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Si mis hermanos, es evidente que las lecturas de hoy nos invitan a mirar el misterio de la Iglesia. 
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La primera lectura del libro del profeta Ezequiel nos cuenta las obras maravillosas que realiza un arrollo extraño que sale del templo, un rio que nace del altar del templo, por supuesto el profeta en ese momento piensa en el templo de Jerusalén, pero en ese templo no había ningún rio que saliera, es como algo que está únicamente en la palabra del profeta, en su mente, probablemente en su deseo, un rio que sale del altar y es un rio interesante porque se va volviendo mas y mas grande, mucho más grande. 
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Y es un rio que lleva la vida y es un rio que vence a la muerte, y es un rio que alimenta, que sana, todas esas características tiene el rio que nace del altar, vamos a ver a que podemos comparar ese rio, es un rio que crece que sana, que alimenta, un rio que da vida.
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En la lectura del evangelio encontramos un cuadro muy diferente, otra vez está el templo de Jerusalén, pero la imagen que se nos muestra no es esa imagen serena y hermosa que nos ha presentado el profeta Ezequiel, más bien la imagen del evangelio es la de una controversia, es la de un tiempo polémico, difícil, todos conocemos lo que sucedió, Jesús purifica el templo.
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De ahí aprendemos que el templo de Jerusalén no va a ser el destinatario definitivo de las promesas de Dios, en cambio hay otro templo que es el cuerpo mismo de Cristo, así como en el templo de Jerusalén se reunían los judíos para ofrecer sus sacrificios y alcanzar el favor de Dios, así nosotros nos unimos, estamos unidos al cuerpo de Cristo y estamos unidos al sacrificio de Cristo y así en Cristo somos agradables a Dios.
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Y aquí vemos que ese nuevo templo, ese templo que es el cuerpo de Cristo, ese sí que tiene el arrollo del que hablaba la primera lectura, no solamente porque del cuerpo de Cristo salieron sangre y agua, cuando Cristo estaba en la cruz un soldado  chuzó  su pecho y al instante, según nos cuenta el evangelista San Juan, al instante salieron sangre y agua, ahí se vio nacer como materialmente, como físicamente se vio nacer ese arrollo, pero por supuesto ese arrollo tiene un significado más profundo, no solamente el agua que salió del cuerpo de Cristo muerto en la cruz, por lo pronto observemos que Cristo en la cruz estaba ofreciendo el sacrificio, por eso decimos que Cristo es a la vez sacerdote, víctima y altar. 
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El profeta Ezequiel nos decía que del altar salía el arrollo y el altar es el mismo Cristo, El es sacerdote,  El es la víctima y El es el altar y de él nace este arrollo y vamos a ver si el arrollo que nace del sacrifico de Cristo es un arrollo que crece, es un arrollo que sana y un arrollo que vence a la muerte y que alimenta.

Revisión del 01:21 22 oct 2010

Fecha: 20091109

Título:

Original en audio: 21 min. 35 seg.


En transcripcion 


Si mis hermanos, es evidente que las lecturas de hoy nos invitan a mirar el misterio de la Iglesia.

La primera lectura del libro del profeta Ezequiel nos cuenta las obras maravillosas que realiza un arrollo extraño que sale del templo, un rio que nace del altar del templo, por supuesto el profeta en ese momento piensa en el templo de Jerusalén, pero en ese templo no había ningún rio que saliera, es como algo que está únicamente en la palabra del profeta, en su mente, probablemente en su deseo, un rio que sale del altar y es un rio interesante porque se va volviendo mas y mas grande, mucho más grande.

Y es un rio que lleva la vida y es un rio que vence a la muerte, y es un rio que alimenta, que sana, todas esas características tiene el rio que nace del altar, vamos a ver a que podemos comparar ese rio, es un rio que crece que sana, que alimenta, un rio que da vida.

En la lectura del evangelio encontramos un cuadro muy diferente, otra vez está el templo de Jerusalén, pero la imagen que se nos muestra no es esa imagen serena y hermosa que nos ha presentado el profeta Ezequiel, más bien la imagen del evangelio es la de una controversia, es la de un tiempo polémico, difícil, todos conocemos lo que sucedió, Jesús purifica el templo.

De ahí aprendemos que el templo de Jerusalén no va a ser el destinatario definitivo de las promesas de Dios, en cambio hay otro templo que es el cuerpo mismo de Cristo, así como en el templo de Jerusalén se reunían los judíos para ofrecer sus sacrificios y alcanzar el favor de Dios, así nosotros nos unimos, estamos unidos al cuerpo de Cristo y estamos unidos al sacrificio de Cristo y así en Cristo somos agradables a Dios.

Y aquí vemos que ese nuevo templo, ese templo que es el cuerpo de Cristo, ese sí que tiene el arrollo del que hablaba la primera lectura, no solamente porque del cuerpo de Cristo salieron sangre y agua, cuando Cristo estaba en la cruz un soldado chuzó su pecho y al instante, según nos cuenta el evangelista San Juan, al instante salieron sangre y agua, ahí se vio nacer como materialmente, como físicamente se vio nacer ese arrollo, pero por supuesto ese arrollo tiene un significado más profundo, no solamente el agua que salió del cuerpo de Cristo muerto en la cruz, por lo pronto observemos que Cristo en la cruz estaba ofreciendo el sacrificio, por eso decimos que Cristo es a la vez sacerdote, víctima y altar.

El profeta Ezequiel nos decía que del altar salía el arrollo y el altar es el mismo Cristo, El es sacerdote, El es la víctima y El es el altar y de él nace este arrollo y vamos a ver si el arrollo que nace del sacrifico de Cristo es un arrollo que crece, es un arrollo que sana y un arrollo que vence a la muerte y que alimenta.