Diferencia entre revisiones de «O192001a»

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Y por eso, la misma palabra que a veces sabe dulce al decirla y parece bien construída o elocuente o retórica, esa misma palabra cuando llega al estómago, genera es amargura o descontento. Y así le pasó efectivamente a Ezequiel: envió su palabra, y, aunque sus visiones fueran grandiosas y su palabra fuera fácil y elocuente, el mensaje revestía dureza.
 
Y por eso, la misma palabra que a veces sabe dulce al decirla y parece bien construída o elocuente o retórica, esa misma palabra cuando llega al estómago, genera es amargura o descontento. Y así le pasó efectivamente a Ezequiel: envió su palabra, y, aunque sus visiones fueran grandiosas y su palabra fuera fácil y elocuente, el mensaje revestía dureza.
  
En su existencia concreta y humana se quedó sin tierra y sin cielo porque, al igual que nosotros, padece nuesros dolores; distinto de nosotros, anuncia una esperanza nueva.
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En su existencia concreta y humana se quedó sin tierra y sin cielo porque, al igual que nosotros, padece nuestros dolores; distinto de nosotros, anuncia una esperanza nueva.
  
 
''Acojamos la Palabra de Dios. Esta Palabra nos devuelve al plan original del Señor. Esta Palabra nos hace profundamente iguales a los demás seres humanos. No somos nosotros los que tenemos que igualarnos con la gente, es la Palabra la que nos iguala a ellos. Porque en cuanto a oidores de la Palabra, somos lo mismo que los demás, dependientes del Señor.''
 
''Acojamos la Palabra de Dios. Esta Palabra nos devuelve al plan original del Señor. Esta Palabra nos hace profundamente iguales a los demás seres humanos. No somos nosotros los que tenemos que igualarnos con la gente, es la Palabra la que nos iguala a ellos. Porque en cuanto a oidores de la Palabra, somos lo mismo que los demás, dependientes del Señor.''
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Venga su Palabra y habite en nosotros; y abramos nosotros nuestro corazón para ser como Ezequiel, iguales pero distintos.
 
Venga su Palabra y habite en nosotros; y abramos nosotros nuestro corazón para ser como Ezequiel, iguales pero distintos.
  
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[[Category:Ezequiel 002_001|Ezequiel 2,1]]
 
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[[Category:Ezequiel 002_008|Ezequiel 2,8]]
 
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Revisión del 01:25 3 mar 2009

Fecha: 19960813

Título: La Palabra de Dios nos iguala y a la vez nos hace distintos a los demas

Original en audio: 3 min. 14 seg


"Hijo de hombre" Ezequiel 2,1, o literalmente, "hijo de Adán" Ezequiel 2,1, le dice Dios al Profeta Ezequiel.

Cuando le dice: "Hijo de Adán" Ezequiel 2,1, lo reconoce como hermano de los demás israelitas; pero cuando le manda: "No seas rebelde" Ezequiel 2,8, quiere que sea distinto de la casa de Israel, a quien el mismo Ezequiel llama continuamente "la casa rebede".

En cuanto hijo de Adán, igual que todos; en cuanto obediente al mandato de Dios, distinto de todos. Igual pero distinto, esa es como la esencia de la profecía. Sólo porque es igual a sus hermanos les puede hablar al corazón, pero una vez que les habla al corazón tiene que darles alegrías, lamentos y ayes.

Y por eso, la misma palabra que a veces sabe dulce al decirla y parece bien construída o elocuente o retórica, esa misma palabra cuando llega al estómago, genera es amargura o descontento. Y así le pasó efectivamente a Ezequiel: envió su palabra, y, aunque sus visiones fueran grandiosas y su palabra fuera fácil y elocuente, el mensaje revestía dureza.

En su existencia concreta y humana se quedó sin tierra y sin cielo porque, al igual que nosotros, padece nuestros dolores; distinto de nosotros, anuncia una esperanza nueva.

Acojamos la Palabra de Dios. Esta Palabra nos devuelve al plan original del Señor. Esta Palabra nos hace profundamente iguales a los demás seres humanos. No somos nosotros los que tenemos que igualarnos con la gente, es la Palabra la que nos iguala a ellos. Porque en cuanto a oidores de la Palabra, somos lo mismo que los demás, dependientes del Señor.

Oigamos esta Palabra que nos puede y que nos iguala a todos, pero oigamos también esa Palabra que nos hará distintos, para ser servidores de ellos; pero también, más de una vez, para ser incomprendidos o rechazados por ellos.

Venga su Palabra y habite en nosotros; y abramos nosotros nuestro corazón para ser como Ezequiel, iguales pero distintos.