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| + | Sin embargo, antes de la fidelidad, lo invita a la admiración. Sentir admiración y cariño, sentir agradecimiento, amor, alegría por la Ley. La lógica consecuencia de todos esos sentimientos, es la fidelidad. | ||
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| + | Y en el evangelio, pues, también está el tema de la Ley, aunque de una manera distinta. Resulta que los fariseos eran grandes amantes de la Ley, pero podemos decir que se iban al otro extremo, porque no sólo querían que se obedeciera la Ley de Dios, o tal vez no era lo que más les importaba, la Ley de Dios, sino todas sus costumbres y sus propias leyes. | ||
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| + | Con la ayuda del Espíritu Santo, tratemos de recibir este mensaje para nuestras vidas. Tratemos de ver cómo esto se aplica a nuestra existencia. | ||
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| + | Pues, hay un matrimonio, una especie de matrimonio que Dios quiere celebrar con cada uno de nosotros. La Ley, lo que nosotros llamamos la Ley o los Mandamientos, en hebreo significa también la Alianza, es la palabra de alianza. | ||
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| + | ¡Qué bueno es creer en Él! ¡Qué bueno es lo que Dios manda! ¡Qué bueno es lo que Dios dispone! Mas, eso no es tan fácil. Al principio, uno puede sentir que las Leyes de Dios tienen un rostro muy antipático, empezando por el hecho de que muchas de ellas comienzan con la palabra "no": "No mates, no forniques, no mientas" (''véase'' Éxodo 20,13-16). | ||
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| + | Tantos no'es hacen que la Ley tenga una cara bastante antipática. Por eso se necesita la predicación, se necesita la oración y se necesita la reflexión, para encontrar el fruto dulce debajo de esa cáscara un poco amarga, encontrar lo que hay ahí. | ||
Revisión del 01:53 28 ago 2009
Fecha: 20060903
Título: Valorar el bien que trae la Ley
Original en audio: 16 min. 18 seg.
Ustedes habrán notado que con mucha frecuencia, la primera lectura y el evangelio van como en un mismo tema. La segunda lectura a veces complementa y a veces abre un tema distinto. Pero, en general, en los domingos es más fácil ver la relación entre el evangelio y la primera lectura.
Así sucede también hoy. La primera lectura ha sido tomada del libro del Deuteronomio, y en ella Moisés hace un elogio de la Ley. Invita al pueblo de Dios a ser fiel a esa Ley.
Sin embargo, antes de la fidelidad, lo invita a la admiración. Sentir admiración y cariño, sentir agradecimiento, amor, alegría por la Ley. La lógica consecuencia de todos esos sentimientos, es la fidelidad.
Y en el evangelio, pues, también está el tema de la Ley, aunque de una manera distinta. Resulta que los fariseos eran grandes amantes de la Ley, pero podemos decir que se iban al otro extremo, porque no sólo querían que se obedeciera la Ley de Dios, o tal vez no era lo que más les importaba, la Ley de Dios, sino todas sus costumbres y sus propias leyes.
Entonces, Jesús viene a decir: "No le podemos dar ese lugar, el lugar de la Ley de Dios, no se lo podemos dar a ninguna palabra humana" (véase San Marcos 7,6-8).
Con la ayuda del Espíritu Santo, tratemos de recibir este mensaje para nuestras vidas. Tratemos de ver cómo esto se aplica a nuestra existencia.
En primer lugar, me gusta mucho eso de Moisés, que uno tiene que valorar la Ley, uno tiene que valorar lo que ha recibido antes de ser fiel. El que no valora el compromiso que tiene, será fiel solamente a la fuerza.
Cuando una persona se siente feliz, por ejemplo, de su matrimonio, cuando se siente feliz de la persona que ha escogido y de la persona que lo ha escogido a él, cuando piensa que esa relación es lo más hermoso que le ha pasado en la vida, le resulta muy fácil ser fiel.
En cambio, si esa persona no siente esa alegría, si no siente el bien del matrimonio, casi que cualquier cosa que se le diga por la fidelidad o en favor de la fidelidad, le va a parecer algo forzado y que le están quitando su libertad, que lo están presionando.
Pues, hay un matrimonio, una especie de matrimonio que Dios quiere celebrar con cada uno de nosotros. La Ley, lo que nosotros llamamos la Ley o los Mandamientos, en hebreo significa también la Alianza, es la palabra de alianza.
Alianza, como el matrimonio, alianza, como usted hace un negocio con un buen amigo. ¡Una alianza! Dios quiere hacer ese buen negocio con cada uno de nosotros, y Dios quiere celebrar ese matrimonio con cada uno de nosotros. Pero, hay que sentir la alegría, el bien de la Ley.
¡Qué bueno es creer en Él! ¡Qué bueno es lo que Dios manda! ¡Qué bueno es lo que Dios dispone! Mas, eso no es tan fácil. Al principio, uno puede sentir que las Leyes de Dios tienen un rostro muy antipático, empezando por el hecho de que muchas de ellas comienzan con la palabra "no": "No mates, no forniques, no mientas" (véase Éxodo 20,13-16).
Tantos no'es hacen que la Ley tenga una cara bastante antipática. Por eso se necesita la predicación, se necesita la oración y se necesita la reflexión, para encontrar el fruto dulce debajo de esa cáscara un poco amarga, encontrar lo que hay ahí.