Diferencia entre revisiones de «I325003a»
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El drama de la muerte de Cristo, que es el final de su propia vida, y que es la culminación del mensaje del Evangelio en cierto sentido, nos está recordando que el pecado ha hundido raíces demasiado profundas en el corazón humano, y que por consiguiente, el Evangelio sólo llega a su consumación cuando hasta la última de las más profundas raíces es arrancada. | El drama de la muerte de Cristo, que es el final de su propia vida, y que es la culminación del mensaje del Evangelio en cierto sentido, nos está recordando que el pecado ha hundido raíces demasiado profundas en el corazón humano, y que por consiguiente, el Evangelio sólo llega a su consumación cuando hasta la última de las más profundas raíces es arrancada. | ||
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| + | El final del Año Litúrgico también nos ayuda a recordar eso que es parte de nuestra fe: que Jesús vuelve. Los grupos protestantes han hecho de este mensaje una especie de bandera y lo proclaman con mucha frecuencia, y de hecho, algunos de ellos hasta se atreven a dar fechas: que en tal fecha va a terminarse el mundo, se acaba el mundo, vuelve Cristo. | ||
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| + | Nosotros hoy aprendemos, o mejor, hoy recordamos que ese no es el verdadero contenido de la fe. eso de andar dando fechas, y eso de crear una sensación de pánico, eso no es lo propio de nuestra fe. | ||
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| + | Entonces ¿qué es lo propio? Cuatro cosas nos enseña Cristo en el pasaje de hoy. La primera, cómo la gente vive distraída en sus cosas, parece que no tenemos tiempo para levantarnos hacia lo trascendente. Esta palabra es muy bella: trascendente es lo que va más allá, es lo que de algún modo traspasa la barrera de lo inmediato, y lo inmediato es el comprar, el vender, el gastar, el disfrutar. | ||
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| + | Si nuestra vida queda aprisionada únicamente en esas categorías de lo inmediato, entonces no trascendemos, y entonces estamos radicalmente sordos y ciegos al mensaje de Dios, y por eso no podreemos comprender ni podremos aceptar que Él efectivamente va a a retornar. | ||
Revisión del 15:55 9 nov 2011
Fecha: 20111111
Título:
Original en audio: 4 min. 45 seg.
Son cuatro las enseñanzas principales, creo yo, que encontramos en el evangelio de hoy. Recordemos: el contexto es el final del Año Litúrgico, y por consiguiente, Cristo, con sus palabras, nos está invitando a mirar hacia el final de la historia, hacia el final de nuestra propia vida y hacia el final de Evangelio.
Porque el Evangelio no es simplemente un mensaje para portarse uno bien; una cosa que me gusta repetir es que Cristo no derramó su Sangre solamente para que nosotros aprendiéramos a ser un poco más corteses, un poco mejores personas, un poco más comprensivos.
El drama de la muerte de Cristo, que es el final de su propia vida, y que es la culminación del mensaje del Evangelio en cierto sentido, nos está recordando que el pecado ha hundido raíces demasiado profundas en el corazón humano, y que por consiguiente, el Evangelio sólo llega a su consumación cuando hasta la última de las más profundas raíces es arrancada.
El final del Año Litúrgico también nos ayuda a recordar eso que es parte de nuestra fe: que Jesús vuelve. Los grupos protestantes han hecho de este mensaje una especie de bandera y lo proclaman con mucha frecuencia, y de hecho, algunos de ellos hasta se atreven a dar fechas: que en tal fecha va a terminarse el mundo, se acaba el mundo, vuelve Cristo.
Nosotros hoy aprendemos, o mejor, hoy recordamos que ese no es el verdadero contenido de la fe. eso de andar dando fechas, y eso de crear una sensación de pánico, eso no es lo propio de nuestra fe.
Entonces ¿qué es lo propio? Cuatro cosas nos enseña Cristo en el pasaje de hoy. La primera, cómo la gente vive distraída en sus cosas, parece que no tenemos tiempo para levantarnos hacia lo trascendente. Esta palabra es muy bella: trascendente es lo que va más allá, es lo que de algún modo traspasa la barrera de lo inmediato, y lo inmediato es el comprar, el vender, el gastar, el disfrutar.
Si nuestra vida queda aprisionada únicamente en esas categorías de lo inmediato, entonces no trascendemos, y entonces estamos radicalmente sordos y ciegos al mensaje de Dios, y por eso no podreemos comprender ni podremos aceptar que Él efectivamente va a a retornar.