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| + | Y dentro de este proceso, llegamos hasta Salomón, un momento glorioso y bello de la monarquía. ¡Qué escena primorosa la que nos presenta esa primera lectura! Un joven, que por una parte tiene el agradecimiento ante Dios, y por otra parte tiene la humildad ante Dios. | ||
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| + | Son las dos virtudes que brillan en este Salomón. Es grande por lo que Dios ha hecho en él, pero se sabe pequeño por lo que Dios le encomienda. | ||
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| + | ''Y ahí tenemos como una primera enseñanza para nosotros. Cada uno de nosotros es grande, o es pequeño. Hay que saber ser grande y pequeño. Hay que ser grande, y saberse grande y valioso.'' | ||
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| + | ''Existe una historia detrás de nosotros. Nosotros somos el resultado de una historia hermosa que Dios ha ido tejiendo, y valemos mucho.'' | ||
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| + | Dice Salomón: "Tú trataste con misericordia a mi padre. Fiel a esa misericordia, le diste un hijo que se sentase en su trono" (''véase'' 1 Reyes 3,6). Es lo que sucede hoy. | ||
Revisión del 00:27 20 ene 2010
Fecha: 20000205
Título: Unir a la grandeza de la gratitud la pequenez de la humildad
Original en audio: 8 min. 35 seg.
En la primera lectura de todas estas semanas de comienzo del tiempo ordinario, nos hemos encontrado con la historia de la monarquía. Ése es el tema general de la primera lectura de todas estas semanas.
Nos empezaron hablando de Samuel, aquel profeta que siendo niño, recibió el llamado de Dios. Luego, cómo Samuel ungió a Saúl, el primero de los reyes.
Después, por qué Dios rechazó a Saúl, la soberbia y la violencia de Saúl contra David, que fue el elegido de Dios, la promesa que Dios le hace a David: "Tu dinastía, tu casa, sí va a permanecer en el reino" (véase 2 Samuel 7,16).
Y dentro de este proceso, llegamos hasta Salomón, un momento glorioso y bello de la monarquía. ¡Qué escena primorosa la que nos presenta esa primera lectura! Un joven, que por una parte tiene el agradecimiento ante Dios, y por otra parte tiene la humildad ante Dios.
Son las dos virtudes que brillan en este Salomón. Es grande por lo que Dios ha hecho en él, pero se sabe pequeño por lo que Dios le encomienda.
Y ahí tenemos como una primera enseñanza para nosotros. Cada uno de nosotros es grande, o es pequeño. Hay que saber ser grande y pequeño. Hay que ser grande, y saberse grande y valioso.
Existe una historia detrás de nosotros. Nosotros somos el resultado de una historia hermosa que Dios ha ido tejiendo, y valemos mucho.
Dice Salomón: "Tú trataste con misericordia a mi padre. Fiel a esa misericordia, le diste un hijo que se sentase en su trono" (véase 1 Reyes 3,6). Es lo que sucede hoy.