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Ustedes son embajadores del pueblo de los santos del Altísimo. Ese es el llamado para ustedes. Ustedes, casados y solteros, viudos, separados, ¿cuántas ocupaciones y profesiones habrá aquí? Campesinos, ganaderos, artesanos, conductores, comerciantes, estudiantes, profesionales, ustedes son voz de Cristo, presencia del Santo por excelencia en medio de esta tierra. | Ustedes son embajadores del pueblo de los santos del Altísimo. Ese es el llamado para ustedes. Ustedes, casados y solteros, viudos, separados, ¿cuántas ocupaciones y profesiones habrá aquí? Campesinos, ganaderos, artesanos, conductores, comerciantes, estudiantes, profesionales, ustedes son voz de Cristo, presencia del Santo por excelencia en medio de esta tierra. | ||
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| + | Ustedes tienen una vocación muy grande; ustedes son pueblo de los santos del Altísimo; ustedes son presencia santificadora que es capaz de transformar el mundo, porque Dios quiere que el imperio no esté en manos de inicuos, sino en manos de santos. | ||
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Revisión del 20:07 12 nov 2009
Fecha: 20011201
Título:
original en Audio: 22 min. 19 seg.
CONTINUARÁ LA TRANSCRIPCIÓN
De parte de Jesucristo quiero decirles: gracias. De parte de Jesús, gracias por estar aquí. La presencia de ustedes significa mucho.
Cristo no alimenta con su Palabra y con la Eucaristía. Cristo se parece a un ama de casa que ha preparado un maravilloso banquete, como lo dice el libro de los Proverbios, y que invita para que nosotros participemos de su banquete.
Y así como el ama de casa es feliz cuando la gente llega y recibe los alimentos y se come todo, así también quiere Jesús con nosotros. Y ustedes, amigos, le están dando ese gusto a Jesús. Pensemos en eso.
Jesús estuvo una vez en casa de dos hermanas, se llamaban Marta y María. Y Marta atendía a jesús con mucho amor, con cuánto amor lo atendía, y le daba, seguramente, agua para que lavase sus pies, y le daba de comer, y le daba de beber, y trataba de que estuviera lo mejor posible, y preparaba, seguramente, algunos alimentos.
María, en cambio, sentadita a los pies de Cristo, se quedaba oyéndole y oyéndole, bebiéndose las palabras, comiéndose ese banquete deliciosos que salía de la predicación de Cristo. Y a Jesús le gustó más que lo oyeran, a que lo atendieran.
Con esas caminadas tan terribles, con ese cansancio, con ese sol, con esa sed, pero Jesús quiere sobre todo ser escuchado, ser atendido.
Por eso cada vez que un alma contemplativa, cada vez que un alma enamorada se acerca a los pies de Jesús y medita la Palabra de Jesús, ¡ahh, le está dando un gusto muy grande a jesucristo!¡Está dándole amor a Cristo! Porque Cristo es el Enviado del Padre; Cristo viene como un regalo.
Cuando nosotros oímos a Cristo, cuando nosotros aceptamos a Cristo, cuando nosotros amamos a Cristo, estamos rcibiendo ese regalo.
Si un cartero llega a una casa, y no le dejan entregar su sobre, el cartero queda frustrado, allá contará en la oficina de correo: "No pude entregar el sobre". Pero el objetivo, la misión de él no se alcanzó.
Jesús nuestro Señor es un cartero, y viene del cielo con un mensaje salido del corazón de Papá Dios, y así llega Jesús a nuestra casa, a nuestro corazón; y cuando nosotros le abrimos, cuando nosotros lo recibimos, Él puede decir lo que dijo en la hora de la Cruz: "Todo está consumado" San Juan 19,30, que quiere deir también: "Misión cumplida"; ¡qué maravilla, se ha podido hacer la misión!"
Cuando tú escuchas Cristo y tú le dices en tu corazón: "Sí, sí, te creo, Señor, te acepto, Señor, eso que tú estás diciendo es mi fe, es lo que yo amo, tú eres mi esperanza y yo te recibo", Jesús, en ese momento puede decir: "Misión cumplida".
Por eso, en este congreso de evangelización, en este evento tan hermoso, nosotros le estamos dando mucho amor a Jesucristo; y por eso, yo siento palpitar el Corazón de Cristo, ¿sabían ustedes que una de las gracias que tiene el sacramento del Orden, es que un sacerdote a veces puede sentir un poco de lo que siente Cristo? Esa es una gracia que tiene el sacramento del Orden.
Yo estoy puesto aquí no solamente como un predicador, como un echador de discursos; yo estoy puesto aquí por la autoridad de la Iglesia, por la unción del Espíritu Santo, por la gracia sacramental. Todo eso significa el sacramento del Orden. Dios me libre de la vanidad o de la soberbia, pero estoy aquí por eso.
Y yo soy, imagínese, yo soy una presencia de Cristo como cabeza de su pueblo, porque eso es propio del sacerdote.
Cuando un predicador protestante le dice y le dice a la gente que Jesús es amor, y de pronto hasta hace milagros, pues eso puede ser muy bonito, pero la presencia de Cristo como cabeza de su pueblo sólo existe en el sacramento del Orden, es decir, en los obispos, y en quienes colaboramos con el ministerio de los obispos, es decir, con los sacerdotes.
Osea que, figúrese, que yo soy una presencia de Cristo como cabeza, y entonces, si yo me dispongo como sacerdote, -y lo mismo deseo para mis hermanos seminaristas y sacerdotes y diáconos-, si yo me dispongo como sacerdote, entonces Jesús, a través de mis ojos, va a mirar a su pueblo; y de pronto, a través de mi palabra también va a alimentar a su pueblo.
Y de pronto este corazón mío, aunque no es el corazón perfecto, inmaculado, santo que Cristo quisiera, este corazón mío, tomado por el Espíritu Santo, puede sentir un poco de lo que siente cristo.
Y yo creo que yo siento en este momento un poco de lo que siente Cristoc, y yo creo que Cristo me manda que les diga: "Gracias, gracias por haber venido, gracias, gracias por creer, gracias por amar, gracias por darle una oportunidad al mensaje de amor que viene del corazón de mi Padre Dios". Eso nos manda decir Cristo, y eso quería yo compartir con ustedes en primer lugar en esta celebración.
Ustedes, amigos, ustedes son las semillas de la santidad en la tierra; ustedes, sobre todo así alrededor del altar, ustedes son la representación de lo que escuchábamos en la primera lectura, bueno, es una lectura un poco complicada, porque hay unas viisiones y unos monstruos y unas cosas ahí tremendas, pero lo más importante es que está el pueblo de los santos del Altísimo.
Ustedes son embajadores del pueblo de los santos del Altísimo. Ese es el llamado para ustedes. Ustedes, casados y solteros, viudos, separados, ¿cuántas ocupaciones y profesiones habrá aquí? Campesinos, ganaderos, artesanos, conductores, comerciantes, estudiantes, profesionales, ustedes son voz de Cristo, presencia del Santo por excelencia en medio de esta tierra.
Ustedes son representante, ustedes son semillas, ustedes son fermento de de la santidad en este mundo. No es fácil, esa vocación, nos dice el Evangelio, esa vocación se nos puede olvidar. Por eso Jesús advierte, y dice: "Que no se les vaya a embotar la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida" San Lucas 21,34.Jesús habla las cosas muy claramente.
Ustedes tienen una vocación muy grande; ustedes son pueblo de los santos del Altísimo; ustedes son presencia santificadora que es capaz de transformar el mundo, porque Dios quiere que el imperio no esté en manos de inicuos, sino en manos de santos.
Qué terrible es cuando la astucia, cuando la intriga, cuando la corrupción se adueñan del poder; qué terrible cuando el poder está en manos de la iniquidad; que bendición, en cambio, si el poder está en manos de la santidad.
Ustedes son pueblo de los santos del Altísimo, pero ustedes están en peligro