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San Pablo utiliza muchas veces la expresión justificación para referirse a la obra con la que Cristo nos comunica los bienes de su Cruz y de su Pascua; somos justificados. ¿Y en qué consiste la justificación? No es, como pretende el protestantismo, una declaración extrínseca, no consiste en que Dios hace de cuenta que nosotros no hemos hecho nada. No es una especie de ficción fantasiosa, como si no hubiéramos pecado.
 
San Pablo utiliza muchas veces la expresión justificación para referirse a la obra con la que Cristo nos comunica los bienes de su Cruz y de su Pascua; somos justificados. ¿Y en qué consiste la justificación? No es, como pretende el protestantismo, una declaración extrínseca, no consiste en que Dios hace de cuenta que nosotros no hemos hecho nada. No es una especie de ficción fantasiosa, como si no hubiéramos pecado.
  
Es una obra,la más eficaz de todas, me atrevo yo a llamarla así; es la obra más eficaz del amor de Dios, obra tal, que toma a un ser, en este caso al ser humano, y lo desprende, lo libera, lo suelta de aquello que le oprime, de aquello que le desfigura. Es como separar a la fealdad del feo; es como separar al ignorante del ignorante; es una disección que sólo puede hacerla Dios; porque sólo Dios tiene el designio original, el plan original para cada uno de nosotros..
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Es una obra,la más eficaz de todas, me atrevo yo a llamarla así; es la obra más eficaz del amor de Dios, obra tal, que toma a un ser, en este caso al ser humano, y lo desprende, lo libera, lo suelta de aquello que le oprime, de aquello que le desfigura. Es como separar a la fealdad del feo; es como separar al ignorante del ignorante; es una disección que sólo puede hacerla Dios; porque sólo Dios tiene el designio original, el plan original para cada uno de nosotros.
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El día de nuestro bautismo, la potencia de la Cruz de Cristo, la potencia de ese amor hizo esa separación en nosotros, separándonos entonces así para Él, reservándonos para Él.
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Cono somos pecadores, como lamentablemente, por nuestra fragilidad mal educada, caemos en el pecado, el amor inagotable de Jesucristo quiso dejarnos también ese tribunal de misericordia que es el sacramento de la confesión. Y, a través de la confesión, Cristo pronuncia sentencia.
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Es un juicio como el que se le iba a hacer a la adúltera, es un juicio que Cristo pronuncia, y en ese juicio Cristo nos separa a nosotros pecadores, nos separa de nuestros pecados. De manera que sea castigado sólo lo malo, que es el pecado, y que quede salvado aquello que Dios quiso.
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Es la obra más maravillosa del poder de Dios. Que sea castigado sólo lo malo. Cuando el pecador es apedreado, como los ancianos corruptos de la primera lectura, pues por lo menos sentimos que se salvo la vida del inocente, como dice el texto bíblico. Pero ahí seguirá el pecador con su pecado. Algo bueno, lo que Dios quería para esos ancianos, algo bueno se perdió.
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La disección más profunda es la de separar tan completamente el bien y el mal, que sea castigado sólo lo que es malo, es decir, sólo el pecado.
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Y efectivamente, en la Cruz de Cristo hay poder suficiente para separar a cualquier pecador de cualquier pecado. Es doctrina común en la Iglesia desde los primeros siglos, que la gracia de la Pascua de Cristo tiene eficacia para perdonar todos los pecados; porque precisamente en esa balanza, que es la Cruz, fue pesado el amor que se manifiesta en la Sangre de Cristo, y fue encontrado ese amor más valioso y de mayor peso que cualquier culpa del universo.
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''Esto significa que todo pecador puede ser perdonado, y que la única manera de condenarse es por un acto voluntario, persistente, absurdamente persistente en la maldad; la única manera de condenarse es persistiendo en adherirse a aquello que Dios, por la Cruz de Cristo, ha hundido en la tiniebla.''

Revisión del 18:31 20 feb 2008

Fecha: 19990322

Título:

Original en audio: 7 min. 26 seg.


En el relato del profeta Daniel se hizo un juicio, y en el relato del evangelio de Juan otro juicio.

Ambos juicios tienen su fuente en Dios, pero son distintos, y es más perfecto el que nos presenta Jesucristo que el que nos ofrece la profecía de Daniel.

¿En qué consistió el juicio allá de Daniel? Consistió en separar al inocente del culpable. ¿En qué consistió el juicio de Jesucristo? En separar al culpable de su culpa. Son dos momentos en la revelación.

Es importante separar al inocente del culpable para que no se dé impunidad, para que aparezca la justicia; pero es importante separar al culpable de su culpa para que aparezca y para que se manifieste la misericordia.

en realidad, la forma suprema de la justicia no es el castigo del culpable, sino la separación del culpable de su propia culpa. Es esa una disección mucho más fina, este es un discernimiento más hondo, este es un juicio más profundo.

San Pablo utiliza muchas veces la expresión justificación para referirse a la obra con la que Cristo nos comunica los bienes de su Cruz y de su Pascua; somos justificados. ¿Y en qué consiste la justificación? No es, como pretende el protestantismo, una declaración extrínseca, no consiste en que Dios hace de cuenta que nosotros no hemos hecho nada. No es una especie de ficción fantasiosa, como si no hubiéramos pecado.

Es una obra,la más eficaz de todas, me atrevo yo a llamarla así; es la obra más eficaz del amor de Dios, obra tal, que toma a un ser, en este caso al ser humano, y lo desprende, lo libera, lo suelta de aquello que le oprime, de aquello que le desfigura. Es como separar a la fealdad del feo; es como separar al ignorante del ignorante; es una disección que sólo puede hacerla Dios; porque sólo Dios tiene el designio original, el plan original para cada uno de nosotros.

El día de nuestro bautismo, la potencia de la Cruz de Cristo, la potencia de ese amor hizo esa separación en nosotros, separándonos entonces así para Él, reservándonos para Él.

Cono somos pecadores, como lamentablemente, por nuestra fragilidad mal educada, caemos en el pecado, el amor inagotable de Jesucristo quiso dejarnos también ese tribunal de misericordia que es el sacramento de la confesión. Y, a través de la confesión, Cristo pronuncia sentencia.

Es un juicio como el que se le iba a hacer a la adúltera, es un juicio que Cristo pronuncia, y en ese juicio Cristo nos separa a nosotros pecadores, nos separa de nuestros pecados. De manera que sea castigado sólo lo malo, que es el pecado, y que quede salvado aquello que Dios quiso.

Es la obra más maravillosa del poder de Dios. Que sea castigado sólo lo malo. Cuando el pecador es apedreado, como los ancianos corruptos de la primera lectura, pues por lo menos sentimos que se salvo la vida del inocente, como dice el texto bíblico. Pero ahí seguirá el pecador con su pecado. Algo bueno, lo que Dios quería para esos ancianos, algo bueno se perdió.

La disección más profunda es la de separar tan completamente el bien y el mal, que sea castigado sólo lo que es malo, es decir, sólo el pecado.

Y efectivamente, en la Cruz de Cristo hay poder suficiente para separar a cualquier pecador de cualquier pecado. Es doctrina común en la Iglesia desde los primeros siglos, que la gracia de la Pascua de Cristo tiene eficacia para perdonar todos los pecados; porque precisamente en esa balanza, que es la Cruz, fue pesado el amor que se manifiesta en la Sangre de Cristo, y fue encontrado ese amor más valioso y de mayor peso que cualquier culpa del universo.

Esto significa que todo pecador puede ser perdonado, y que la única manera de condenarse es por un acto voluntario, persistente, absurdamente persistente en la maldad; la única manera de condenarse es persistiendo en adherirse a aquello que Dios, por la Cruz de Cristo, ha hundido en la tiniebla.