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| + | Por respeto a esta unción, se sigue reconociendo vasallo y continúa llamando "padre" (''véase'' 1 Samuel 24,11) a Saúl. Lo interesante es que cuando David reconoce a Saúl, así, como rey, en virtud de la unción Saúl tiene que reconocer también que el reino será de David. | ||
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| + | En el momento en el que David deja el juicio a Dios, Saúl reconoce que ha recibido el favor más grande, agradece a David, y admite que el reino será de David. | ||
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| + | Desafortunadamente para Saúl, estos buenos propósitos no le duraron demasiado. El corazón de Saúl se vuelve voluble, oscuro: en un momento está en calma y al poco tiempo está en tormenta; pasa rápidamente de la depresión a la euforia, de la paz a la animadversión, del odio a la tranquilidad. | ||
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| + | Y aquí tenemos dos modelos. David aparece como aquel hombre que quiere guiarse por el Espíritu de Dios, que quiere guiarse por la unción del Señor. Y si va a ser rey, es por respeto a esa unción que él reconoce, incluso en su enemigo. | ||
Revisión del 05:17 11 ene 2010
Fecha: 19960119
Título: Que solamente la uncion de Dios reine en nosotros para encontrar verdadera paz
Original en audio: 9 min. 3 seg.
Hoy vemos a David que reconoce a Saúl como rey, a pesar de que Saúl perseguía por envidia, por celos a David, a pesar de que Saúl busca la muerte de David, y a pesar de que David sabe muy bien matar.
Y así lo confesará. Cuando se despida de Salomón, su hijo, le dirá éso: "Yo he derramado mucha sangre" (véase 1 Crónicas 22,8).
A pesar de que David sabe muy bien matar, esta vez no ha levantado su mano contra Saúl. ¡Y son enemigos! ¡Y David sabe matar!
Pero, en esta ocasión no ha causado la muerte de su enemigo. No la ha causado por una sóla razón: por respeto a la unción de Dios. Es decir, David, por encima de las diferencias personales, por encima de la enemistad que le está saliendo tan cara, por encima del odio recibido, reconoce la unción de Dios.
Por respeto a esta unción, se sigue reconociendo vasallo y continúa llamando "padre" (véase 1 Samuel 24,11) a Saúl. Lo interesante es que cuando David reconoce a Saúl, así, como rey, en virtud de la unción Saúl tiene que reconocer también que el reino será de David.
En el momento en el que David deja el juicio a Dios, Saúl reconoce que ha recibido el favor más grande, agradece a David, y admite que el reino será de David.
Desafortunadamente para Saúl, estos buenos propósitos no le duraron demasiado. El corazón de Saúl se vuelve voluble, oscuro: en un momento está en calma y al poco tiempo está en tormenta; pasa rápidamente de la depresión a la euforia, de la paz a la animadversión, del odio a la tranquilidad.
Y aquí tenemos dos modelos. David aparece como aquel hombre que quiere guiarse por el Espíritu de Dios, que quiere guiarse por la unción del Señor. Y si va a ser rey, es por respeto a esa unción que él reconoce, incluso en su enemigo.