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'''Título: En la Madre de Dios encontramos el verdadero modelo y referencia de la vida en Cristo'''
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Son tantas las emociones que uno suele vivir por estas fechas,  porque se reúne la familia, porque ve uno amigos o piensa en amigos en los que usualmente no pensaba o no veía, porque es el tiempo en el que uno recuerda también a los que ya se fueron, quiénes estaban, quiénes no estaban por estos días en otros años.
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En fin, hay tantas emociones que se juntan y tantas celebraciones, que la fiesta de hoy, que es tan importante, puede pasar desapercibida. Incluso les cuento a quienes no lo sepan, que ésta es la fiesta más importante del calendario mariano, ésta es la fiesta de la Virgen que va primero, ésta es la que le da su lugar a todas las demás, y no lo parece.
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Tal vez estamos un poco cansados, tal vez un poco cortos de sueño. Mucha gente está seguramente bien acomodada delante de la pantalla del televisor, o tratando de tomar algo que le mejore sus procesos digestivos. Quizás ellos podrían perderse esta fiesta, quizás se la están perdiendo, la fiesta de la Santísima Virgen María, Madre de Dios.
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Porque, a poco que lo analicemos, descubrimos que es esta causa, esta vocación de esa Mujer, María de Nazareth, la que explica el lugar que Ella ocupa en el conjunto de los designios del Padre Celestial.
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''Si María es importante en la historia de la Redención, es por una sóla razón: porque es la Madre de Jesucristo. Si Ella interesa a nosotros, si es tan importante para nosotros, es fundamentalmente porque en Ella, a través de Ella y con su consentimiento, sucedió aquel milagro maravilloso de la Encarnación.''
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Y precisamente, ejerciendo su tarea de verdadera mamá, María vistió de humanidad al Verbo de Dios. Porque, no pensemos que la Encarnación consiste simplemente en darle unas células humanas al Hijo Eterno de Dios. El milagro de la Encarnación,  supone que Ella realizó verdaderamente todo lo que una buena y amorosa madre realiza en un hijo.
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Y uno se estremece de pensar que María tuvo que enseñar a hablar al Hijo de Dios, aún más, tuvo que enseñarlo a rezar. Él aprendió de los labios de María y de José aquellas plegarias que el mismo Dios había inspirado en boca de los Profetas y de los Salmistas.
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María recibió, no el encargo de darle unos tejidos a Cristo, sino de darle lo que una madre hace por un hijo, y esto significa introducirlo en la sociedad humana, introducirlo en la relación con Dios, hacer de Él una persona, un ciudadano, un miembro de familia, un vecino, todo aquello que realiza una mamá.
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Se trata de formar al Hijo de Dios. Precisamente, cuando uno medita en esto, cuando uno piensa que en el Hijo de Dios no cabe pecado y que no obstante, como nos dice el Evangelista Lucas en otro pasaje: "Estaba sujeto a María y a José" (''véase'' San Lucas 2,51), cuando uno medita esto, siente vértigo de pensar la altura de la santidad de San José y de la Virgen.
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¿Cómo sería aquella santidad para que ellos, obrando como verdaderos papás, enseñando como verdaderos papás, guiando como verdaderos papás, sin embargo en nada contradijeran la perfecta realización de la voluntad de Dios en su Hijo?
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''Tiene que ser muy grande, muy, muy grande la santidad de aquella Mujer que le enseña a orar a Jesús. Tiene que ser muy grande la santidad de Aquella que tiene que educarlo en las cosas básicas y enseñarlo a hablar y a tratar a las demás personas, a acogerlas y a recibirlas.''

Revisión del 04:33 15 dic 2009

Fecha: 20080101

Título: En la Madre de Dios encontramos el verdadero modelo y referencia de la vida en Cristo

Original en audio: 11 min. 6 seg.


Son tantas las emociones que uno suele vivir por estas fechas, porque se reúne la familia, porque ve uno amigos o piensa en amigos en los que usualmente no pensaba o no veía, porque es el tiempo en el que uno recuerda también a los que ya se fueron, quiénes estaban, quiénes no estaban por estos días en otros años.

En fin, hay tantas emociones que se juntan y tantas celebraciones, que la fiesta de hoy, que es tan importante, puede pasar desapercibida. Incluso les cuento a quienes no lo sepan, que ésta es la fiesta más importante del calendario mariano, ésta es la fiesta de la Virgen que va primero, ésta es la que le da su lugar a todas las demás, y no lo parece.

Tal vez estamos un poco cansados, tal vez un poco cortos de sueño. Mucha gente está seguramente bien acomodada delante de la pantalla del televisor, o tratando de tomar algo que le mejore sus procesos digestivos. Quizás ellos podrían perderse esta fiesta, quizás se la están perdiendo, la fiesta de la Santísima Virgen María, Madre de Dios.

Porque, a poco que lo analicemos, descubrimos que es esta causa, esta vocación de esa Mujer, María de Nazareth, la que explica el lugar que Ella ocupa en el conjunto de los designios del Padre Celestial.

Si María es importante en la historia de la Redención, es por una sóla razón: porque es la Madre de Jesucristo. Si Ella interesa a nosotros, si es tan importante para nosotros, es fundamentalmente porque en Ella, a través de Ella y con su consentimiento, sucedió aquel milagro maravilloso de la Encarnación.

Y precisamente, ejerciendo su tarea de verdadera mamá, María vistió de humanidad al Verbo de Dios. Porque, no pensemos que la Encarnación consiste simplemente en darle unas células humanas al Hijo Eterno de Dios. El milagro de la Encarnación, supone que Ella realizó verdaderamente todo lo que una buena y amorosa madre realiza en un hijo.

Y uno se estremece de pensar que María tuvo que enseñar a hablar al Hijo de Dios, aún más, tuvo que enseñarlo a rezar. Él aprendió de los labios de María y de José aquellas plegarias que el mismo Dios había inspirado en boca de los Profetas y de los Salmistas.

María recibió, no el encargo de darle unos tejidos a Cristo, sino de darle lo que una madre hace por un hijo, y esto significa introducirlo en la sociedad humana, introducirlo en la relación con Dios, hacer de Él una persona, un ciudadano, un miembro de familia, un vecino, todo aquello que realiza una mamá.

Se trata de formar al Hijo de Dios. Precisamente, cuando uno medita en esto, cuando uno piensa que en el Hijo de Dios no cabe pecado y que no obstante, como nos dice el Evangelista Lucas en otro pasaje: "Estaba sujeto a María y a José" (véase San Lucas 2,51), cuando uno medita esto, siente vértigo de pensar la altura de la santidad de San José y de la Virgen.

¿Cómo sería aquella santidad para que ellos, obrando como verdaderos papás, enseñando como verdaderos papás, guiando como verdaderos papás, sin embargo en nada contradijeran la perfecta realización de la voluntad de Dios en su Hijo?

Tiene que ser muy grande, muy, muy grande la santidad de aquella Mujer que le enseña a orar a Jesús. Tiene que ser muy grande la santidad de Aquella que tiene que educarlo en las cosas básicas y enseñarlo a hablar y a tratar a las demás personas, a acogerlas y a recibirlas.