Diferencia entre revisiones de «Bo15002a»
m (Desprotegió Bo15002a) |
|
(Sin diferencias)
| |
Revisión del 02:23 8 jul 2009
Fecha: 20000716
Título: En Jesucristo se cumple la promesa
Original en audio: 16 min. 15 seg.
Casi siempre en las lecturas de los domingos hay una relación próxima entre la primera lectura y el evangelio, no suele ser tan cercana la relación de la segunda lectura, a veces francamente trae un tema bien distinto o a veces su conexión con el evangelio es un poco más accidental.
La razón está en que los evangelios pues son básicamente narración y la segunda lectura suele ser tomada de las Cartas y las Cartas son mas doctrina, más reflexión, podríamos decir, sobre la obra de Dios.
Vayamos a las lecturas de hoy y busquemos, de acuerdo con esto, como se relaciona la primera lectura y el evangelio. La primera lectura fue tomada de Amós, y el evangelio tomado de San Marcos.
Tratemos de buscar, este es un ejercicio que debe hacer no solamente el sacerdote, el diacono o el predicador, sino yo creo que todos los que participamos en la Santa Misa, tratemos de buscar cual sería esa palabra de conexión, cual sería ese puente que podemos establecer entre la situación de Amós y aquello que nos cuenta el evangelio, cuando Jesucristo envía a sus Apóstoles, envió a los doce.
Amós es un profeta y Jesús envía a los Apóstoles; pero atención, Amós se presenta como un enviado de parte de Dios, él tenía su oficio; pero era enviado por parte de Dios y ahora, en el evangelio están los Apóstoles que son enviados por la palabra de Jesucristo.
En últimas podemos decir enviados por Dios; ahí hay como una conexión, ahí hay como un puente, por lo menos un primer puente, en la primera lectura tenemos el caso de un enviado de parte de Dios y en el evangelio tenemos el caso de unos enviados de parte de Dios.
Pero estos enviados tienen la palabra de Dios, también aquí se parecen. Amós predica y los Apóstoles predican, la noticia que llega de parte de Dios, la noticia que Dios envía es necesaria para la salud del mundo, pero el mundo no la acoge, no la recibe fácilmente, entonces Amós encuentra el rechazo, encuentra la dificultad, encuentra confrontación, incluso de parte de los que debían apoyarlo.
El sacerdote Amasías, allá en casa de Dios, como traduce aquí, es decir en Betel, el sacerdote Amasías debía velar por los intereses de Dios y debía sentir que esa palabra de Dios era para propagarla; pero el primero en oponerse es el mismo sacerdote.
Hay una oposición, hay una confrontación, sin embargo, Amós hace valer la autoridad del que lo ha enviado y pone por encima esa autoridad, usted no fue el que me mandó a mi esto viene de parte de Dios, esto es una profecía, algo parecido sucede en el evangelio.
Los Apóstoles van predicando la victoria de Dios sobre el mal, fundamentalmente sobre los espíritus inmundos y sobre la enfermedad; pero no solo eso, eso es como lo más visible, que expulsan a los demonios y curan a los enfermos; pero hay una expresión anterior, salieron a predicar la conversión, echaban demonios y curaban enfermos.
También la palabra conversión es una palabra que nos sirve para relacionar estas dos lecturas, la conversión indica esa vuelta hacia Dios.
Y Amós es un predicador de la conversión, un predicador, podríamos decir, un poco brusco, un poco fuerte, porque los tiempos pues también eran bruscos y fuertes, tiempos de grave injusticia y traición a la alianza.
Bueno, descubrimos que efectivamente sí hay varias relaciones entre estas dos lecturas, se trata de gente enviada por Dios, con una noticia que encuentra resistencia, pero que tiene poder para sobrepasar las dificultades; y una noticia que se sintetiza en la palabra “conversión”, eso es lo que le sucede a Amós y eso es lo que le sucede a los Apóstoles.
Realizado este ejercicio, podemos intentar otro, que desde luego será aplicar este texto a nuestra vida, hay muchas maneras de aplicarse los textos, casi siempre, yo creo que siempre, en las lecturas aparecen varios personajes, por ejemplo Jesús, los Apóstoles, la gente; o si no en el otro, el pueblo, Amasías, Amós.
Espontáneamente uno trata de relacionarse con alguno de los personajes, que es el que uno siente como más cerca seguramente.
Digamos el caso de un sacerdote, pues fácilmente se va a sentir relacionado con los Apóstoles, porque al fin y al cabo de la misión apostólica proviene la misión de los obispos y de la misión de los obispos y del ministerio de ellos, de alguna manera nace el nuestro y como uno dirige la Palabra, entonces es fácil para uno asociarse con la parte de los Apóstoles y Amós, esa sería como una asociación que a mi me vendría muy espontáneamente.
Pero conviene, al hacer ese ejercicio y no quedarse uno en lo mas inmediato, además de esas asociaciones fáciles salen conclusiones que son las mismas de siempre y es muy hermoso buscar cual es la novedad que la Palabra tiene para mi en este día, en este momento.
Por ejemplo, hagamos este experimento, no nos identifiquemos inmediatamente con el profeta, que es como el protagonista y es también el protegido de Dios y es el que tiene el mensaje de salvación.
Que tal intentar algo distinto, cuándo yo he sido Amasias, al fin y al cabo Amasias era sacerdote, yo también soy sacerdote.
Yo, al hacer la aplicación de este texto a mi vida, yo también debería pensar en eso, bueno ¿Y no será que la Palabra que me denuncia yo intento excluirla? Eso también es una aplicación válida, uno no tiene que ponerse siempre del lado de los buenos, ni del lado de los que son de Dios, a veces uno está en el otro lado, uno está en la resistencia pasiva, en la resistencia agresiva o rebelde, esa es una comparación posible y lo mismo con respecto al evangelio.
Que tal hacer esta comparación, Dios envía Apóstoles que predican, hacen tres cosas: predican conversión, expulsan demonios y curan enfermedades, muy bonito para mi compararme con los Apóstoles y pensar que yo llevo la Palabra del Señor, yo soy misionero y espero que efectivamente el poder de Satanás sea quebrantado y la enfermedad sea vencida y la conversión llegue, eso es bonito, esa identificación es bonita, es agradable para uno.
Pero hagamos otra identificación en esta aplicación a nuestra vida ¿Y que tal que piense que yo soy del pueblo?
Jesús en ese texto habla también del pueblo y dice que hay pueblos que reciben y que hay pueblos que no reciben; y dice qué le va a pasar a los pueblos que reciben y a los pueblos que no reciben.
Entonces yo también me puedo poner en el lugar del pueblo y también me puedo preguntar ¿Cuál es la gente que Dios me ha enviado? ¿Cómo he tratado yo a la gente que Dios me ha enviado? ¿Desde hace cuanto Dios me está llamando? ¿Cómo me ha llamado? ¿Cómo he recibido yo el llamado de Dios y como he recibido a esas personas que Dios mandó?
Esas personas enviadas por Dios, ¿Qué hice yo con esas personas? ¿Cómo las he tratado? ¿Cuánta gente tuvo que salir de mi vida sacudiéndose el polvo de los pies para denuncia de mis pecados? ¿Cuánta gente fracasó tratando de anunciarme a Dios? eso también es aplicación de la Palabra a nuestro caso.
Dice Jesús “si un lugar no os recibe ni os escucha, sacudís el polvo de los pies” (San Marcos 6, 11) Yo a quienes he escuchado, a quienes he recibido y por qué los he recibido y eso es interesante y eso también es aplicación para nosotros, eso también es luz que llega a nuestro caso.
Hay otra manera de hacer aplicación a estas mismas lecturas, resulta que el envío esta unido a la autoridad, Jesús envió a los Apóstoles con autoridad.
La aplicación bonita es pensar uno que cuando uno predica la Palabra de Dios, entonces uno tiene autoridad; pero cambiemos, busquemos el otro registro, haber ¿Y yo he recibido la autoridad de los que predican la palabra de Dios? ¿Yo realmente me he replegado ante la palabra de Dios? ¿He sido obediente, he sido dócil, he recibido esa autoridad? ¿He reconocido al autor del que viene esa autoridad? son palabras desde luego vecinas y parientes.
Estas aplicaciones nos invitan a reflexionar sobre nosotros. Que tal llegar a preguntas todavía más profundas, ¿He reconocido, he admitido el poder de Dios en mi vida, como para que Dios haga conmigo lo que El quiera?
De que me quejo yo si la obra de Dios se vuelve lenta y se interrumpe y se aplaza ¿Tendré derecho a quejarme si soy yo mismo el que no recibe al autor que envió a la gente con autoridad? entonces como me puedo quejar de que las cosas no marchen si yo en buena parte soy el que está deteniendo esta marcha.
Son reflexiones que podemos hacer a partir de la Palabra. Este tipo de ejercicios que hoy he hecho con ustedes, es mas o menos lo que en la Iglesia se llama Lectio Divina, es una manera de acercarse a la Palabra de Dios, que es muy conocida sobre todo entre los monjes.
La Lectio Divina es ese proceso de lectura, de acogida con dialogo, con la Palabra, que hace que finalmente la palabra y yo hagamos una trenza, nos abracemos, nos acojamos mutuamente hasta que yo no pueda separar la Palabra de mi vida, ni pueda separar a la vida de la Palabra.
La Lectio Divina es un ejercicio maravilloso que hace que mi vida quede cosida con hilos de sabiduría y de amor a la palabra de Dios; y por eso, además de compartir algunos contenidos, quería hacer esta reflexión.
Así pues, porque yo la necesito, porque me mueve también a mí y porque yo creo que puede ser útil a ustedes. Y también ustedes, con paciencia, con amor, invocando el nombre del Señor, pueden tomar la palabra de Dios y hacer este tipo de ejercicios.
Y en donde termina el ejercicio, todo ejercicio espiritual debe concluir en nuestra acogida cada vez mayor y cada vez mejor de la propuesta divina.
Te recibo Señor, te recibo, reconozco que necesito esa misericordia y esa salvación. Las que nombrábamos en el salmo “muéstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación” (Salmo 85, 9).
Reconozco que necesito tu misericordia, reconozco que sin ella se desvanece lo que soy, se agrietan mis certezas, se rompe Señor mi vida, mi vida está rota, mi corazón está contrito.
Entra por las grietas de mi alma, llega Señor y completa tu obra en mí, haz lo que solo tú puedes hacer.
Quedémonos con esas palabras de esperanza del final del salmo. Y en toda Lectio Divina hay que llegar hasta allá, no debe detenerse uno solamente en que sí soy un pecador, ah bueno ya acabé no, soy un pecador significa me vuelvo hacia Dios, le abro mi vida, mejor se la presento abierta y rota, y le dices es tuya, ven, obra, transforma, convierte, con una gran esperanza, porque dice este final del Salmo “el Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra nos dará su fruto” (Salmo 85, 13).
Hemos sido tierra ingrata tal vez, que sí por lo menos si veo mi vida tengo que decir eso, hemos sido tierra ingrata; pero Dios tiene lluvia vitaminizada, tiene lluvia nueva, tiene lluvia nutritiva, tiene lluvia poderosa, que contiene ya los funguicidas, pesticidas o lo que sea, lo que tenga que contener esa lluvia.
Existe esa lluvia, llegará a mi vida, Dios va a regarme, Dios va a rociarme con su lluvia, Dios va a hacer que esta tierra ingrata y estéril ya no sea más ni estéril ni ingrata, pues va a llover sobre mí la lluvia. El Señor nos va a dar lluvia y nuestra tierra va a dar su fruto.