Diferencia entre revisiones de «O025001a»
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Y aquí tenemos dos modelos. David aparece como aquel hombre que quiere guiarse por el Espíritu de Dios, que quiere guiarse por la unción del Señor. Y si va a ser rey, es por respeto a esa unción que él reconoce, incluso en su enemigo. | Y aquí tenemos dos modelos. David aparece como aquel hombre que quiere guiarse por el Espíritu de Dios, que quiere guiarse por la unción del Señor. Y si va a ser rey, es por respeto a esa unción que él reconoce, incluso en su enemigo. | ||
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| + | Aquí se cumple también aquel principio paulino: "No toméis la justicia por vuestra mano; dejad que obre el Señor" (''véase'' Carta a los Romanos 12,19). | ||
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| + | Pero, sobre todo, aquí se cumple aquello de que: "Sed santos como yo soy santo" (''véase'' Levítico 11,44 ; 11,45), y aquello de: "Que vuestro corazón sea todo para el Señor como lo es hoy" (''véase'' Deuteronomio , ), que leemos en el libro del Deuteronomio. | ||
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| + | ''Si el corazón no está del todo en Dios, esas ráfagas de Dios lo que van a ocasionar en nuestra vida es inestabilidad, la sensación a veces de que nos da demasiado y de que no podemos agradecerle, y la sensación otras veces de que nos exige demasiado y de que no podemos responderle.'' | ||
Revisión del 05:38 11 ene 2010
Fecha: 19960119
Título: Que solamente la uncion de Dios reine en nosotros para encontrar verdadera paz
Original en audio: 9 min. 3 seg.
Hoy vemos a David que reconoce a Saúl como rey, a pesar de que Saúl perseguía por envidia, por celos a David, a pesar de que Saúl busca la muerte de David, y a pesar de que David sabe muy bien matar.
Y así lo confesará. Cuando se despida de Salomón, su hijo, le dirá éso: "Yo he derramado mucha sangre" (véase 1 Crónicas 22,8).
A pesar de que David sabe muy bien matar, esta vez no ha levantado su mano contra Saúl. ¡Y son enemigos! ¡Y David sabe matar!
Pero, en esta ocasión no ha causado la muerte de su enemigo. No la ha causado por una sóla razón: por respeto a la unción de Dios. Es decir, David, por encima de las diferencias personales, por encima de la enemistad que le está saliendo tan cara, por encima del odio recibido, reconoce la unción de Dios.
Por respeto a esta unción, se sigue reconociendo vasallo y continúa llamando "padre" (véase 1 Samuel 24,11) a Saúl. Lo interesante es que cuando David reconoce a Saúl, así, como rey, en virtud de la unción Saúl tiene que reconocer también que el reino será de David.
En el momento en el que David deja el juicio a Dios, Saúl reconoce que ha recibido el favor más grande, agradece a David, y admite que el reino será de David.
Desafortunadamente para Saúl, estos buenos propósitos no le duraron demasiado. El corazón de Saúl se vuelve voluble, oscuro: en un momento está en calma y al poco tiempo está en tormenta; pasa rápidamente de la depresión a la euforia, de la paz a la animadversión, del odio a la tranquilidad.
Y aquí tenemos dos modelos. David aparece como aquel hombre que quiere guiarse por el Espíritu de Dios, que quiere guiarse por la unción del Señor. Y si va a ser rey, es por respeto a esa unción que él reconoce, incluso en su enemigo.
Saúl es también un ungido de Dios, pero por decirlo de alguna forma, Saúl es una especie de ungido a medias. Y por eso, es un loco. La vida de Saúl acaba como la vida de un orate.
Y ése puede ser de Dios a medias. Porque, uno se chifla, uno se enloquece. Porque, el tamaño de los amores y de los favores de Dios nos deja desarmados.
Puede que haga incluso brotar lágrimas de gratitud en nuestros ojos como hoy en los ojos de Saúl, y en un momento así diremos: "Señor, sólo tú eres mi Señor". Pero, luego, cuando esos favores no sean tan evidentes, muy fácilmente pasaremos al otro extremo, nos olvidaremos de Dios y obraremos en su contra.
La enseñanza para nosotros, entonces, es, o mejor dicho, son varias. Aquí se cumple, desde luego, aquel principio evangélico: "El que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado" (véase San Lucas 14,11).
Aquí se cumple también aquel principio paulino: "No toméis la justicia por vuestra mano; dejad que obre el Señor" (véase Carta a los Romanos 12,19).
Pero, sobre todo, aquí se cumple aquello de que: "Sed santos como yo soy santo" (véase Levítico 11,44 ; 11,45), y aquello de: "Que vuestro corazón sea todo para el Señor como lo es hoy" (véase Deuteronomio , ), que leemos en el libro del Deuteronomio.
Si el corazón no está del todo en Dios, esas ráfagas de Dios lo que van a ocasionar en nuestra vida es inestabilidad, la sensación a veces de que nos da demasiado y de que no podemos agradecerle, y la sensación otras veces de que nos exige demasiado y de que no podemos responderle.