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| + | ¿Les habla así Cristo? ¡No! Calma la tormenta, y con el mismo impulso, con el mismo vigor, -yo tengo que decirlo-, regaña a los discípulos. | ||
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| + | ¡Ahora comienza todo! No dejemos que se nos predique este evangelio, para afirmar que Cristo simplemente apacigua, que Cristo tranquiliza. | ||
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| + | ''Cristo quiere que todas esas energías que nosotros gastamos admirando el mal, las empecemos a gastar admirando el bien y confiando en el bien.'' | ||
Revisión del 02:56 16 jun 2009
Fecha: 19970622
Título: Dejar de admirar el mal que llega, para admirar el bien que se encuentra a nuestro lado
Original en audio: 7 min. 7 seg.
Jesús calmó la tormenta. ¡Vamos a ver si eso es así! Vamos a ver si la tormenta quedó calmada. Los discípulos le decían: "¿No te importa que nos hundamos?" (véase San Marcos 4,38).
Sentían que se estaban hundiendo. ¡Vamos a ver si eso es así! Vamos a ver si se estaban hundiendo, o si ya estaban hundidos. Y vamos a ver si la tormenta se calmó, o si cambió de lugar.
Porque, algunas veces se predica este evangelio como diciendo: "¡Mira! ¡Cuánta paz trae Cristo! Todo quedó en calma." ¿Todo? El viento, sí; el mar, también; el corazón, no.
El corazón quedó en tormenta. ¿Sí calmó Cristo la tormenta? ¿O, la cambió de sitio? ¿Y sí era verdad que se estaban hundiendo? ¿O, no sería que ya estaban hundidos?
Porque, preguntémonos: ¿Cuál será una reacción, -llamémoslo así-, "lógica", ante el tremendo susto que han pasado esos discípulos? Parece que la reacción normal sería: "¡Hombre! ¡Cálmense! ¡Ya pasó todo, mis amigos! Fue sólo un mal momento, pero ya pasó."
¿Les habla así Cristo? ¡No! Calma la tormenta, y con el mismo impulso, con el mismo vigor, -yo tengo que decirlo-, regaña a los discípulos.
Porque, no les dice: "¡Ya! ¡Sosiéguense! ¡Calma con ese pulso! No se aceleren; ya todo pasó". ¡No! La actitud de Cristo no es, "ya todo pasó", sino más bien, "ahora empieza todo".
¡Ahora comienza todo! No dejemos que se nos predique este evangelio, para afirmar que Cristo simplemente apacigua, que Cristo tranquiliza.
En otros pasajes podremos asegurar que Cristo tranquiliza. En éste, por lo visto, lo que tenemos que decir, es: "Cristo le cambia de sitio a la tormenta. Cristo hace que dejemos de admirar el mal que nos llega y que empecemos a admirar el bien que tenemos a nuestro lado en su gracia, en su presencia."
Cristo quiere que todas esas energías que nosotros gastamos admirando el mal, las empecemos a gastar admirando el bien y confiando en el bien.