Diferencia entre revisiones de «Co14001a»
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Queridos Amigos: | Queridos Amigos: | ||
| − | Hay una manera de poner el corazón en movimiento, a través del miedo, el miedo nos hace correr; pero hay otra manera de poner el corazón en movimiento, a través del amor, que también nos hace correr, pero de otra manera,con otro estilo, con otro fruto. | + | Hay una manera de poner el corazón en movimiento, a través del miedo, el miedo nos hace correr; pero hay otra manera de poner el corazón en movimiento, a través del amor, que también nos hace correr, pero de otra manera, con otro estilo, con otro fruto. |
Y el amor tiene como principio la admiración. Todo aquel que se haya enamorado, sabe que primero hay que pasar por la admiración: admiración de la belleza, admiración de la inteligencia, admiración a veces de cosas muy materiales: el estilo de vestir, el carro que se maneja.... | Y el amor tiene como principio la admiración. Todo aquel que se haya enamorado, sabe que primero hay que pasar por la admiración: admiración de la belleza, admiración de la inteligencia, admiración a veces de cosas muy materiales: el estilo de vestir, el carro que se maneja.... | ||
| − | Pues así también quisiera yo que hoy nosotros despertáramos a la admiración,porque Jesús nos presenta hoy toda una estrategia misionera, toda una labor misionera | + | Pues así también quisiera yo que hoy nosotros despertáramos a la admiración,porque Jesús nos presenta hoy toda una estrategia misionera, toda una labor misionera. Yo quisiera quew Dios me diera palabras para ponderar lo que significa la vida y la obra de los misioneros, lo que significa ser misionero. |
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| + | ¿Qué tal que Dios me diera una palabra tan maravillosa, tan luminosa, tan dulce, que quizá alguno de los aquí presentes, niños, niñas, jóvenes, se animara, se enamorara del tal manera del Evangelio, que pensara incluso en hacerse misionero? | ||
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| + | Hacerse misionero es un programa de amor; de esos hombre y mujeres que dejan su cultura, su familia,sus comodidades; esas personas que dejan atrás su lengua y sus amigos; esos que dejan la estabilidad de un trabajo, para seguir en alas del Espíritu, para encontrarse con otros pueblos, con otras gentes, con otras lenguas, muchas veces para pagar su audacia a precio de enfermedades, de cansancio, de incomprensión, y en algunos casos incluso con la muerte. | ||
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| + | Se parecen a los embriagados o a los orates, a los locos; hay que estar medio locos y hay que estar medio embriagado; loco por Cristo, ebrio del Espíritu; hay que estar apasionado por Dios para dar un paso de esos. | ||
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| + | Y aunque es verdad que todos podemos ser misioneros, allí en nuestra familia, en nuestro trabajo, no cabe duda de que la admiración se apodera del alma, cuando pensamos en aquellas personas que emprendieron viajes inciertos, aferrados tan sólo al mástil de la Cruz. | ||
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| + | Para nosotros los Dominicos de Colombia, hay un hombre que lo dice todo en materia de misiones: San Luis Bertrán, un español,un valenciano del siglo XVI, fraile de nuestra Orden, que dejó la tranquilidad de recoleta de su convento de España,para atravesar el océano en condiciones penosísimas y luego adentrarse en estas tierras. | ||
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| + | Se ha calumniado tanto la labor de los misioneros, se han dicho tantas tonterías sobre la obra de los misioneros, que hemos perdido casi la capacidad de admirar el valor, el arrojo, la fe, la esperanza de esos hombres y mujeres que nos dieron las semillas del Evangelio; ¿que cometieron errores? Tal vez, seguramente, pero hay que tener en cuenta que la historia se ha contado con muchas mentiras. | ||
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| + | Mucha gente nmo sabe que estos misioneros, más que ser perseguidos por las tribus indígenas aquí, eran más perseguidos por sus compatriotas, porque precisamente fueron los heraldos de Cristo los primeros que denunciaron las injusticias contra los indígenas. | ||
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| + | Dos retratos breves quiero trazar de San Luis Bertrán. En alguna ocasión estaba evangelizando a un grupo de indígenas que adoraban, con esa devoción que sólo se debe al Dios verdadero, adoraban a un ídolo, una especie de totem; y el santo, habiendo abonado con sus penitencias y con sus oraciones ese terreno y esas almas, se esforzaba con lo mejor de su elocuencia en convencerlos de que el Creador es distinto de toda creación, de todo lo que pudieran hacer nuestras manos. | ||
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| + | Aunque sabía que se trataba de una tribu sumamente violenta, en un arranque de amor, en un arranque de pasión, de santa ira, se acercó donde estaba ese ídolo venerado por todos, y les repitió aquellas palabras de la Escritura: " | ||
Revisión del 21:24 15 jun 2007
Fecha: 19980705
Título:
Original en audio: 11 min. 12 seg.
Queridos Amigos:
Hay una manera de poner el corazón en movimiento, a través del miedo, el miedo nos hace correr; pero hay otra manera de poner el corazón en movimiento, a través del amor, que también nos hace correr, pero de otra manera, con otro estilo, con otro fruto.
Y el amor tiene como principio la admiración. Todo aquel que se haya enamorado, sabe que primero hay que pasar por la admiración: admiración de la belleza, admiración de la inteligencia, admiración a veces de cosas muy materiales: el estilo de vestir, el carro que se maneja....
Pues así también quisiera yo que hoy nosotros despertáramos a la admiración,porque Jesús nos presenta hoy toda una estrategia misionera, toda una labor misionera. Yo quisiera quew Dios me diera palabras para ponderar lo que significa la vida y la obra de los misioneros, lo que significa ser misionero.
¿Qué tal que Dios me diera una palabra tan maravillosa, tan luminosa, tan dulce, que quizá alguno de los aquí presentes, niños, niñas, jóvenes, se animara, se enamorara del tal manera del Evangelio, que pensara incluso en hacerse misionero?
Hacerse misionero es un programa de amor; de esos hombre y mujeres que dejan su cultura, su familia,sus comodidades; esas personas que dejan atrás su lengua y sus amigos; esos que dejan la estabilidad de un trabajo, para seguir en alas del Espíritu, para encontrarse con otros pueblos, con otras gentes, con otras lenguas, muchas veces para pagar su audacia a precio de enfermedades, de cansancio, de incomprensión, y en algunos casos incluso con la muerte.
Se parecen a los embriagados o a los orates, a los locos; hay que estar medio locos y hay que estar medio embriagado; loco por Cristo, ebrio del Espíritu; hay que estar apasionado por Dios para dar un paso de esos.
Y aunque es verdad que todos podemos ser misioneros, allí en nuestra familia, en nuestro trabajo, no cabe duda de que la admiración se apodera del alma, cuando pensamos en aquellas personas que emprendieron viajes inciertos, aferrados tan sólo al mástil de la Cruz.
Para nosotros los Dominicos de Colombia, hay un hombre que lo dice todo en materia de misiones: San Luis Bertrán, un español,un valenciano del siglo XVI, fraile de nuestra Orden, que dejó la tranquilidad de recoleta de su convento de España,para atravesar el océano en condiciones penosísimas y luego adentrarse en estas tierras.
Se ha calumniado tanto la labor de los misioneros, se han dicho tantas tonterías sobre la obra de los misioneros, que hemos perdido casi la capacidad de admirar el valor, el arrojo, la fe, la esperanza de esos hombres y mujeres que nos dieron las semillas del Evangelio; ¿que cometieron errores? Tal vez, seguramente, pero hay que tener en cuenta que la historia se ha contado con muchas mentiras.
Mucha gente nmo sabe que estos misioneros, más que ser perseguidos por las tribus indígenas aquí, eran más perseguidos por sus compatriotas, porque precisamente fueron los heraldos de Cristo los primeros que denunciaron las injusticias contra los indígenas.
Dos retratos breves quiero trazar de San Luis Bertrán. En alguna ocasión estaba evangelizando a un grupo de indígenas que adoraban, con esa devoción que sólo se debe al Dios verdadero, adoraban a un ídolo, una especie de totem; y el santo, habiendo abonado con sus penitencias y con sus oraciones ese terreno y esas almas, se esforzaba con lo mejor de su elocuencia en convencerlos de que el Creador es distinto de toda creación, de todo lo que pudieran hacer nuestras manos.
Aunque sabía que se trataba de una tribu sumamente violenta, en un arranque de amor, en un arranque de pasión, de santa ira, se acercó donde estaba ese ídolo venerado por todos, y les repitió aquellas palabras de la Escritura: "