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| + | ''Y esto es significativo, porque Dios es el único que crea un futuro. Allí donde nosotros vemos un muro, Dios ve una puerta. Allí donde nosotros vemos el final del camino, Dios sólo ve el comienzo de un nuevo camino. Allí donde nosotros decimos: "Aquí no hay nada que hacer", Dios responde: "Aquí todo está por hacer".'' | ||
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| + | Hay una decepción, hay una frustración, porque no fuimos capaces de ser fieles a la Alianza. Hay que comprobar, hay que estar ciertos y seguros de éso, hay que descender al abismo de la decepción: darnos cuenta de que no lo hicimos y de que no pudimos hacerlo. Eso es parte de la catequesis. | ||
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| + | Hay que saber recibirlo, hay que tomarse ese trago amargo y decir: "De acuerdo. ¡Okay! ¡Okay! ¡De acuerdo! No fui capaz". ¡Y se toma uno ese trago amargo! | ||
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| + | El egoísmo causa dispersión, porque cada uno se ocupa únicamente de lo que le sirve. El orgullo causa dispersión, porque cada uno se sube a la propia montaña diciendo: "Yo soy el que está más alto". | ||
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| + | Todo lo que es oscuro, todo lo que es pecaminoso, todo lo que viene del demonio, es finalmente división y dispersión. | ||
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| + | ''Por el contrario, lo que viene de Dios produce verdadera unidad. Porque, quitando el orgullo, en el valle de la humildad todos nos encontramos.'' | ||
Revisión del 23:23 18 mar 2010
Fecha: 20090404
Título: Es en la Cruz donde nos encontramos todos
Original en audio: 9 min. 52 seg.
Algo que me llama la atención inmediatamente de las lecturas que hemos oído, hermanos, es que hay una abundancia de verbos conjugados en el tiempo futuro.
Y cuando en la Biblia aparece mucho el tiempo futuro, es muy interesante y es bien importante, porque significa que hay una clave de esperanza.
Cuando dice, por ejemplo, la primera lectura: "El Señor reunirá a su pueblo, el Señor purificará a su pueblo" (véase Ezequiel 37,21;37,23), éso es tiempo futuro. Es una manera de indicar algo que va a suceder, algo que está a punto de suceder pero que hay que localizar adelante: hay que localizarlo en el porvenir.
Y esto es significativo, porque Dios es el único que crea un futuro. Allí donde nosotros vemos un muro, Dios ve una puerta. Allí donde nosotros vemos el final del camino, Dios sólo ve el comienzo de un nuevo camino. Allí donde nosotros decimos: "Aquí no hay nada que hacer", Dios responde: "Aquí todo está por hacer".
Es fundamental al terminar esta Cuaresma, descubrir que hay un final y que hay un comienzo. Hay un final, hay un tono de decepción, porque realmente nuestras fuerzas humanas no dieron para más, porque las instituciones humanas, como la monarquía, no dieron para más: "Esos reyes no sirvieron para nada, no sirvieron para más".
Hay una decepción, hay una frustración, porque no fuimos capaces de ser fieles a la Alianza. Hay que comprobar, hay que estar ciertos y seguros de éso, hay que descender al abismo de la decepción: darnos cuenta de que no lo hicimos y de que no pudimos hacerlo. Eso es parte de la catequesis.
Hay que saber recibirlo, hay que tomarse ese trago amargo y decir: "De acuerdo. ¡Okay! ¡Okay! ¡De acuerdo! No fui capaz". ¡Y se toma uno ese trago amargo!
Pero, detrás del trago amargo viene el caliz de la salvación, viene el brindis de la gloria. Y este es el sentido de ese tiempo futuro.
La palabra que más se repitió, es decir, la idea que más se repitió, es Dios reuniendo, Dios congregando a su pueblo.
El pecado causa dispersión, porque hace que cada uno se vaya detrás de sus intereses. El miedo causa dispersión, porque hace que cada uno diga: "¡Sálvese quien pueda!"
El egoísmo causa dispersión, porque cada uno se ocupa únicamente de lo que le sirve. El orgullo causa dispersión, porque cada uno se sube a la propia montaña diciendo: "Yo soy el que está más alto".
Todo lo que es oscuro, todo lo que es pecaminoso, todo lo que viene del demonio, es finalmente división y dispersión.
Por el contrario, lo que viene de Dios produce verdadera unidad. Porque, quitando el orgullo, en el valle de la humildad todos nos encontramos.