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Los milagros más grandes que se cuentan del Apóstol Pedro,son los que hemos escuchado en la primera lectura del día de hoy. Hasta llegar a resucitar, a volver a la vida a esa señora piadosa, Tabita. Esto ya es motivo de alegría para nosotros.
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Los milagros más grandes que se cuentan del Apóstol Pedro, son los que hemos escuchado en la primera lectura del día de hoy. Hasta llegar a resucitar, a volver a la vida a esa señora piadosa, Tabita. Esto ya es motivo de alegría para nosotros.
  
 
Porque todos esos milagros, sanaciones, prodigios, de los que nos hablan los Hechos de los Apóstoles, son muestras del poder de la Pascua de Cristo.
 
Porque todos esos milagros, sanaciones, prodigios, de los que nos hablan los Hechos de los Apóstoles, son muestras del poder de la Pascua de Cristo.
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Por eso para nosotros, oír estos milagros, es un motivo de gozo porque se está certificando la fuerza de la vida que nosotros hemos recibido en el bautismo, y se nos está contando cuál es el Cristo que vamos a comulgar, y se nos está diciendo cuál es la unción que recibimos en la confirmación, y se nos está asegurando que Él cumple sus promesas y Él está vivo en medio de nosotros.
 
Por eso para nosotros, oír estos milagros, es un motivo de gozo porque se está certificando la fuerza de la vida que nosotros hemos recibido en el bautismo, y se nos está contando cuál es el Cristo que vamos a comulgar, y se nos está diciendo cuál es la unción que recibimos en la confirmación, y se nos está asegurando que Él cumple sus promesas y Él está vivo en medio de nosotros.
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Pero si miramos el contexto del libro de los Hechos de los Apóstoles, hay un motivo adicional de gozo, que es el que quiero subrayar en este momento.
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Resulta que los sumos sacerdotes intentaron por todos los medios frenar la predicación del Evangelio; intentaron detener la obra de la predicación. Vamos a enumerar algunos de sus intentos, a ver qué es lo que han pretendido.
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Han detenido a los principales, a los Apóstoles; "ya se acabó esto; están encarcelados los Apóstoles, se acabó la predicación." El Señor saca milagrosamente  a los Apóstoles de la cárcel. "Ah, es que el problema no es solamente del conjunto de los Apóstoles, hay uno que es el principal entre ellos, pues vamos con él."
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Y tras cuatro portones cerrados con cadenas y apresado él mismo entre cadenas, Pedro, allá bien metido en la mazmorra. "¡Ahora sí se acabó la predicación!"

Revisión del 14:10 19 mar 2008

Fecha: 20000513

Título:

Original en audio: 9 min. 8 seg.


Los milagros más grandes que se cuentan del Apóstol Pedro, son los que hemos escuchado en la primera lectura del día de hoy. Hasta llegar a resucitar, a volver a la vida a esa señora piadosa, Tabita. Esto ya es motivo de alegría para nosotros.

Porque todos esos milagros, sanaciones, prodigios, de los que nos hablan los Hechos de los Apóstoles, son muestras del poder de la Pascua de Cristo.

Nos están contando cuál es el dinamismo interno de esa vida en la que también nosotros estamos sumergidos y alimentados, la vida que nace del poder de la Resurrección del Señor.

Por eso para nosotros, oír estos milagros, es un motivo de gozo porque se está certificando la fuerza de la vida que nosotros hemos recibido en el bautismo, y se nos está contando cuál es el Cristo que vamos a comulgar, y se nos está diciendo cuál es la unción que recibimos en la confirmación, y se nos está asegurando que Él cumple sus promesas y Él está vivo en medio de nosotros.

Pero si miramos el contexto del libro de los Hechos de los Apóstoles, hay un motivo adicional de gozo, que es el que quiero subrayar en este momento.

Resulta que los sumos sacerdotes intentaron por todos los medios frenar la predicación del Evangelio; intentaron detener la obra de la predicación. Vamos a enumerar algunos de sus intentos, a ver qué es lo que han pretendido.

Han detenido a los principales, a los Apóstoles; "ya se acabó esto; están encarcelados los Apóstoles, se acabó la predicación." El Señor saca milagrosamente a los Apóstoles de la cárcel. "Ah, es que el problema no es solamente del conjunto de los Apóstoles, hay uno que es el principal entre ellos, pues vamos con él."

Y tras cuatro portones cerrados con cadenas y apresado él mismo entre cadenas, Pedro, allá bien metido en la mazmorra. "¡Ahora sí se acabó la predicación!"