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O de pronto, mas para sentirse así, incapaces de enamorarse, es que incluso en el plano humano vemos que hay gente que se enamora, esas aventuras muchas veces adulterinas de amores otoñales, por allá gente que peina bastantes canas y sin embargo descubre como una nueva adolescencia y resulta con su amorío y en el terreno de las empresas y de los trabajos ¿no ha pasado muchas veces que la gente después de idos esos años vigorosos de la juventud emprende caminos nuevos aventuras nuevas? | O de pronto, mas para sentirse así, incapaces de enamorarse, es que incluso en el plano humano vemos que hay gente que se enamora, esas aventuras muchas veces adulterinas de amores otoñales, por allá gente que peina bastantes canas y sin embargo descubre como una nueva adolescencia y resulta con su amorío y en el terreno de las empresas y de los trabajos ¿no ha pasado muchas veces que la gente después de idos esos años vigorosos de la juventud emprende caminos nuevos aventuras nuevas? | ||
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| + | En el evangelio vemos que aquellos discípulos, aquella gente a la que Cristo llamó ¿no eran apoco muchachitos aventureros, enamoradizos de lo que pudiera sonar a novedad? Juan, quien debió de ser el más joven, en eso como que coinciden todas las tradiciones, pero no todos eran de esa edad, los demás eran personas golpeadas por la vida, que tenían sus propios cansancios y que estaban instalados en lo práctico de la vida. | ||
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| + | Pensemos por ejemplo en un Mateo, Mateo era cobrador de impuestos, tenía un caparazón, un cayo, una coraza tal que podía decir “a mi todo me resbala” se parecía a esos hombres o mujeres de Iglesia que ya han pasado por muchas plazas. | ||
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| + | Como decía mi maestro de novicios “es que yo soy toreado en muchas plazas” esa gente que es toreada en muchas plazas y que ya ha visto muchas cosas y que ya ha oído muchos discursos, así tenía que ser Mateo, un hombre que sabía que significa tener un cómplice, tener compinches y tener enemigos, que se puede con la plata y que se logra con el poder, a quien hay que invitar y a quien hay que evitar. | ||
Revisión del 04:46 28 feb 2011
Fecha: 20010224
Título:
Original en audio: 24 min. 50 seg.
En transcripción
A veces nos hacemos tantas preguntas sobre qué quiere decir eso de aceptar el reino de Dios como un niño, que cuantas más preguntas hace uno, más siente que se está alejando de la sencillez, de la ingenuidad, de la confianza, de la docilidad que suelen tener los niños con aquellos que saben que los aman.
¿Cómo se puede descubrir la sencillez? ¿cómo se puede volver a la simplicidad? ¿cómo puede uno ilusionarse de nuevo con el candor, con la inocencia de los niños? ¿quién puede traerle sorpresas a un corazón arrugado por las desilusiones? ¿quién puede hacer que de nuevo se acelere el pulso y vibre el alma cuando ya tantas veces comenzamos tantas cosas solo para darnos cuenta de que no valía la pena tanto entusiasmo?
¿Puede Cristo volver a entusiasmar un corazón decepcionado un, corazón cansado? yo creo que estas preguntas existenciales que tienen que ver con el curso de la vida cristiana, estas preguntas tienen alguna relación con el evangelio del día de hoy, porque a medida que ha pasado el tiempo resulta como mas difícil ilusionarse, bien se ha dicho que las pasiones son propias de la juventud y esto se refiere no solamente a la sensualidad sino a la capacidad de apasionarse.
De pronto podemos sentir al volver la mirada atrás, que era demasiado ruido, que era demasiada ostentación, que era demasiado espectáculo lo que hacían otros con nosotros y lo que nosotros mismos hacíamos y puede darse el caso en que nosotros digamos de nosotros mismos: “pues sí, esas búsquedas de la santidad y esas ganes de que a uno lo maten y que pase lo que sea y todo por Cristo” eso va quedando como una especie de nube romántica de tiempos que ya se fueron.
Y de pronto uno se descubre instalado en lo práctico de la vida y lo concreto de la vida; y lo concreto de la vida es que estoy aquí en medio de la gente y si no me hago amigo de fulano, sutano, perengano y mengana, pues no voy a hacer nada.
Y lo práctico de la vida es que si me pongo a hacer muchas gracias con el ayuno y no sé que, luego se me irrita el colon y luego duro dos o tres años complicado y lo práctico de la vida es que si comienzo con el cuento del silencio y que tengo que aguantar y pongo la otra mejilla y me jalman todo el mundo me la monta.
Y lo práctico de la vida termina negando todo lo vigoroso, todo lo nuevo del evangelio, hay mucha gente en la Iglesia que se siente así, si yo entro con esas historias, fíjate que es casi blasfemo hablar así, pero así se habla, por lo menos así se revuelven pensamientos en los corazones de sacerdotes, de religiosas y de laicos que han estado muy cerca del trabajo de la Iglesia.
Si yo me pongo con todas esas historias de muchos perdones y muchas misericordias y de muchas benevolencias y de muchos padecimientos nunca voy a lograr mis metas y nunca voy a tener una vida más o menos como la que yo quisiera.
¿Qué haremos para que Dios nos libre para lo práctico de la vida? ¿Qué haremos para que Dios vuelva ilusionar nuestro corazón? ¿sí será que uno puede volver a ilusionarse, si uno puede sentir en lo profundo del alma con esos ojos brillantes, abiertos soñadores de los niños se puede llegar a soñar algo? Nosotros nos cuesta creerlo; pero debemos saber que el evangelio fue predicado, en primer lugar, a personas que tenían las mismas razones que nosotros.
O de pronto, mas para sentirse así, incapaces de enamorarse, es que incluso en el plano humano vemos que hay gente que se enamora, esas aventuras muchas veces adulterinas de amores otoñales, por allá gente que peina bastantes canas y sin embargo descubre como una nueva adolescencia y resulta con su amorío y en el terreno de las empresas y de los trabajos ¿no ha pasado muchas veces que la gente después de idos esos años vigorosos de la juventud emprende caminos nuevos aventuras nuevas?
En el evangelio vemos que aquellos discípulos, aquella gente a la que Cristo llamó ¿no eran apoco muchachitos aventureros, enamoradizos de lo que pudiera sonar a novedad? Juan, quien debió de ser el más joven, en eso como que coinciden todas las tradiciones, pero no todos eran de esa edad, los demás eran personas golpeadas por la vida, que tenían sus propios cansancios y que estaban instalados en lo práctico de la vida.
Pensemos por ejemplo en un Mateo, Mateo era cobrador de impuestos, tenía un caparazón, un cayo, una coraza tal que podía decir “a mi todo me resbala” se parecía a esos hombres o mujeres de Iglesia que ya han pasado por muchas plazas.
Como decía mi maestro de novicios “es que yo soy toreado en muchas plazas” esa gente que es toreada en muchas plazas y que ya ha visto muchas cosas y que ya ha oído muchos discursos, así tenía que ser Mateo, un hombre que sabía que significa tener un cómplice, tener compinches y tener enemigos, que se puede con la plata y que se logra con el poder, a quien hay que invitar y a quien hay que evitar.