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Y Naún se alegra de ver que ha llegado el tiempo de la justicia de Dios y se alegra de ver que, el mismo Dios que castigó a su pueblo por la mano de Nínive, ahora castiga a la misma Nínive.
 
Y Naún se alegra de ver que ha llegado el tiempo de la justicia de Dios y se alegra de ver que, el mismo Dios que castigó a su pueblo por la mano de Nínive, ahora castiga a la misma Nínive.
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Estas expresiones de castigo y de dureza, estas expresiones como de alegría en la venganza pueden causarnos extrañeza; poedemos sentirlas lejanas de la ternura y de la mansedumbre de Jesús Nuestro Señor. Pero por una parte hay que reconocer que este profeta habla en el momento especial de la revelación, en el momento especial de la historia de la revelación que se va dando en la Escritura.
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Dicho de otro modo, conviene recordar que la revelación de Dios que nos ofrece la Sagrada Escritura, es siempre revelación de Dios, pero va como progresivamente. Y así, en este momento, aunque no podamos compartir del todo los sentimientos de Naún, que se alegra de ver caer a la ciudad enemiga, aunque no los compartamos totalmente ahora, sí debemos entender que esos sentimientos, así fuertes y bruscos, le sirvieron a Dios para expresar algo del amor con el que quiere llevar a término su Alianza.

Revisión del 17:15 19 jul 2008

Fecha: 19960809

Título:

Original en audio: 9 min 27 seg.


Las lecturas que nos ofrece la Iglesia en este día son ambas muy fuertes, su lenguaje es vigoroso, casi escandaloso.

El breve libro del profeta Naún, en la Sagrada Escritura, casi lo único que hace es contar la derrota de Nínive ante la gran ciudad adversaria.

Y lo que hemos escuchado en este día es precisamente la descripción terriblemente gráfica de la derrota de eta gran ciudad. En esa derrota se acumulan contra Nínive las mismas estrategias y la misma violencia que ella, como capital del Imperio, utilizó contra otros pueblos. Esos látigos, ese estrépito, esos carros que rebotan, esos jinetes al asalto que se vuelven contra Nínive, no son sino la repetición magnificada de los que esta misma ciudad imperial le había hecho a otros pueblos.

Y Naún se alegra de ver que ha llegado el tiempo de la justicia de Dios y se alegra de ver que, el mismo Dios que castigó a su pueblo por la mano de Nínive, ahora castiga a la misma Nínive.

Estas expresiones de castigo y de dureza, estas expresiones como de alegría en la venganza pueden causarnos extrañeza; poedemos sentirlas lejanas de la ternura y de la mansedumbre de Jesús Nuestro Señor. Pero por una parte hay que reconocer que este profeta habla en el momento especial de la revelación, en el momento especial de la historia de la revelación que se va dando en la Escritura.

Dicho de otro modo, conviene recordar que la revelación de Dios que nos ofrece la Sagrada Escritura, es siempre revelación de Dios, pero va como progresivamente. Y así, en este momento, aunque no podamos compartir del todo los sentimientos de Naún, que se alegra de ver caer a la ciudad enemiga, aunque no los compartamos totalmente ahora, sí debemos entender que esos sentimientos, así fuertes y bruscos, le sirvieron a Dios para expresar algo del amor con el que quiere llevar a término su Alianza.