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Las lecturas que la Iglesia nos ofrece hoy, la primera del Apocalipsis y la segunda del evangelio según San Lucas, nos presentan ese contraste entre dulzura y amargura, entre mansedumbre y violencia, entre sonrisa y disgusto, ese contraste, esa tensión que tiene el mensaje del evangelio y que tiene en realidad la Palabra de Dios.
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La Palabra de Dios es dulce, y hemos repetido con el salmista: "Qué dulce al paladar tu promesa, Señor" [[:Category:Salmo: 118_103|Salmo 118,103]], y sin embargo, a este vidente del Apocalpsis se le dice: "Cómete esta palabra dulce, pero todavía tienes que profetizar contra pueblos, contra razas, contra lenguas" [[:Category:Apocalipsis 010_010-011|Apocalipsis 10,10.11]].
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Es una palabra dulce, pero que trae como su amargura, luego es una dulzura que tiene su dulzor; es una palabra de profunda mansedumbre, pero de increíble fuerza; es una palabra de incalculable poder, pero de intensa humildad.
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Algunas veces nosotros quisiéramos quedarnos sólo con la parte dulce del Evangelio, quedarnos con un Jesús bien tierno, cacheticolorado, largos cabellos, sonrisa pepsodent, mirada amable. A veces quisiéramos que ése fuera todo Jesús para nosotros

Revisión del 15:23 19 oct 2010

Fecha: 19961122

Título:

Original en audio: 9 min. 41 seg.


Queridos Hermanos:

Las lecturas que la Iglesia nos ofrece hoy, la primera del Apocalipsis y la segunda del evangelio según San Lucas, nos presentan ese contraste entre dulzura y amargura, entre mansedumbre y violencia, entre sonrisa y disgusto, ese contraste, esa tensión que tiene el mensaje del evangelio y que tiene en realidad la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios es dulce, y hemos repetido con el salmista: "Qué dulce al paladar tu promesa, Señor" Salmo 118,103, y sin embargo, a este vidente del Apocalpsis se le dice: "Cómete esta palabra dulce, pero todavía tienes que profetizar contra pueblos, contra razas, contra lenguas" Apocalipsis 10,10.11.

Es una palabra dulce, pero que trae como su amargura, luego es una dulzura que tiene su dulzor; es una palabra de profunda mansedumbre, pero de increíble fuerza; es una palabra de incalculable poder, pero de intensa humildad.

Algunas veces nosotros quisiéramos quedarnos sólo con la parte dulce del Evangelio, quedarnos con un Jesús bien tierno, cacheticolorado, largos cabellos, sonrisa pepsodent, mirada amable. A veces quisiéramos que ése fuera todo Jesús para nosotros