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| + | Les quiero compartir una sensación, así, semejante, con respecto a la primera lectura del día de hoy, la del Profeta Oseas. Es un diálogo, o mejor, es una especie de reclamo de amor que hace Dios a su pueblo. Así dice el Señor: "Cuando Israel era joven, le amé" (''véase'' Oseas 11,1). | ||
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| + | Esto me hace recordar una predicación del Padre Francisco Quijano en un encuentro que tuvimos de regentes y moderadores de la Orden de Predicadores. Fue muy bonita la reflexión que él nos hacía. | ||
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| + | Porque, hablaba de cómo el ser humano está llamado al infinito. Mas, uno no puede llegar al infinito saltando. Uno necesita, no solamente que le muestren la hermosura de una montaña, sino un camino, una posibilidad, el siguiente paso. | ||
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| + | Para llegar a lo más grande, necesitamos escalones pequeños, y "las correas humanas" aluden a eso. Dios deja sentir su amor, no simplemente diciéndonos que nos ama. Prácticamente, toda la gente, todo el mundo sabe que Dios lo ama. | ||
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| + | ''Lo interesante no es saber que Dios me ama, sino sentir que en la escala de mi vida, en la realidad de mi vida, en los problemas que yo tengo, en las heridas que padezco, en las cosas que me desconciertan, allí ya se presenta el amor de Dios. ¡Esa es una correa humana!'' | ||
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| + | ''Es algo adaptado a mi situación, es algo adaptado a mi realidad. Sólo cuando descubrimos el amor de Dios, no en la escala de Dios sino en la escala nuestra, entonces miramos esa Montaña a la que somos llamados, no como un imposible, no como una afrenta, sino como un regalo.'' | ||
Revisión del 02:36 12 jun 2009
Fecha: 20030627
Título: Cristo nos atrae con "cuerdas humanas y correas de amor"
Original en audio: 12 min. 42 seg.
Amigos Amados:
Uno puede tardar toda una vida en descubrir una palabra. En la Sagrada Escritura está nuestra salvación, nuestro alimento, nuestra luz y nuestra alegría.
Está nuestra fortaleza, el lugar donde podemos educarnos, sanarnos, fortalecernos, y donde tenemos también cuanto debemos aprender, para dar testimonio de la vida que llevamos dentro.
Pero, es inagotable la Escritura. Pasa el tiempo, y si uno es oyente atento, cada rato vive esta experiencia: "Yo no me había dado cuenta de que tal palabra estaba ahí escrita".
Les quiero compartir una sensación, así, semejante, con respecto a la primera lectura del día de hoy, la del Profeta Oseas. Es un diálogo, o mejor, es una especie de reclamo de amor que hace Dios a su pueblo. Así dice el Señor: "Cuando Israel era joven, le amé" (véase Oseas 11,1).
Es una historia de amor, una historia entre Dios e Israel, historia que nosotros podemos aplicar, desde luego, a nuestra propia situación, a nuestra propia vida. Es la historia del amor entre Dios y el hombre.
Lo interesante, lo que quiero destacar en esta ocasión, es lo que dice más adelante: "Él no comprendía que yo le curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor le atraía" (véase Oseas 11,3-4). Esa expresión, particularmente, ese adjetivo de esa traducción, es lo que quiero destacar.
¡Con cuerdas humanas! "Con cuerdas humanas, con correas de amor le atraía" (véase Oseas 11,4). Si hubiera dicho solamente "correas de amor", daba como un margen más amplio de interpretación. Pero, lo que me llama la atención es éso, que dice, "correas humanas".
Esto me hace recordar una predicación del Padre Francisco Quijano en un encuentro que tuvimos de regentes y moderadores de la Orden de Predicadores. Fue muy bonita la reflexión que él nos hacía.
Porque, hablaba de cómo el ser humano está llamado al infinito. Mas, uno no puede llegar al infinito saltando. Uno necesita, no solamente que le muestren la hermosura de una montaña, sino un camino, una posibilidad, el siguiente paso.
Para llegar a lo más grande, necesitamos escalones pequeños, y "las correas humanas" aluden a eso. Dios deja sentir su amor, no simplemente diciéndonos que nos ama. Prácticamente, toda la gente, todo el mundo sabe que Dios lo ama.
Lo interesante no es saber que Dios me ama, sino sentir que en la escala de mi vida, en la realidad de mi vida, en los problemas que yo tengo, en las heridas que padezco, en las cosas que me desconciertan, allí ya se presenta el amor de Dios. ¡Esa es una correa humana!
Es algo adaptado a mi situación, es algo adaptado a mi realidad. Sólo cuando descubrimos el amor de Dios, no en la escala de Dios sino en la escala nuestra, entonces miramos esa Montaña a la que somos llamados, no como un imposible, no como una afrenta, sino como un regalo.