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Nosotros sabemos que si hubiera habido otros hijos de María, pues hubieran estado con Ella en el momento de la cruz, y Jesús no hubiera tenido que decirle a María que se fuera a vivir a la casa del Apósotol Juan, porque Ella hubiera tenido adonde ir.
 
Nosotros sabemos que si hubiera habido otros hijos de María, pues hubieran estado con Ella en el momento de la cruz, y Jesús no hubiera tenido que decirle a María que se fuera a vivir a la casa del Apósotol Juan, porque Ella hubiera tenido adonde ir.
  
De manera que no dejarse confundir por esa interpretación. Pero ese es un tema lateral. Realmente, el tema principal de hoy está en esa frase que dice Cristo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta" [[:Category:Mateo 013_057|San Mateo 13,57]]
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De manera que no dejarse confundir por esa interpretación. Pero ese es un tema lateral. Realmente, el tema principal de hoy está en esa frase que dice Cristo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta" [[:Category:Mateo 013_057|San Mateo 13,57]].
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Y eso fue lo mismo que nos mostró la primera lectura, la de Jeremías, nos mostró cómo era despreciado un profeta. Jeremías anuncia un oráculo terrible allá en el templo de Jerusalén les dice: "Mire, la suerte de este templo va a ser como la del templo de Silo" [[Category:jeremías 026_006|Jeremías 26,6]].
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Ese fue un templo que quedaba al norte de Palestina y que fue arrasado. Cuando se acabó el reino de Israel se acabó también el templo. Entonces Jeremías les dice: "para allá vamos", realmente eso es lo que les dice Jeremías. Les está diciendo: ¿Utedes han visto la destrucción de allá" Pues para allá vamos, vamos que corremos hacia el abismo, vamos mal".
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Eso fue lo que dijo Jeremías, pero ¿cuál fue la respuesta de la gente? Ensañarse contra Jeremías, atraparlo, hacerle violencia y decirle: "Usted es reo de muerte" [[Category:jeremías 026_008|Jeremías 26,8]], pues porque anuncia esas cosas.
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Fíjate que esa manera de obra contrasta con lo que sucede en el evangelio. Jesús está enseñando en la sinagoga de su pueblo, Jesús está predicando y está haciendo milagros, porque la gente misma dice: "¿De dónde saca esa sabiduría y esos milagros?" [[:Category:Mateo 013_054|San Mateo 13,54]].
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Entonces miremos el contraste: a Jeremías le tocaba anunciar cosas muy duras, y lo atraparon, le hicieron violencia, fueron agresivos con él le dijeron: "Eres reo de muerte" [[Category:jeremías 026_008|Jeremías 26,8]]. Eso con Jeremías que le tocó anunciar cosas malas.
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Y con Jesús, que no traía cosas malas, sino una predicación del reino de Dios, del amor, de la reconciliación y milagros, ¿entonces qué paso? Que tampoco lo recibieron, sino que más bien desconfiaban de Él y no le creían.
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Eso nos muestra que el problema no estaba en que se anunciaran cosas malas o se anunciaran cosas buenas, es un problema mucho más hondo. El rechazo a Jeremás profeta y el rechazo a jesús que es el profeta entre los profetas no es un rechazo ni por las cosas malas ni por las cosas buenas, en el fondo, en el fondo, es un rechazo a Dios.
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Por eso dirá Jesús en otro pasaje: "El que a vosotros recibe, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado" [[:Category:Mateo 010_040|San Mateo 10,40]].

Revisión del 13:47 26 jul 2010

Fecha: 20020822

Título:

Original en audio: 11 min. 55 seg.


Siempre es bueno aclarar, aunque ya lo hemos hecho otras veces, que cuando en la Biblia se habla de hermanos de hermanas de Jesús, no hay que dejarse confundir.

Lo que sucede ese que en esa lengua aramea no hay una palabra para decir primos, sino que todos los parientes se llaman hermanos. Entonces no hay que pensar en otros hijos de la Virgen y de José, como algunos cristianos no católicos hacen.

Nosotros sabemos que si hubiera habido otros hijos de María, pues hubieran estado con Ella en el momento de la cruz, y Jesús no hubiera tenido que decirle a María que se fuera a vivir a la casa del Apósotol Juan, porque Ella hubiera tenido adonde ir.

De manera que no dejarse confundir por esa interpretación. Pero ese es un tema lateral. Realmente, el tema principal de hoy está en esa frase que dice Cristo: "Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta" San Mateo 13,57.

Y eso fue lo mismo que nos mostró la primera lectura, la de Jeremías, nos mostró cómo era despreciado un profeta. Jeremías anuncia un oráculo terrible allá en el templo de Jerusalén les dice: "Mire, la suerte de este templo va a ser como la del templo de Silo".

Ese fue un templo que quedaba al norte de Palestina y que fue arrasado. Cuando se acabó el reino de Israel se acabó también el templo. Entonces Jeremías les dice: "para allá vamos", realmente eso es lo que les dice Jeremías. Les está diciendo: ¿Utedes han visto la destrucción de allá" Pues para allá vamos, vamos que corremos hacia el abismo, vamos mal".

Eso fue lo que dijo Jeremías, pero ¿cuál fue la respuesta de la gente? Ensañarse contra Jeremías, atraparlo, hacerle violencia y decirle: "Usted es reo de muerte", pues porque anuncia esas cosas.

Fíjate que esa manera de obra contrasta con lo que sucede en el evangelio. Jesús está enseñando en la sinagoga de su pueblo, Jesús está predicando y está haciendo milagros, porque la gente misma dice: "¿De dónde saca esa sabiduría y esos milagros?" San Mateo 13,54.

Entonces miremos el contraste: a Jeremías le tocaba anunciar cosas muy duras, y lo atraparon, le hicieron violencia, fueron agresivos con él le dijeron: "Eres reo de muerte". Eso con Jeremías que le tocó anunciar cosas malas.

Y con Jesús, que no traía cosas malas, sino una predicación del reino de Dios, del amor, de la reconciliación y milagros, ¿entonces qué paso? Que tampoco lo recibieron, sino que más bien desconfiaban de Él y no le creían.

Eso nos muestra que el problema no estaba en que se anunciaran cosas malas o se anunciaran cosas buenas, es un problema mucho más hondo. El rechazo a Jeremás profeta y el rechazo a jesús que es el profeta entre los profetas no es un rechazo ni por las cosas malas ni por las cosas buenas, en el fondo, en el fondo, es un rechazo a Dios.

Por eso dirá Jesús en otro pasaje: "El que a vosotros recibe, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado" San Mateo 10,40.