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LA PRESENCIA DE DIOS ENTRE LOS HOMBRES
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Revisión del 14:36 9 may 2007

20010520 ´´´LA PRESENCIA DE DIOS ENTRE LOS HOMBRES´´´ Tiempo 10 min. 15 seg.

Las lecturas de éste domingo, sirven para reflexionar sobre la presencia de Dios en medio de los hombres; de pronto podemos encontrar, en ésa idea como un hilo que conduce, que acompaña las lecturas, cómo Dios se hace presente en medio de los hombres. Por lo pronto tomemos esa expresión del Salmo: “Dios que todos los pueblos te alaben, que todos los pueblos te alaben”.

El corazón enamorado de Dios, quiere que la noticia del amor , llegue a todas partes, el amor es el que hace misioneros, el amor es el que hace las conversiones, el amor es el que hace la santidad. Y por eso el libro de los Hechos de los Apóstoles, que es el libro del amor de Dios, que es el libro de lo que puede el amor de Dios, que es el Espíritu, es el libro de los misioneros, es el manual, es la referencia que nos cuenta, todo lo que puede Dios, por el poder de su amor.

Primer modo de presencia entonces, la presencia del Evangelio en todas partes, a través de su Palabra, a través de sus evangelizadores Dios se hace presente. Por que el tema de hoy es: LA PRESENCIA DE DIOS ENTRE LOS HOMBRES, Dios se hace presente entre los hombres a través de los misioneros, Dios se hace presente a través de los evangelizadores.

Surgió un obstáculo que es el contexto de la Primera Lectura (véase Hechos 15, 1-2 .22-29), algunos decían...-¡no, eso no puede salir tan barato, la salvación tiene que ser difícil, por eso hay que cumplir la Ley de Moisés, por consiguiente; tienen que circuncidarse y tienen que cumplir la Ley de Moisés¡-.

Pero resulta que la conclusión a la que llegan los Apóstoles, cuando se reúnen para discernir, es distinta, hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros: ”no imponeros más cargas que las indispensables”, el Espíritu Santo hace liviana la carga, -“hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas”.

El Espíritu que anima a las misiones, el Espíritu que anima a los misioneros, el Espíritu que propicia el encuentro, que quita el obstáculo, que levanta la carga, para que nadie se quede sin recibir el mensaje. Por eso, la primera lectura, nos está presentando, el poder del amor, que hace presente el Evangelio, con un mínimo de condiciones, la salvación no está llena de condiciones, la salvación está llena de amor; primer modo de presencia el Evangelio, fuerza del Evangelio es el Espíritu Santo, y el Espíritu quiere que la carga sea liviana, sólo la carga indispensable.

La segunda lectura nos transporta al cielo, (véase Apocalipsis 21, 10-14. 22-23), en una visión Juan el autor de éste hermoso Libro, contempla la morada de Dios con los hombres, que baja como una novia vestida para su esposo, hermosa la Ciudad Santa, hermosa la morada de Dios con los hombres, eso fue lo que oyó él. Brillaba como una piedra preciosa, era Jerusalén enviada por Dios.

Esa morada de Dios con los hombres, que ni siquiera necesita templo, porque toda ella es santa, porque está colmada de la presencia de Dios, ¿qué nos está presentando? El destino, el desenlace, el término. Primera lectura, Dios que desde la Jerusalén de ésta tierra, empieza a irradiar con el poder del Espíritu la noticia de la salvación, tratando de aliviar las cargas, que es algo tan bello, porque en la primera lectura es tratar de levantar a los hombres, y la segunda lectura es Dios bajando hacia ellos, es el abrazo.

Es el mismo Espíritu que levanta a los hombres para que sin peso, sin esfuerzo más del necesario, puedan subir hacia Dios, ése mismo Espíritu, ése mismo amor, hace descender la providencia divina, hace descender el amor de dios, hace descender la morada de Dios. Nosotros los creyentes estamos entre esas dos lecturas, hay momentos que uno siente que está entre la hora de la misión, la hora de la preparación del Evangelio en medio de dificultades, y hay momentos que uno siente que está como en la morada de Dios, y que todo está lleno de la presencia de Dios.

Eso somos nosotros los creyentes, entre la presencia que nos da la Palabra, que es una presencia mientras vamos de camino y la presencia decisiva, definitiva que llegará con la Jerusalén del cielo. Pero el Evangelio nos presenta un tercer modo de presencia, la presencia en nosotros; primer modo en la primera lectura, el Evangelio en los pueblos, segundo modo, dios que deja ver la hermosura de su plan y ésa gracia última, definitiva, que constituye a todos en su pueblo en su ciudad; pero entre ésas dos hay una presencia que está en nosotros:”os he hablado ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quién os lo enseñe todo, y os vaya recordando todo lo que os he dicho (véase Juan 14, 25).

La presencia del Espíritu Santo, es el Espíritu Santo, el que empieza a ser presencia en los pueblos, es el Espíritu Santo el que llena a la Ciudad Santa, el Cielo nuestro destino y es el Espíritu Santo, el que quiere habitar en nosotros, quiere reinar en nosotros, quiere morar en nosotros. Tres modos de presencia: la Evangelización, el Cielo, y el Espíritu que habita en los cristianos, tres modos de presencia; Espíritu que hace templo en nosotros, Espíritu que acompaña nuestras palabras, Espíritu que llena con su resplandor la gloria del Cielo.

Mientras llega ésta gloria del Cielo, sigamos ésta celebración, sigamos nuestro camino ¿por qué hemos oído ésta lectura? Ya es el sexto domingo de Pascua porque ya se ve cerca Pentecostés, por que ya se aproxima Pentecostés, y hay que saber el tamaño de regalos que trae el Espíritu Santo para nosotros, él es el que le da eficacia a nuestras palabras, él es el que llena de esplendor el Cielo, él es el que quiere habitar en nosotros, para que el Cielo empiece ya en nuestros corazones y en nuestras palabras.