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Es muy importante recordar esto, porque el texto que hoy nos habla de una esperanza, viene de este profeta que tiene fama, bien ganada fama, de amargo. Este profeta, que tal vez sería de lo más triste en la Biblia, tiene hoy para nosotros una palabra de esperanza, una palabra bella sacada de una imagen pueblerina, de una situación sencilla de cada día: el taller del alfarero. | Es muy importante recordar esto, porque el texto que hoy nos habla de una esperanza, viene de este profeta que tiene fama, bien ganada fama, de amargo. Este profeta, que tal vez sería de lo más triste en la Biblia, tiene hoy para nosotros una palabra de esperanza, una palabra bella sacada de una imagen pueblerina, de una situación sencilla de cada día: el taller del alfarero. | ||
| − | Esa palabra que le dice Dios a Jeremías, está llena de esperanza, tiene una carga de esperanza, es como una bomba de profundidad que se entra al corazón, y que si la dejamos estallar, nos repleta, nos colma, nos alimenta con esperanza | + | Esa palabra que le dice Dios a Jeremías, está llena de esperanza, tiene una carga de esperanza, es como una bomba de profundidad que se entra al corazón, y que si la dejamos estallar, nos repleta, nos colma, nos alimenta con esperanza. |
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| + | "¿No podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? [[:Category:Jeremías 003_006|Jeremías 3,6]]. "Yo puedo ser alfarero si tú aceptas ser barro. Si tú aceptas que tu barro adquiera una forma nueva, yo puedo ser, yo sé ser, yo quiero ser tu alfarero". | ||
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| + | La persona que llega al colmo de la desesperación dice: "Pues yo voy a acabar con mi vida", es decir, desecha su barro. Pero Dios dice: "Yo no quiero que tú deseches tu barro, quiero que lo dejes en mis manos; quiero que tú pongas tu barro en mis manos, y quiero darte una forma nueva". | ||
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| + | Claro, cuando uno ve el cacharro del alfarero, lo ve deforme, lo ve mal hecho, uno dice: "Toca botarlo", pero Dios dice: "Este mismo barro todavía tien otra oportunidad, yo le puedo dar una forma nueva". Y esta, repito, es una palabra de profunda esperanza para nosotros. Dios no ha desechado, Dios no desecha m barro:lo toma y le da una forma nueva. | ||
Revisión del 14:54 16 jul 2010
Fecha: 2000803
Título:
Original en audio: 19 min. 32 seg.
EN TRANSCRIPCIÓN
Hermanos:
Hemos escuchado un texto del profeta Jeremías, profeta que tiene fama de triste. En España, en el español de España, se utiliza la expresión "jeremíada" para hablar de una larga serie de quejas y de lamentos y de amargura del alma.
Jeremías tiene fama de profeta alamrgo y triste. Realmente el tiempo que tuvo que vivir Jeremías fue de los más triste del Antiguo Testamento; creo que podemos decir, lo más bajo del pueblo de Dios, antes de Cristo,lo tuvo que vivir Jeremías.
Y por eso, hay unos episodios de la vida de Jeremías que se parecen a las humillaciones, al dolor, al absurdo que luego padeció Jesucristo en el momento de la Cruz. Hay unos parecidos notables entre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, y la Pasión dolorosa, humillante terrible que padeció todo el pueblo con motivo del destierro.
La palabra que está más relacionada con la vida de Jeremías es la palabra "destierro". El pueblo de Dios fue deterrado en tiempos de Jeremías, es decir, en el siglo VI antes de Jesucristo.
Fue desterrado de manera ignominiosa, y esto le dolió a todos, pero sobre todo le dolió a este profeta, porque él tenía los ojos especialmente abiertos para ver el mal que se venía encima, para anunciar ese mal y, en cierto sentido, para resultar impotente para concientizar al pueblo de lo que estaba sucediendo. Fue una vida realmente atravesada por el dolor.
Es muy importante recordar esto, porque el texto que hoy nos habla de una esperanza, viene de este profeta que tiene fama, bien ganada fama, de amargo. Este profeta, que tal vez sería de lo más triste en la Biblia, tiene hoy para nosotros una palabra de esperanza, una palabra bella sacada de una imagen pueblerina, de una situación sencilla de cada día: el taller del alfarero.
Esa palabra que le dice Dios a Jeremías, está llena de esperanza, tiene una carga de esperanza, es como una bomba de profundidad que se entra al corazón, y que si la dejamos estallar, nos repleta, nos colma, nos alimenta con esperanza.
"¿No podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? Jeremías 3,6. "Yo puedo ser alfarero si tú aceptas ser barro. Si tú aceptas que tu barro adquiera una forma nueva, yo puedo ser, yo sé ser, yo quiero ser tu alfarero".
Es muy hermosa la imagen del alfarero, porque es distinta la obra de un alfarero a la obra de un escultor. Ambos hacen cosas tridimensionales, ambos hacen cosas a partir de la arcilla a veces, hay esculturas que se hacen también con arcilla.
Pero lo interesante es aquí la imagen del alfarero, porque el escultor, si se equivoca, tiene que desechar la idea que tenía del bloque de piedra en el que estaba trabajando. Si se equivocó, se perdió ese bloque y toca buscar otro.
En cambio, el alfarero, si se equivocó, puede tomar el mismo barro y darle una forma nueva; el mismo barro y una obra nueva. Y eso es precisamente lo que significa la obra de Dios en nosotros.
La persona que llega al colmo de la desesperación dice: "Pues yo voy a acabar con mi vida", es decir, desecha su barro. Pero Dios dice: "Yo no quiero que tú deseches tu barro, quiero que lo dejes en mis manos; quiero que tú pongas tu barro en mis manos, y quiero darte una forma nueva".
Claro, cuando uno ve el cacharro del alfarero, lo ve deforme, lo ve mal hecho, uno dice: "Toca botarlo", pero Dios dice: "Este mismo barro todavía tien otra oportunidad, yo le puedo dar una forma nueva". Y esta, repito, es una palabra de profunda esperanza para nosotros. Dios no ha desechado, Dios no desecha m barro:lo toma y le da una forma nueva.