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Pero finalmente todo eso se vuelve un juego de ideas, eso se vuelve una especie de malabarismo de opiniones: "Este dice esto, pero el otro dice lo otro", y ahí lo único que se exhibe no es el poder de Dios, sino lo que se muestra es la erudición, todo lo que la persona ha estudiado, como si estuviera mostrando: "Yo he estudiado mucho, yo sé mucho", pero es un saber que no toca la vida, es un saber que deja a la gente en la misma perplejidad, que deja a la gente sin orientación, la deja sin una ruta clara.
 
Pero finalmente todo eso se vuelve un juego de ideas, eso se vuelve una especie de malabarismo de opiniones: "Este dice esto, pero el otro dice lo otro", y ahí lo único que se exhibe no es el poder de Dios, sino lo que se muestra es la erudición, todo lo que la persona ha estudiado, como si estuviera mostrando: "Yo he estudiado mucho, yo sé mucho", pero es un saber que no toca la vida, es un saber que deja a la gente en la misma perplejidad, que deja a la gente sin orientación, la deja sin una ruta clara.
  
Jesús, por el contrario, se ve que con su enseñanza obra de un modo distinto, en primer lugar porque o anda citando tantas autoridades,porque no se está exhibiendo a sí mismo y sobre todo porque ilumina profundamente el corazón y porque le hace ver a uno hacia dónde tiene que obrar. Las consignas de Cristo son sencillas, a veces son, podríamos decir, radicales, son drásticas, pero en todo caso muestran una luz, muestran un camino, muestran uan dirección, que tal vez esa dirección nos parece imposible, nos parece ridícula.
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Jesús, por el contrario, se ve que con su enseñanza obra de un modo distinto, en primer lugar porque o anda citando tantas autoridades,porque no se está exhibiendo a sí mismo y sobre todo porque ilumina profundamente el corazón y porque le hace ver a uno hacia dónde tiene que obrar. Las consignas de Cristo son sencillas, a veces son, podríamos decir, radicales, son drásticas, pero en todo caso muestran una luz, muestran un camino, muestran una dirección, que tal vez esa dirección nos parece imposible, nos parece ridícula.
  
 
Cuando Cristo doce, por ejemplo, que amemos a los enemigos: "¡Eh, eso es imposible! ¡Quién se va a poner a amar a los enemigos! ¡Eso es una tontería!" Pero por lo menos hay algo definido, Cristo deja una ruta definida en el corazón.
 
Cuando Cristo doce, por ejemplo, que amemos a los enemigos: "¡Eh, eso es imposible! ¡Quién se va a poner a amar a los enemigos! ¡Eso es una tontería!" Pero por lo menos hay algo definido, Cristo deja una ruta definida en el corazón.
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Por otro lado, también la autoridad de Cristo tiene que ver con el hecho de que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Tengamos en cuenta que a veces debajo de una capa de muchos conocimientos hay una tremenda ignorancia de uno mismo, una tremenda ignorancia de la propia vida y del propio corazón. Uno puede saber muchas cosas de ingeniería o de contaduría, uno puede saber muchas cosas de física, de matemáticas, de actualidad, de moda, de farándula, y sin embargo uno no conoce el propio corazón, y esa ignorancia de uno mismo es la peor ignorancia.
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Esta santa italiana del siglo XIV, Santa Catalina de Siena, decía que el paso primero y fundamental en toda vida espiritual está en el conocimiento de uno mismo. Y nosotros vivimos, como San Agustín antes de su conversión, nosotros solemos vivir volcados hacia afuera: "A ver dónde consigo el dinero, a ver dónde consigo la fama, a ver dónde consigo el placer, a ver dónde consigo..., estamos volcados hacia afuera, no necesariamente placeres malos, no necesariamente conocimientos malos.
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La persona que sabe mucha ciencia, por ejemplo, o mucha filosofía, no vamos a decir que sabe cosas perniciosas; la persona que disfruta la naturaleza, no vamos a decir que está disfrutando un placer ilícito; pero se nos va la vida en eso, en el deporte, en la naturaleza, en la moda, en las fiestas, en los amigos, vivimos hacia afuera, y se nos olvida que el conocimiento más importante suele estar adentro.
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Y esto también lo describió San Agustín cuando le dice a Dios: "Tú estabas adentro de mí, pero yo estaba afuera". Mira esa frase de San Agustín. Le dice San Agustín a Dios: "Tú estabas adentro de mí, pero yo estaba afuera, y así volcado sobre las cosas, no te encontraba".
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Entonces, la palabra de Cristo tiene autoridad porque en muchos pasajes, en muchos modos de obrar de Cristo, el corazón humano queda como desnudado; es como la persona que le revela a uno una verdad profunda, es la persona que le muestra a uno cómo es el corazón de uno en toda su realidad, a veces, con mucha frecuencia, es una realidad un poco vergonzosa, porque uno también vive mucho de máscaras, uno pone una fachada elegante, bonita delante del mundo, pero quizás por dentro somos personas con mucha depresión, con mucho miedo, con mucha inseguridad, con mucha tristeza, con mucha desorientación y sin embargo, pues, uno se mantiene como un actor
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Revisión del 19:54 24 ene 2012

Fecha: 20090201

Título:

Original en audio: 17 min. 41 seg.


Hermanos:

Comentábamos la semana pasada que cada uno de los Evangelistas tiene su propio énfasis, tiene su propio ángulo para mirar a Jesucristo, y el caso es que Marcos enfatiza la manera como Cristo con sus acciones instaura el Reino de Dios.

Fíjate, por ejemplo, en el evangelio que hemos oído hoy: no sabemos de qué estaba hablando Cristo, no sabemos el contenido de su discurso, pero sí sabemos, gracias a este Evangelista, que se trataba de una predicación con poder, una predicación con autoridad, casi podemos decir que la palabra de Cristo en sí misma ya estaba haciendo una obra.

Santa Teresa de Jesús tiene eta frase un poco enigmática, profunda, poética: "Las palabras de Dios son obras", con el solo hablar Dios transforma, su palabra es poderosa. Y ese poder se muestra hoy, por ejemplo, cuando Cristo con la sola expresión de su voluntad y sólo diciendo estas palabras realiza ese exorcismo.Había una persona que estaba posesa, así lo describe el evangelio, y Cristo con una orden, es un imperativo que sale del corazón y de la boca de Cristo y que tiene el efecto de transformar la vida de esta persona, la cambia radicalmente.

Cristo con su poder, Cristo tiene autoridad. Y es interesante porque la gente es la que da el veredicto, la gente sencilla. La gente se da cuenta que hay una diferencia entre la manera de obrar de Cristo y la manera de obrar de los maestros que ellos ya conocían. Muchas de estas personas, seguramente, asistían con frecuencia a la sinagoga y habían oído muchos discursos, había oído muchos maestros, pero notan una diferencia: ven que hay algo distinto en Jesucristo y eso es lo que describen con la palabra "autoridad", Cristo tiene autoridad.

Es difícil saber qué querían decir con esto, pero tratemos de mirar un poco. ¿Quiénes eran los escribas en aquella época? Escribas eran los que sabían leer y escribir, por un lado, cosa que no era frecuente, era como un privilegio socia, hoy la mayor parte de la gente sabe leer y escribir, pero en tiempos de Cristo era una minoría, un porcentaje realmente bajo.

Entonces, en primer lugar eran personas que sabían leer y escribir, pero además eran personas que habían dedicado su vida al estudio, de modo que conocían muy bien los detalles de la Ley, y eran capaces de contar también las distintas interpretaciones, podemos decir que se parece a la gente académica, los profesores universitarios, estas personas muy eruditas, que saben una cantidad de cosas y que entonces pueden decir: "Bueno, sobre tal pasaje de la Biblia, esto se interpreta de este modo, según tal autor, o se interpreta de este otro modo, según otro autor.

Pero finalmente todo eso se vuelve un juego de ideas, eso se vuelve una especie de malabarismo de opiniones: "Este dice esto, pero el otro dice lo otro", y ahí lo único que se exhibe no es el poder de Dios, sino lo que se muestra es la erudición, todo lo que la persona ha estudiado, como si estuviera mostrando: "Yo he estudiado mucho, yo sé mucho", pero es un saber que no toca la vida, es un saber que deja a la gente en la misma perplejidad, que deja a la gente sin orientación, la deja sin una ruta clara.

Jesús, por el contrario, se ve que con su enseñanza obra de un modo distinto, en primer lugar porque o anda citando tantas autoridades,porque no se está exhibiendo a sí mismo y sobre todo porque ilumina profundamente el corazón y porque le hace ver a uno hacia dónde tiene que obrar. Las consignas de Cristo son sencillas, a veces son, podríamos decir, radicales, son drásticas, pero en todo caso muestran una luz, muestran un camino, muestran una dirección, que tal vez esa dirección nos parece imposible, nos parece ridícula.

Cuando Cristo doce, por ejemplo, que amemos a los enemigos: "¡Eh, eso es imposible! ¡Quién se va a poner a amar a los enemigos! ¡Eso es una tontería!" Pero por lo menos hay algo definido, Cristo deja una ruta definida en el corazón.

Por otro lado, también la autoridad de Cristo tiene que ver con el hecho de que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Tengamos en cuenta que a veces debajo de una capa de muchos conocimientos hay una tremenda ignorancia de uno mismo, una tremenda ignorancia de la propia vida y del propio corazón. Uno puede saber muchas cosas de ingeniería o de contaduría, uno puede saber muchas cosas de física, de matemáticas, de actualidad, de moda, de farándula, y sin embargo uno no conoce el propio corazón, y esa ignorancia de uno mismo es la peor ignorancia.

Esta santa italiana del siglo XIV, Santa Catalina de Siena, decía que el paso primero y fundamental en toda vida espiritual está en el conocimiento de uno mismo. Y nosotros vivimos, como San Agustín antes de su conversión, nosotros solemos vivir volcados hacia afuera: "A ver dónde consigo el dinero, a ver dónde consigo la fama, a ver dónde consigo el placer, a ver dónde consigo..., estamos volcados hacia afuera, no necesariamente placeres malos, no necesariamente conocimientos malos.

La persona que sabe mucha ciencia, por ejemplo, o mucha filosofía, no vamos a decir que sabe cosas perniciosas; la persona que disfruta la naturaleza, no vamos a decir que está disfrutando un placer ilícito; pero se nos va la vida en eso, en el deporte, en la naturaleza, en la moda, en las fiestas, en los amigos, vivimos hacia afuera, y se nos olvida que el conocimiento más importante suele estar adentro.

Y esto también lo describió San Agustín cuando le dice a Dios: "Tú estabas adentro de mí, pero yo estaba afuera". Mira esa frase de San Agustín. Le dice San Agustín a Dios: "Tú estabas adentro de mí, pero yo estaba afuera, y así volcado sobre las cosas, no te encontraba".

Entonces, la palabra de Cristo tiene autoridad porque en muchos pasajes, en muchos modos de obrar de Cristo, el corazón humano queda como desnudado; es como la persona que le revela a uno una verdad profunda, es la persona que le muestra a uno cómo es el corazón de uno en toda su realidad, a veces, con mucha frecuencia, es una realidad un poco vergonzosa, porque uno también vive mucho de máscaras, uno pone una fachada elegante, bonita delante del mundo, pero quizás por dentro somos personas con mucha depresión, con mucho miedo, con mucha inseguridad, con mucha tristeza, con mucha desorientación y sin embargo, pues, uno se mantiene como un actor

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