sorpresa nuestra, se empieza con la Carta a los Hebreos.
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¿Y qué tiene que ver la Carta a los Hebreos? ¿Y por qué empezó con la Carta a los Hebreos y no con la Carta a los Gálatas, o con lo que hubiera sido? No podemos responder todas las preguntas, pero sí podemos responder algunas.
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Yo quiero comentar hoy lo del libro de Samuel, con la esperanza de que en un retiro que hagamos de aquí a un año, aclararemos el misterio de la Carta a los Hebreos. Por ahora, especificamos, explicamos, qué pasa con el libro de Samuel.
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Resulta que un ejercicio muy saludable que usted puede hacer viniendo furtivamente a la Sacristía, -sobre todo aquí parece que no cierran mucho-, es tomar este libro y empezar usted que tiene ese amor por Jesucristo, con amor de esposa, a conocer el mundo de su Esposo.
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Yo pienso que una esposa que realmente se sienta amada y que esté enamorada, trata a las cosas de su esposo con una ternura particular; si está realmente enamorada.
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Si se encuentra, por ejemplo, la ropita sucia del esposo que llegó cansado del viaje, no dice: "¡Estos puercos chiros, puerca vida, puerca ropa, puerca ..., y yo aquí!" Seguramente que no.
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Si ella siente amor, aún esa ropita sucia, la ropita sucia del amado, aunque se tratara de éso, tiene un cariño, tiene un significado para ella. Y la lava, la prepara, la arregla, la plancha con ese amor, porque es para su amado.
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''Así también, nosotros, con esa mente y con ese corazón que ha de tener la esposa de Jesucristo, nos acercamos a la liturgia. ¡Estas son las cositas de Cristo, estos son los misterios de Cristo, esta es la intimidad de Cristo!''

Revisión del 22:31 7 ene 2010

Fecha: 20000114

Título: Un corazon enamorado de Cristo se acerca a la liturgia

Original en audio: 15 min. 47 seg.


Estamos empezando en esta semana ese tiempo litúrgico extenso que se suele llamar el Tiempo Ordinario. Sabemos que existe el Adviento, que prepara la Navidad, y existe la Cuaresma, que prepara para la Pascua.

Estos cuatro tiempos, Adviento, Navidad, y Cuaresma, Pascua, a veces son llamados los tiempos litúrgicos fuertes. Son como intensos en la contemplación de lo central, lo esencial del misterio de Jesucristo.

El resto del año, es decir, lo que no pertenece a estos cuatro tiempos, se llama "Tiempo Ordinario", o "Tiempo durante el Año", nombre que me gusta más, porque "ordinario" es como de mala calidad, o es como lo que resulta común.

"Ordinario", ahí, lo que significa es que va de acuerdo con un orden. Es el tiempo durante el año, y esta es la primera semana del "Tiempo durante el Año".

La lectura que acabamos de escuchar, pertenece a esa serie que ha preparado la Iglesia, para que se lea entre semana durante ese tiempo que se llama, "Tiempo durante el Año".

Pero, resulta que la Iglesia ha dispuesto las lecturas de esta manera: El evangelio es siempre el mismo. Durante este Tiempo Ordinario, siempre se escucha cada año la misma serie de evangelios, una serie que empieza por el Evangelista Marcos, luego sigue por el Evangelista Mateo, y luego continúa por el Evangelista Lucas.

De manera que si una persona asiste a la Santa Misa entre semana, lo que litúrgicamente se llama "las Ferias", pues, a lo largo del año hace una lectura muy completa de esos tres Evangelios, Marcos, Mateo y Lucas.

El Evangelio de Juan se escucha abundantemente en el Tiempo Pascual y también algunos trozos durante el año. Pues bien, esa es la serie del Evangelio que se repite igual todos los años.

En cambio, la primera lectura que va acompañando a ese evangelio, ésa sí cambia. Este libro gordo que tenemos acá, -es así de gordo porque trae todas las lecturas del Tiempo Ordinario para las Ferias-, miremos a ver qué dice aquí.

Dice: "Tiempo Ordinario, lectura continuada para los días feriales, ciclo completo". Este libro gordo trae tres partes. Una primera parte es para los años impares, es la primera lectura de la Misa durante los años impares.

Aquí va numerando las semanas, cada semana: semana octava, sigue, semana decimosexta, semana vigésima cuarta, hasta llegar a la última semana. Son treinta y cuatro semanas del Tiempo Ordinario. ¡Treinta y cuatro!

La primera parte de este libro gordo y pesado, contiene éso. ¿Llega hasta dónde? Llega hasta el punto en donde termina la semana trigésima cuarta, la número treinta y cuatro. Todas esas hojas son la primera lectura del Tiempo Ordinario en los años impares.

Luego, la parte central del libro de donde yo hice la lectura, ciertamente corresponde a los Evangelios. Ahí está la historia que les he contado.

Toda esta sección corresponde a los Evangelios, semana por semana: los Evangelios, empezando por Marcos, siguiendo por Mateo y terminando por Lucas.

Y la última parte, -ya ustedes que son perspicaces se habrán imaginado qué es-, son las primeras lecturas durante los años pares.

De ese modo las lecturas no se repiten exactamente igual sino cada dos años. Porque, los años impares tienen sus lecturas, es decir, lo que va en la primera lectura, y los años pares tienen su primera lectura.

Esto de la liturgia, yo considero que es muy importante, porque si uno no aprende a ubicarse en estas cosas, entonces uno asiste a la Misa como a lo que salga. Y una persona que llega a Misa a lo que salga, es poco lo que aprovecha.

¿Sabe por qué? Porque, cuando uno va a Misa con el criterio de, "a lo que salga", uno intenta ubicarse. Como no tiene un mapa en la cabeza, como no tiene una formación litúrgica, intenta ubicarse es a base de los recuerdos.

Le pasa lo del borrachito aquel que fue a la iglesia, empezaron a leer el evangelio y él decía: "Lo mismo del año pasado". Y hablaba duro, como todo borracho, imprudente: "¡Lo mismo del año pasado!"

El padre seguía leyendo y el borracho allá a cada rato interrumpía: "Lo mismo del año pasado". Hasta que el padre no se aguantó más y mandó que lo sacaran a escobazos o como fuera. Cuando iba en la puerta, ya lo estaban terminando de sacar, dijo: "¡Lo mismo del año pasado!".

La persona que no sabe nada de liturgia, cuando llega a una celebración, lo que está es oyendo lo mismo del año pasado. Y de ahí que nosotros le sacamos tan poquito provecho a la liturgia.

Porque, como estamos con esa historia de, "lo mismo del año pasado", cuando uno escucha, uno le pone cuidado es a lo que ya escuchó; no le pone cuidado a lo nuevo, al contenido nuevo, a la vitamina nueva que le trae la Palabra de Dios para que uno se forme.

Por eso, aunque estos temas no son exactamente de homilía, teniendo un grupo tan selecto y tan hermoso, yo estimo que es mi deber como sacerdote compartirles esto, porque es parte de la celebración y porque ayuda a que ustedes se concienticen en la hermosura de la celebración de la Iglesia.

Bueno, y ahora viene nuestra siguiente pregunta: ¿Y esas primeras lecturas de dónde salen? Pues, una parte sale del Antiguo Testamento y otra parte sale del Nuevo, en los años impares.

En cambio, en los años pares, una parte sale del Nuevo Testamento, y otra parte sale del Antiguo. Entonces dice uno: "Bueno, ¿pero cual es la diferencia real?" No es tan fácil describirlo en unas pocas palabras.

De manera que lo que yo voy a hacer en este momento, es contarles por qué resultamos aquí escuchando esta lectura de un Profeta Samuel, que no hallaba si nombrarle o no nombrarle rey a los israelitas.

¿Y eso qué tiene que ver? ¿De dónde sale éso? ¿Qué hubiera pasado si nosotros estuviéramos en año impar? Si nosotros estuviéramos en la primera semana del año impar, ¿qué es lo primero que se empieza a leer? Pues, para sorpresa nuestra, se empieza con la Carta a los Hebreos.

¿Y qué tiene que ver la Carta a los Hebreos? ¿Y por qué empezó con la Carta a los Hebreos y no con la Carta a los Gálatas, o con lo que hubiera sido? No podemos responder todas las preguntas, pero sí podemos responder algunas.

Yo quiero comentar hoy lo del libro de Samuel, con la esperanza de que en un retiro que hagamos de aquí a un año, aclararemos el misterio de la Carta a los Hebreos. Por ahora, especificamos, explicamos, qué pasa con el libro de Samuel.

Resulta que un ejercicio muy saludable que usted puede hacer viniendo furtivamente a la Sacristía, -sobre todo aquí parece que no cierran mucho-, es tomar este libro y empezar usted que tiene ese amor por Jesucristo, con amor de esposa, a conocer el mundo de su Esposo.

Yo pienso que una esposa que realmente se sienta amada y que esté enamorada, trata a las cosas de su esposo con una ternura particular; si está realmente enamorada.

Si se encuentra, por ejemplo, la ropita sucia del esposo que llegó cansado del viaje, no dice: "¡Estos puercos chiros, puerca vida, puerca ropa, puerca ..., y yo aquí!" Seguramente que no.

Si ella siente amor, aún esa ropita sucia, la ropita sucia del amado, aunque se tratara de éso, tiene un cariño, tiene un significado para ella. Y la lava, la prepara, la arregla, la plancha con ese amor, porque es para su amado.

Así también, nosotros, con esa mente y con ese corazón que ha de tener la esposa de Jesucristo, nos acercamos a la liturgia. ¡Estas son las cositas de Cristo, estos son los misterios de Cristo, esta es la intimidad de Cristo!