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Hermanos Muy Queridos:
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La expresión más repetida en la primera lectura de hoy, nos da como la clave y el sabor de esta liturgia cuando ya se aproximan los días santos de la Navidad.
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¿Qué es lo que nos repite el Profeta? O mejor: ¿Qué es lo que nos repite Dios por boca del Profeta? "Yo soy el Señor y no hay otro" (''véase'' Isaías 45,6 ; 45,18).
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Fíjate que en el fondo es el mismo contenido del primer mandamiento de la Ley de Dios: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas" (''véase'' San Mateo 22,37 ; Deuteronomio 6,5).
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Ese amor que solamente Dios merece, proviene de lo que estamos oyendo el día de hoy:  "Yo soy el Señor y no hay otro" (''véase'' Isaías 45,6 ; 45,18). ¡Y qué hermoso es lo que se nos dice!: "Vuélvete hacia mí para salvarte! (''véase'' Isaías 45,22); que es un sólo Dios y que sólo en Él está la salvación.
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''Porque, en efecto, si solamente Él es Señor, sólo hay una condenación, que es apartarse de Él, y sólo hay una salvación, que es el volverse hacia Él.''
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"Vuélvete hacia mí y serás salvo. Vuélvete a mí y encontrarás salvación" (''véase'' Isaías 45,22). Ese lenguaje tan vigoroso en la palabra de Isaías, es el mismo lenguaje que vamos a encontrar, repleto de ternura y de humanidad, en el Pequeño, en el Niño pequeño y bello del pesebre, ese Niño que dentro de pocos días vamos a mirar con arrobo, con amor, con gratitud.

Revisión del 04:05 30 nov 2009

Fecha: 20041215

Título: Lo maravilloso de la Navidad es la cercania en Jesus del llamado de salvacion

Original en audio: 5 min. 14 seg.


Hermanos Muy Queridos:

La expresión más repetida en la primera lectura de hoy, nos da como la clave y el sabor de esta liturgia cuando ya se aproximan los días santos de la Navidad.

¿Qué es lo que nos repite el Profeta? O mejor: ¿Qué es lo que nos repite Dios por boca del Profeta? "Yo soy el Señor y no hay otro" (véase Isaías 45,6 ; 45,18).

Fíjate que en el fondo es el mismo contenido del primer mandamiento de la Ley de Dios: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas" (véase San Mateo 22,37 ; Deuteronomio 6,5).

Ese amor que solamente Dios merece, proviene de lo que estamos oyendo el día de hoy: "Yo soy el Señor y no hay otro" (véase Isaías 45,6 ; 45,18). ¡Y qué hermoso es lo que se nos dice!: "Vuélvete hacia mí para salvarte! (véase Isaías 45,22); que es un sólo Dios y que sólo en Él está la salvación.

Porque, en efecto, si solamente Él es Señor, sólo hay una condenación, que es apartarse de Él, y sólo hay una salvación, que es el volverse hacia Él.

"Vuélvete hacia mí y serás salvo. Vuélvete a mí y encontrarás salvación" (véase Isaías 45,22). Ese lenguaje tan vigoroso en la palabra de Isaías, es el mismo lenguaje que vamos a encontrar, repleto de ternura y de humanidad, en el Pequeño, en el Niño pequeño y bello del pesebre, ese Niño que dentro de pocos días vamos a mirar con arrobo, con amor, con gratitud.