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Revisión del 04:46 23 ene 2008
Fecha: 19990224
Título: Las correcciones que vienen de parte de Dios son condicionales
Original en audio: 6 min. 26 seg.
Queridos Amigos:
Uno de los aspectos más misteriosos de la Revelación es éste que aparece en las lecturas de hoy: el de los castigos o correcciones que vienen de parte de Dios.
Porque inmediatamente notamos esta diferencia: Los bienes que Dios promete, los promete y los cumple generación tras generación. El libro del Deuteronomio dice, "por mil generaciones" (véase Deuteronomio 5,10), indicando así de alguna manera, la eternidad, lo que no acaba. En cambio los males con los que Dios en cierto sentido amenaza a su pueblo, -dirá la Carta a los Hebreos, "como un padre que corrige a su hijo" (véase Carta a los Hebreos 12,7-8)-, esos males son condicionales.
Cuando Jonás empieza a predicar, habla de parte de Dios, y lo que dice es cierto. Sin embargo, aunque es cierto, es condicional: "Nínive será destruida" (véase Jonás 3,3-4); pero Nínive no fue destruida, porque esos corazones se quebrantaron, se abrieron al arrepentimiento.
San Agustín, que tanto meditó en estas cosas de la gracia, de la conversión, del castigo, de la bienaventuranza, pregunta por allá en el libro de "Las Confesiones": "Señor, ¿cómo es este misterio, que tú nos amenaces con grandes males si nos alejamos de ti, siendo así que el gran mal es perderte a ti? ¿Es que acaso hay un mal más grande que perderte a ti?"
Y por esta reflexión, San Agustín descubre una cosa muy hermosa. Cuando nosotros nos apartamos de Dios, Dios puede aparecer amenazante ante nosotros. Pero esas amenazas no son males mayores que el mal de perderlo a Él. Por lo tanto, esos males, que en todo caso son condicionales, son más bien expresión de su amor, que no quiere que nosotros perdamos lo que es verdaderamente esencial: la amistad con Él, la relación con Él, la gracia de Él.
Cuando Dios nos amonesta por medio de las dificultades, de las tentaciones, de las adversidades, de nuestra propia fragilidad, cuando Dios nos amonesta así, lo que está es manifestando su amor para con nosotros.
De nuevo es la Carta a los Hebreos la que nos enseña: "¿Qué padre no corrige a su hijo? Y si no os corrigiera Dios, señal sería de que no sois hijos legítimos, sino bastardos" ( véase Carta a los Hebreos 12,7-8).