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Bueno, mis hermanos, son muy abundantes las lecturas de hoy, o mejor, abundante el texto que esas lecturas nos traen. En esta hoja que utilizamos para poder seguir los textos, fíjate que no quedó espacio para nada más. Son lecturas más largas, podríamos decir, que de costumbre, sobre todo la segunda.
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Algún día antes de morirme, yo quisiera entender por qué hay esa distribución entre la segunda lectura, que va como por un lado, y la primera y el evangelio, que llevan casi siempre un tema parecido.
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Tal vez es como para ofrecer dos platos distintos en este banquete que es la Palabra de Dios. Así como se acostumbra en muchos banquetes: se ofrece, por ejemplo, la sopa, y luego el que llaman el segundo, o el seco, o el plato principal.
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Entonces, parece que así es también aquí. Hay siempre un plato principal que es el que va en la primera lectura con el evangelio, y hay otro platico que no tiene una relación directa a veces, que es la segunda lectura.
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Pero, ese platico es bastante generoso también en este día, con ese tema tan hermoso del cuerpo, cómo estamos todos unidos en Cristo, cómo nos necesitamos todos unos a otros.
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Hay una historia muy bonita de dos hombres que iban por un camino y llegaron a un cierto lugar supremamente pedregoso, complicado, con un abismo al lado. Y uno de estos amigos estaba seriamente impedido: apenas podía moverse con unas muletas. El otro también estaba muy impedido, porque era ciego.
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Entonces, al de las muletas le quedaba muy difícil avanzar entre todas esas piedras y dijo: "Yo, aquí, me voy es a rodar por ese abismo". Al ciego le quedaba muy difícil avanzar a través de ese lugar, ya que no reconociendo el camino, también podía perder la vida.
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Pero, llegaron a un feliz acuerdo. El ciego cargó al cojo. Por lo tanto, el cojo que tenía buenos ojos, iba dirigiendo, y el ciego que tenía buenas piernas, iba avanzando. Así los dos pudieron salvarse.
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''Esa historia, esa fábula, se parece a lo que es la vida humana cuando aprendemos a apoyarnos. Todos nos necesitamos. Nadie tiene todos los dones, nadie tiene todo lo que necesita.''
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Necesitamos maestros como necesitamos doctores. Necesitamos mecánicos y marineros, necesitamos gente en los negocios y en la política. Hay que aprender a hacer presencia en todos esos lugares.
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''Nos necesitamos; es un mensaje muy bonito de esa lectura de hoy: "Así como el ojo necesita de la mano, o la mano del ojo"'' (''véase'' 1 Corintios 12,21). ''Aprender a necesitarnos y a contar unos con otros, es parte de lo que significa la verdadera vida cristiana.''
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Y así lo vemos también en la misma Iglesia: hay muy distintas vocaciones. A veces se alaba mucho la vocación del sacerdote cuando es un buen sacerdote.
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Pero, todos necesitamos de las distintas vocaciones. Ser papá es un trabajo de veinticuatro horas al día como estamos comprobando en esta Misa. Es difícil ser papá, ser un buen papá. Ser una buena mamá es difícil, ser un buen esposo, formar una familia.
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No se necesita mucha ciencia para pasar una noche con una mujer o con un hombre. Pero, sí se necesita mucha ciencia, paciencia, devoción, entrega, generosidad, tolerancia, capacidad de perdón, para formar un hogar. ¡Y necesitamos esa vocación!

Revisión del 23:45 14 ene 2010

Fecha: 20070121

Título: Porque todos nos necesitamos y tenemos un lugar en esta tierra, no dejemos de preguntar a Dios para qué nos quiere en ella

Original en audio: 17 min. 6 seg.


Bueno, mis hermanos, son muy abundantes las lecturas de hoy, o mejor, abundante el texto que esas lecturas nos traen. En esta hoja que utilizamos para poder seguir los textos, fíjate que no quedó espacio para nada más. Son lecturas más largas, podríamos decir, que de costumbre, sobre todo la segunda.

Algún día antes de morirme, yo quisiera entender por qué hay esa distribución entre la segunda lectura, que va como por un lado, y la primera y el evangelio, que llevan casi siempre un tema parecido.

Tal vez es como para ofrecer dos platos distintos en este banquete que es la Palabra de Dios. Así como se acostumbra en muchos banquetes: se ofrece, por ejemplo, la sopa, y luego el que llaman el segundo, o el seco, o el plato principal.

Entonces, parece que así es también aquí. Hay siempre un plato principal que es el que va en la primera lectura con el evangelio, y hay otro platico que no tiene una relación directa a veces, que es la segunda lectura.

Pero, ese platico es bastante generoso también en este día, con ese tema tan hermoso del cuerpo, cómo estamos todos unidos en Cristo, cómo nos necesitamos todos unos a otros.

Hay una historia muy bonita de dos hombres que iban por un camino y llegaron a un cierto lugar supremamente pedregoso, complicado, con un abismo al lado. Y uno de estos amigos estaba seriamente impedido: apenas podía moverse con unas muletas. El otro también estaba muy impedido, porque era ciego.

Entonces, al de las muletas le quedaba muy difícil avanzar entre todas esas piedras y dijo: "Yo, aquí, me voy es a rodar por ese abismo". Al ciego le quedaba muy difícil avanzar a través de ese lugar, ya que no reconociendo el camino, también podía perder la vida.

Pero, llegaron a un feliz acuerdo. El ciego cargó al cojo. Por lo tanto, el cojo que tenía buenos ojos, iba dirigiendo, y el ciego que tenía buenas piernas, iba avanzando. Así los dos pudieron salvarse.

Esa historia, esa fábula, se parece a lo que es la vida humana cuando aprendemos a apoyarnos. Todos nos necesitamos. Nadie tiene todos los dones, nadie tiene todo lo que necesita.

Necesitamos maestros como necesitamos doctores. Necesitamos mecánicos y marineros, necesitamos gente en los negocios y en la política. Hay que aprender a hacer presencia en todos esos lugares.

Nos necesitamos; es un mensaje muy bonito de esa lectura de hoy: "Así como el ojo necesita de la mano, o la mano del ojo" (véase 1 Corintios 12,21). Aprender a necesitarnos y a contar unos con otros, es parte de lo que significa la verdadera vida cristiana.

Y así lo vemos también en la misma Iglesia: hay muy distintas vocaciones. A veces se alaba mucho la vocación del sacerdote cuando es un buen sacerdote.

Pero, todos necesitamos de las distintas vocaciones. Ser papá es un trabajo de veinticuatro horas al día como estamos comprobando en esta Misa. Es difícil ser papá, ser un buen papá. Ser una buena mamá es difícil, ser un buen esposo, formar una familia.

No se necesita mucha ciencia para pasar una noche con una mujer o con un hombre. Pero, sí se necesita mucha ciencia, paciencia, devoción, entrega, generosidad, tolerancia, capacidad de perdón, para formar un hogar. ¡Y necesitamos esa vocación!