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Dos son las cosas que critica Oseas en esta lectura, y nosotros las podemos tomar, más que como un catigo,como una advertencia, como una exortación, porque ya vemos que la desobediencia a estas palabras acarrea la ruina.
 
Dos son las cosas que critica Oseas en esta lectura, y nosotros las podemos tomar, más que como un catigo,como una advertencia, como una exortación, porque ya vemos que la desobediencia a estas palabras acarrea la ruina.
  
Las dos cosas que toma Oseas en este pasaje son el corazón dividido y la multiplicación de altares de acuerdo con la properidad. Es tan diciente esa frase que dice el profeta que a medida que iban mejorando los frutos, iban mejorando los altares idolátricos: "Cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares" [[:Category:Osaeas 010_001|Oseas 10,1]].
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Las dos cosas que toma Oseas en este pasaje son: el corazón dividido y la multiplicación de altares, de acuerdo con la prosperidad. Es tan diciente esa frase que dice el profeta que a medida que iban mejorando los frutos, iban mejorando los altares idolátricos: "Cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares" [[:Category:Osaeas 010_001|Oseas 10,1]].
  
Las dos criticas son
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Las dos criticas son ese corazón que cree en Dios cuando le conviene, y luego esta multiplicación de ídolos, a medida que se multiplican los bienes. Ahí podemos encontrar una raíz profunda que llevará a superar esa idea que estaba en el Antiguo Testamento.
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Fíjate que en el Antiguo Testamento, la riqueza, la prosperidad, eran siempre señal de bendición de Dios. El que es bendecido por Dios, le tiene que ir bien; el que se aparta de Dios, le tiene que ir mal.
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Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o sobre naturales que garanticen ese mismo bienestar.
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Es verdad que todos los bienes provienen de Dios

Revisión del 01:12 29 jun 2010

Fecha:20000712

Título:

Original en audio: 14 min. 9 seg.


                                EN TRANSCRIPCIÓN

El profeta Oseas castiga con sus palabras el corazón dividido de los israelitas, que aprovecharon un cierto desorden que se presentó en una de esas transiciones complicadas de la política del reino del Norte, del reino de Israel, y sentían que, no habiendo gobierno visible, cesaba también el señorío de Dios.

Realmente esa historia de ese reino del Norte es más bien triste, porque no llegó a consolidar ninguna dinastía, y porque todas estas voces de los profetas, podemos decir que quedaron casi en el vacío. Sirven ahora para nosotros, pero ese pueblo como tal desapareció, y esas diez tribus de Israel se disolvieron en la nada y el vacío.

Por eso tomemos nosotros este mensaje, que si no aprovechó a ellos, pero sí permanece, seguramente es porque permanece para nosotros.

Dos son las cosas que critica Oseas en esta lectura, y nosotros las podemos tomar, más que como un catigo,como una advertencia, como una exortación, porque ya vemos que la desobediencia a estas palabras acarrea la ruina.

Las dos cosas que toma Oseas en este pasaje son: el corazón dividido y la multiplicación de altares, de acuerdo con la prosperidad. Es tan diciente esa frase que dice el profeta que a medida que iban mejorando los frutos, iban mejorando los altares idolátricos: "Cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares" Oseas 10,1.

Las dos criticas son ese corazón que cree en Dios cuando le conviene, y luego esta multiplicación de ídolos, a medida que se multiplican los bienes. Ahí podemos encontrar una raíz profunda que llevará a superar esa idea que estaba en el Antiguo Testamento.

Fíjate que en el Antiguo Testamento, la riqueza, la prosperidad, eran siempre señal de bendición de Dios. El que es bendecido por Dios, le tiene que ir bien; el que se aparta de Dios, le tiene que ir mal.

Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o sobre naturales que garanticen ese mismo bienestar.

Es verdad que todos los bienes provienen de Dios