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Hay por ahí algún escriba que en diálogo con el Señor, pues parece que está más o menos cerca del Evangelio, pero en general los escribas, lo mismo que los fariseos, lo mismo que los sacerdotes, lo mismo que los reyes, no tuvieron ojos para reconocer a Jesús.
 
Hay por ahí algún escriba que en diálogo con el Señor, pues parece que está más o menos cerca del Evangelio, pero en general los escribas, lo mismo que los fariseos, lo mismo que los sacerdotes, lo mismo que los reyes, no tuvieron ojos para reconocer a Jesús.
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Esto indica que el profeta tiene un algo quie no tiene nadie más. Porque Juan Bautista sí tuvo ojos para reconocer a Jesús. Juan Bautista le dice a los discípulos que tien cerca, cuando ve pasar a Jesús: "Ese es el Cordero de Dios"

Revisión del 15:05 13 jul 2010

Fecha: 19960724

Título:

Original en audio: 14 min. 13 seg.


Desde hace ya algunas semanas la Iglesia nos ofrece textos de los libros proféticos para la primera lectura en la Santa Misa.

Hemos escuchado, por ejemplo, a Amós, a Oseas, a Isaías, a Miqueas, y a partir de hoy, empezamos a escuchar algunos textos de Jeremías.

Parece que es una buena ocasión para hacer alguna reflexión sobre lo que significa esto de la voz profética y el lugar que tienen los profetas dentro del conjunto de la revelación.

Uno puede preguntarse además si esta maravilla que son las profecías ha cesado simplemente con el Nuevo Testamento.

¿En dónde están los profetas? ¿Dónde se puede conseguir hoy una profecía? San Pablo nos dice que hay que aspirar al don de profecía. Pero parece que lo mismo que sucedió con el pueblo de Israel, también el nuevo Israel, también la Iglesia, es un poco temerosa con respecto a la profecía.

Parece que tenemos miedo a que haya profetas, y parece que los profetas, cuando los hay, se encuentarn por un lado con que es difícil hallar quien discierna la voz profética, y por otro lado es difícil para ellos mismos aceptar su misión.

Que el Espíritu de Dios nos ayude en estas palabras, nos ilumine en este momento. Porque la fuerza que tiene la profecía es casi lo único, entre las instituciones del Antiguo Testamento, que alcanza a vislumbrar y a asomarse a la persona de Cristo.

A ver lo intento decir mejor porque salió como mal dicho. La institución del sacerdocio, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, no tuvo ojos para reconocer a Cristo. Y por eso vemos que más bien, sacerdotes y sumos sacerdotes, estuvieron entre los principales enemigosy opositores del Señor.

Entonces la sola institución del sacerdorcio, no tiene corazón para descubrir al Mesías, al Ungido de Dios.

Entonces pensemos en los reyes. Hubo reyes en el Antiguo Testamento, y hubo reyes en la época de Cristo. Herodes era rey, Pilato no era rey, era procurador, pero bueno, tenía algún género de poder temporal.

Bien, ¿los reyes pudieron reconocer al señor? Tampoco. Miraron, más bien, con terror la posibilidad de que hubiera un rey, y sabemos todos cómo Herodes se opuso con todas sus fuerzas al posible reinado de alguno de los niños de Belén, Herodes el grande.

Se opuso a eso, y fue capaz de pasar por encima de la sangre de niños inocentes, con tal de no correr el riesgo de que alguien le fuera a quitar su realeza. De manera que la institución de la realeza tampoco tuvo ojos para reconocer a Cristo.

Pensemos en los sabios, pensemos en los escribas. Los escribas tuvieron, delante de sus ojos, delante de su corazón, las palabras, las palabras de la Ley sobre todo, pero también palabras de los profetas.

Jesús habla de la Ley y los profetas. El escriba es el hombre que tiene delante la Palabra de Dios. Bien, hubo escribas, o mejor, esa institución, que es el escriba, ¿tuvo ojos para reconocer a Cristo? Parece que no.

Hay por ahí algún escriba que en diálogo con el Señor, pues parece que está más o menos cerca del Evangelio, pero en general los escribas, lo mismo que los fariseos, lo mismo que los sacerdotes, lo mismo que los reyes, no tuvieron ojos para reconocer a Jesús.

Esto indica que el profeta tiene un algo quie no tiene nadie más. Porque Juan Bautista sí tuvo ojos para reconocer a Jesús. Juan Bautista le dice a los discípulos que tien cerca, cuando ve pasar a Jesús: "Ese es el Cordero de Dios"